Psicología

Así se convierte una tragedia en la que hay canibalismo en un libro de autoayuda

Uno de los supervivientes del accidente aéreo que popularizó la película 'Viven' cuenta cómo esta experiencia le inspiró para hacer el bien a sus pacientes. 

Ainhoa Iriberri

A Roberto Canessa y Pablo Vierci les sucede como a la mayoría de los literatos: huyen del término "autoayuda" como de la peste y más si éste se utiliza para definir su nuevo libro: Tenía que sobrevivir (Alrevés Editorial, 2017). Pero esta nueva revisión de la también conocida como Tragedia de los Andes va más allá de ser una biografía de Canessa, ya que está trufada de distintos testimonios -su familia, sus pacientes y otras personas- que destilan un mensaje común: no hay que perder la esperanza ni siquiera cuando todo está en contra de uno. 

Desde luego, no se puede negar que ese era el caso de Canessa -actualmente un reconocido cardiólogo pediatra- y de los otros 15 ocupantes que salieron vivos de un accidente de aviación que sucedió el 13 de octubre de 1972 y que se ha inmortalizado en el imaginario popular gracias a la película ¡Viven! (Frank Marshall, 1993). Durante más de dos meses sobrevivieron en un lugar conocido como el Valle de las lágrimas, no sólo sin comida ni equipación, sino con la certeza de que no les estaban buscando. Todos habían dado por supuesto que no habría supervivientes y los aviones y helicópteros enviados para localizarlos no encontraron nada, porque el copiloto se había equivocado al dar sus últimas coordenadas. 

Pero eso no impidió que el actual médico y uno de sus compañeros, Fernando Parrado, abandonaran el avión para pedir ayuda, atravesando la cordillera de Los Andes hasta que lograron comunicarse con un campesino que pudo contar a la policía chilena que había sucedido lo impensable. 

¿Qué hay de nuevo?

Pero, un momento, todo esto ya se ha contado. Lo hizo Piers Read en 1974 en su libro Viven: la tragedia de los Andes. Lo han hecho varios de los supervivientes y lo ha hecho incluso el coautor del libro recién publicado, Pablo Vierci, que en 2008 publicó La sociedad de la nieve (Debate). Así que la pregunta pertinente a Vierci y Canessa en el hotel madrileño donde nos citan es, como diría el doblaje en castellano del conejo Bugs Bunny: "¿Qué hay de nuevo, viejo?". 

Tres son las principales vertientes novedosas de esta nueva vieja historia. Por una parte, aclara Vierci, un fragmento de la tragedia "que nunca había sido contado" y que no es otro que la caminata desde los restos del avión hasta el encuentro con Sergio Catalán, el primer hombre que veían en 10 días y al que Canessa define en el libro como "el que les creyó". 

Por otra, el libro es una respuesta a una pregunta que Canessa escuchó muchas veces tras regresar a su Uruguay natal. "La gente se preguntaba '¿'Qué va a ser de ustedes, se van a dedicar ahora a no hacer nada?' y no, yo encontré que mi compromiso con la vida seguía y que lo iba a ejercer a través de la medicina", explica y señala que no es casualidad que se haya dedicado "a casos difíciles" y que lo ha hecho porque la vida le ha condicionado "a seguir desafiando".  

La tercera pata novedosa es la más original y es la que sirve para establecer un paralelismo entre la situación vivida por el superviviente y otras experimentadas por sus pacientes a lo largo de la carrera profesional: personas -mejor dicho, padres y madres de niños- que tenían todo en su contra y que lograron salir adelante, como los protagonistas de la tragedia de Los Andes. 

¿Alguien lo ha pasado mal?

Casi todas las historias tienen final feliz, incluso las que no lo tienen. "El libro es todo positivo, hasta lo del niño que se muere", explica el médico haciendo referencia al caso de Tomás, un paciente suyo que murió a los cinco años tras numerosas intervenciones y que sale reflejado en el libro a través del testimonio de su madre, recogido por Vierci. Otro de los protagonistas también falleció, pero cuando la novela ya había sido publicada. 

