Opinión

Filosofía sin humanismo

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A los pocos días de anunciarse la integración de BMN en Bankia, el presidente de ésta entidad, José Ignacio Goirigolzarri, apareció en varios medios de prensa en un reportaje que parecía más dedicado a mejorar su propia reputación social, que a propio interés informativo en sí, en el que se ponía el acento en su afición a la filosofía y al hecho de que dedicase dos horas a la semana a estudiar tal disciplina, sintiéndose orgulloso de ser, en sentido estricto, un estudiante de tal materia. Goirigolzarri se dejó fotografiar en su despacho profesional de la sede del todavía banco nacionalizado, rodeado de libros de filósofos entre los que señalaba como predilecto a William David Ross, profesor de Filosofía Moral, que llegó a ser vice-rector en la Universidad de Oxford.

Ese guiño a la filosofía moral por parte del banquero, prejubilado en 2009 del BBVA con una indemnización de casi sesenta millones de euros, que aceptó el cáliz de Bankia a la tercera ocasión en que se le propuso, quizá porque esa fuera la primera en que se le garantizaba ser su número 1, además de alguna otra motivación adicional, encierra una paradoja notable. Tan noble pasión, con el humanismo que ello supone, no le impidió tomar decisiones, como, por ejemplo, los 539 despedidos forzosos en el ERE de Bankia, algunos de los cuales han caído, víctimas de la desesperación, en el suicidio. Mientras, además, se denegaban 1.200 peticiones de empleados voluntarios a abandonar esa entidad.

Por no entrar a desgranar los casos que, a día de hoy, se están produciendo en esa casa. Se busca cualquier posible coartada para seguir adelgazando la estructura de ese banco, a través de "despidos procedentes" e incluso afectando a personas que se encuentran de baja médica. Esa es su estrategia de ahorro de costes, aún en la certeza de que el rescate financiero recibido a su petición y generoso cálculo, no será devuelto, aunque haya servido de granero para poder lucir beneficios en los años de su gestión.

Otro caso de filosofía sin humanismo, lo he podido encontrar estos últimos días en el actual gerente de la Fundación Juan March: Javier Gomá Lanzón, doctor en Filosofía, licenciado en Filología Clásica y Derecho. Lanzón ganó las oposiciones al Consejo de Estado con el número uno de su promoción y recientemente se ha iniciado en el mundo de la dramaturgia teatral con el texto de Inconsolable, actualmente programado por el Centro Dramático Nacional en el Teatro María Guerrero, en relación al cual he publicado mi crítica teatral, igual que lo hecho para algo más de sesenta obras en los últimos tres años. Mi crítica ha ocasionado que el destacado autor, filósofo y personaje social de relieve, tras leerla, haya optado, por bloquearme en la red social twitter, cuestión que, al margen de cualquier otra consideración, demuestra un nivel de aceptación y vulnerabilidad particular para quien de la filosofía en sí hace, o quiere hacer, su seña de identidad.

Cualquier persona que exhibe su trabajo ante el público, cobrando una entrada, como contraprestación por ello debería respetar el derecho de opinión respecto su propuesta. Sin embargo, yo solo puedo ser responsable de mis actos, no de los de los demás. Sus hechos les califican, más allá de la soberbia que sus puestos les otorguen, sea como gerente de la Fundación Juan March o como la ensoñación de una imagen por la que querrían ser recordados, olvidando que el público, y los críticos, tienen su propia opinión.

¡Bienvenida sea la filosofía!, parte esencial de nuestra civilización desde los clásicos, pero como dijo el gran dramaturgo León Tolstoi: "…es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios". Los ejemplos señalados en estas lineas dan buena prueba de ello.