El referéndum de Poncio Pilato

Por Miguel Lázaro, @miguel_lazaro_

Votamos para elegir representantes que gobiernen, administren y tomen decisiones.

Narran las escrituras del Nuevo testamento que un tal Jesús de Nazaret se fue directo a una crucifixión inmerecida por decisión popular. Aparte de predicar su doctrina, desafiante a las autoridades de la época, parecía no haber cometido un delito digno de no ser resuelto con unos cuantos latigazos, o unos días de encierro en calabozo. Por esta misma consulta se liberó a Barrabás, asesino reconocido y un inocente acabó pagando el pato. Poncio Pilato no quiso actuar según el régimen jurídico ordinario, queriendo satisfacer la demanda particular de los fariseos, que en ese momento instrumentalizaron a parte del pueblo presente, para salirse con la suya. Así se quitaron de en medio a alguien que les estaba pisando el negocio ideológico y cuestionando su autoridad públicamente.

Poniendo ejemplos algo más actuales e inmediatos, tenemos algunos resultados de consultas dignos de mención:

- Resultado del referéndum de pertenencia a la Unión Europea en Reino Unido: BREXIT- Resultado del referéndum para ratificar los acuerdos de Paz con las FARC en Colombia: NO- Resultado del referéndum por la abolición de la pena de muerte en California (2012): NO mientras que en Connecticut, SÍ fue abolida en fechas cercanas.

Parece que cuando son los políticos los que delegan en el pueblo para decidir los resultados son más ¿emocionales? ¿imprevisibles? Sea cual sea este resultado, hace que se cree una frontera de opinión entre la población, más gruesa y frontal cuanto más empatado sea el resultado ¿qué hacemos entonces? ¿Nos ponemos un distintivo para andar por la calle? ¿Iniciamos una guerra civil para ver quién gana? Esa carga y esa responsabilidad han de asumirlas el Gobierno, no la ciudadanía, porque precisamente para eso se elige un gobierno.

Se supone que votamos a nuestros dirigentes para que nos representen y para que administren las decisiones que afectan al país. Pero si nuestros políticos, gobernantes o representantes, se ven cada vez más en la necesidad de traspasar cada consulta o cada problema, ya sea de gobierno, de acuerdo o de partido, a la población una y otra vez, entonces ¿para qué les queremos? ¿Cuál es su trabajo? Las consultas, siempre que estén amparadas por el régimen jurídico y constitucional de cada país, son lícitas, pero ¿recurrir a estas consultas con carácter vinculante es realmente la respuesta? ¿No deberían ser tomadas como un sondeo que les diera a los políticos, la orientación exacta para cumplir con su trabajo que es gobernar?

Resulta que es el votante, el ciudadano, el pueblo quien una y otra vez asume la voluntad de decidir cuando nuestros representantes, o no son capaces de negociar, o no se atreven a tomar una decisión por miedo a ser impopulares y perder en las siguientes elecciones, o resultan ser incapaces de llegar a un punto medio de acuerdo común en pro de la mayoría. Nunca se va a agradar a todo el mundo, ni todos los intereses particulares, regionales o políticos diferenciados van a verse satisfechos. Eso un gobernante debe asumirlo; si no es capaz, es que no está capacitado para gobernar.

Cuando el gobernante delega a un referéndum vinculante una decisión de gobierno que afecta a un país entero, omite su responsabilidad en la toma de decisiones. Esto según qué país es legal o no; según el régimen jurídico y constitucional. Pero cuando se le pregunta al individuo, el individuo responde según le parece. Es por ello que saltan las sorpresas y las consecuencias que previamente no estaban contempladas, al quizás dar por hecha una respuesta mayoritaria, que realmente no tiene por qué cumplirse, pero que en cambio afectan a todo un país. Las consecuencias imprevisibles nos afectan a todos, para bien o para mal y el gobernante puede hacer como Pilato: lavarse las manos; porque las consecuencias las pagará la ciudadanía, no el gobernante.