Entonces, ¿nada ha salido mal en la vida del Canessa que volvió de la montaña y que tuvo que alimentarse de los cadáveres de sus amigos muertos para sobrevivir? El médico insiste en que no. "Tengo muy mala memoria para las cosas malas", reconoce. Nunca ha tenido que recibir ayuda psiquiátrica -"¡Pobre psiquiatra!, bromea-, no se ha divorciado, no ha tenido ninguna enfermedad y sus padres vivieron muchos años y pudieron conocer a sus nietos, con los que Canessa parece llevarse muy bien. 

Precisamente por su experiencia, niega el médico que Tenía que sobrevivir sea un libro de autoayuda. "No da técnicas, es un libro práctico; los libros de autoayuda son teóricos y éste está basado en la realidad", subraya. Y si bien es cierto que en el libro huye de los consejos sí se anima a darlos en la entrevista: "Hay que tratar de ser mejor persona, cuidar los excesos y no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", enumera y pone un ejemplo práctico: "En la montaña yo me estaba comiendo a mis amigos, pero si yo me moría no me importaba que me comieran". 

Y sin duda, Canessa apuesta por la vida, algo que se ve hasta en su rutina diaria. "Me levanto temprano, leo un poco sobre cardiología, hago un poco de ejercicio, almuerzo sobre las 12, duermo la siesta, que dicen que alarga la vida y trabajo de tres a diez como médico. Ocho horas de trabajo, ocho de sueño y ocho de crecimiento personal, porque la vida se te pasa", explica. 

Al final, tras mucha insistencia por parte de la periodista, el médico desvela alguna debilidad en su vida aparentemente perfecta: "Me volví famoso y peleábamos mucho [con su mujer, Laura], había mucho gente que quería que le diera amor [ríe] y bueno... estuvimos algo distanciados. Me compré pantalones rayados y camperas plateadas... tuvimos todos los problemas comunes", concede. 

44 años para escribir el libro de su vida

Tenía que sobrevivir está firmado por Roberto Canessa, casi una celebridad en Uruguay y por Pablo Vierci, también muy conocido en el país latinoamericano. Su historia merece un libro aparte

El escritor y guionista iba al mismo colegio que los pasajeros del fatídico vuelo y compartía pupitre con uno de los dos supervivientes que consiguió pedir ayuda, Parrado. También jugaba en el Old Christians, el equipo de rugby que viajaba en el avión -que llevaba a los ocupantes precisamente a un partido en Chile- y conocía a prácticamente todos los protagonistas de la historia. "Eventualmente podría haber ido en ese avión", reconoce, aunque aclara que el caso no llegó a plantearse, porque en esa época acababa de cambiar de facultad. "Se murieron mis amigos y se salvaron mis amigos", resume. 

Por eso, y porque le gustaba escribir, el suyo fue el primer nombre que se puso sobre la mesa a la hora de escribir lo que había sucedido en Los Andes. "Empezamos a hacerlo, pero tenía 22 años y ninguna experiencia". 

El proyecto se paró porque empezaron a surgir "versiones infundadas" de lo que había ocurrido, "como que se habían matado entre ellos". Así que los padres consideraron mejor hacer un libro externo de una gran editorial y un escritor prestigioso para que fuera la versión oficial. 

Vierci, que sí escribió "numerosos artículos periodísticos sobre el tema" tardó 36 años hasta poder escribir un libro sobre el asunto, que fue La sociedad de la nieve. Pero lo completó con éste. "Era contar qué hace uno con aquello", resume. 

Ha tardado 10 años en parir la idea de Canessa y ésta fue precisamente la primera condición que le impuso el protagonista y también amigo: hacerlo sin premura. "Lo hemos hecho de forma muy exhaustiva y llamándonos a horas intempestivas", explica. Y apunta Conessa: "A él le emocionó mucho, tenía lágrimas de emoción". Es comprensible.