TELETRIDENTE

¡Dejad que los niños se acerquen a ‘El Coletas’!

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Atención, pregunta: ¿tuvisteis anoche la inmensa suerte de evitar, al zapear, a Pablo Iglesias en vuestro televisor? ¿Se salvó alguno de vosotros de caer fulminado en las garras catódicas del omnipresente podemita? Pues ya podéis sacaros el carnet de afortunados. ¡Qué noche! ¡De pesadilla! Acabamos hartos de babosidades varias a costa del secretario general de Podemos.

Ana Rosa y Susannita Griso, a la greña. Con la coleta del candidato. Se contraprograman las reinas de la mañana, en plena noche, y eligen a Iglesias como arma blanca de sus batallitas. Llega la moda de hacerse coleguita del político estrella. De rodearlo de niños. De jugar con él al baloncesto. Que se lo hagan mirar, por favor. Va a ser larga, y tediosa, esta campaña electoral.

¡Niño, deja de joder con la intención de voto! ¡O no! ¡Es mejor así! ¡Sigue haciéndolo un ratito más! Quizás haga falta que esos locos bajitos ocupen todos los platós televisivos de España para que acabemos de comprender de qué va la nueva política patria. Abocados estamos a infantilizarnos ideológicamente unas toneladas más. A convertir el Congreso de los Diputados en un chikipark. A reírnos de la minicasta en los recreos. A redecorar las urnas en plan impúber guardería para que los programadores catódicos puedan entretenernos durante otro ‘prime time’. En Telecinco, ¿dónde si no? Con Ana Rosa, ¿con quién si no?

Un ‘Menudas estrellas’ para minipolíticos

‘26J: Quiero gobernar’. Un ‘Menudas estrellas’ para minipolíticos y miniperiodistas. Un ‘Juego de niños’ con patéticos émulos de Joaquín Reyes en vez de gallifantes. Niños, pobres chiquillos ejerciendo de sesudos analistas políticos por obra y gracia de ‘telecinqueros’ sin escrúpulos. Casi que los prefería cantando por soleares... ¿Dónde están los expertos de Unicef cuando se dan estos casos? Un sindiós. Cuatro churumbeles, cuatro, encandilados con un Pablo Iglesias que trató de dar el pego como flautista de un Hamelín chungo. No faltó ni la Reina Madre de este cuento: una Anarrrrrosa blanca y radiante que empezó soltando un “Ya era un monaguillo irreverente porque estaba fumándose un puro” (sic) sobre la foto en la que su invitado, de niño, vestido de monaguillo, fuma en pipa, que desarmó los sentíos.

Visto y oído, de tirón: “¿Enrique o Pablo Iglesias?”, “Apodado ‘El Coletas’. Mi abuela lo llama así”, “Puede ser presidente de España. Pero tiene que cortarse el pelo”, “Tiene un amigo con gafitas que se llama Íñigo Errejón. Y como están en el mismo partido pero tienen ideas distintas, pues entonces se pelean”, “Se ve claramente que con Rajoy no pueden negociar los de Podemos” o “A mí me lavan mucho el cerebro diciendo que tú robas a los bancos, ¿no?”.

Aparición del mismísimo Errejón

A los 15 minutos de dislate (programa), gané 20 euros. Los que me había apostado con mi hija mayor a que, en cualquier momento dado, aparecería el mismísimo Errejón. Y es que un programa de niños politiqueros no puede prescindir del mítico Errejón. Por un escaño, ¿cuántas cosas hacen Íñigo y Pablo más allá de la política?: Toman cañas. Se cuentan sus series favoritas. Comparten las lecturas. Se escapan al monte. Pues muy bien. Qué actividad.

Momentazo Pablo Iglesias de la noche: los cuatro bambinos tocándole, como si fuese un aparecido, y él diciéndoles: “¡Soy de verdad!”. ¡Madre mía!

Vuelve hoy Anarrrrrosa con Albert Rivera y muchos más niños. ¡Ufffff!

Seguía anoche Pablo Iglesias con Susannita cuando acababa de escribir esto. Mientras tanto, un espontáneo llamaba a la Griso “¡Fascista, hija de puta!”. Así, como suena. “Eso debía de ir por mí, ¿no?”, se preguntaba la periodista, flipándolo en colores. E Iglesias respondió, encogiéndose de hombre, un “Pues no lo sé, no lo sé, a mí me parecería raro que me llamaran fascista” que hizo saltar las alarmas de todo su barrio.

Va a ser laaaaaaaaaaarga esta campaña pueril y aniñada, repito.