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Entrevista

Mabel Lozano: "Hay chicos que se educan con el porno, normalizan el abuso y ¿a quién violan? A las más vulnerables, como las mujeres con discapacidad"

Tras el éxito del corto 'Abril, hoy no es invierno', la cineasta convertirá en película el caso de una española con parálisis cerebral que logró huir de dos décadas de explotación sexual a manos de su familia.

Créditos
Texto Elena Pérez
Fotografía Esteban Palazuelos
Estilismo Natalia Begoenchea
Maquillaje Rosa Navajas
Texto Elena Pérez
Fotografía Esteban Palazuelos
Estilismo Natalia Begoenchea
Maquillaje Rosa Navajas
Fecha de publicación:

Entre las butacas de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, en Madrid, sobresale la melena corta, rojiza, y las gafas a juego de Ángeles Blanco. Está sentada en una sala llena, rodeada de amigos, representantes de Fundación ONCE, periodistas e invitados que han acudido a la presentación del cortometraje Abril, hoy no es invierno . No parece buscar protagonismo, pero lo tiene.

La abogada está en uno de esos momentos en los que todo puede pasar: puede que su nombre esté a punto de dar la vuelta al mundo, puede que la vida ya haya empezado a cambiar para ella. En parte, de la mano de Mabel Lozano (Villaluenga de la Sagra, 1967), la cineasta que la ha convertido en una de las dos fuerzas de una historia que nace de un mensaje de auxilio.

Un “SOS” en un chat. Silencio. Y, unos días más tarde, otros mensajes, esta vez acompañados de emojis de llanto, de temor, de hombres y de una casa. Así comienza el cortometraje dirigido por Lozano, que se inspira en el caso real de una joven con parálisis cerebral sometida a explotación sexual desde los 14 años por su propia familia en una localidad de Canarias. En el momento en el que su historia vio la luz, tenía 36.

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Ángeles Blanco, de ASPACE, una confederación de asociaciones que atienden a personas con esta patología, recibe sus avisos y entiende que, al otro lado del teléfono, alguien necesita ser escuchada. El reto será hallar el modo de comunicarse con ella, pues la mujer que la mensajea tiene dificultades para escribir. Ocho meses tardaría esta en descifrar, icono a icono, el relato de auxilio que la ayudaría a salvarla.

Top de Women Secret y falda, chaqueta y zapatos de Pedro del Hierro

El corto, producido por Mafalda Entertainment, nos revuelve pero también nos permite mirar. No hay recreación complaciente del horror ni exposición de la víctima como espectáculo. Mabel Lozano suele hablar de la “pornografía del sufrimiento”. La rechaza y la evita. Aun así, al terminar la proyección hay ojos húmedos, semblantes cerrados y un silencio difícil de romper en una sala llena pese a que son las cuatro de la tarde.

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Ante una trama así, decir "me ha gustado" no parece la fórmula adecuada. De hecho, debería provocar incomodidad. Porque a Abril, nombre ficticio a fin de proteger su identidad, la violaban más de cinco hombres al día. Hombres que, al verlos por la calle, no causarían ningún tipo de sospecha. Tan normales, corrientes... y perversos.

El padrastro, la madre y los hermanos de esta superviviente vivían de explotarla y de su pensión de discapacidad. La ayuda de Ángeles Blanco fue esencial para sacarla de aquella casa de los horrores a la que nunca pudo llamar hogar y de la que no se le permitía salir, por alguna extraña razón, en los fríos meses de invierno. Tiempo después, la historia llegó a oídos de Mabel Lozano.

Esta es una historia tan real como injusta, y es que, según denuncia la obra, el juzgado estimó que la víctima no podía comparecer y acabó sobreseyendo la causa. Su caso refleja una realidad difícil de digerir, como ha comprobado esta servidora al observar el atónito abrir de ojos de aquellos a los que hablaba de este porcentaje: el 84,7% de la violencia ejercida contra mujeres con parálisis cerebral es sexual.

Las estadísticas no se entienden sin un dato: en España hay unas 120.000 personas con esta condición, de las cuales cerca de la mitad lleva nombre femenino. Y otro: el 98% tienen problemas en el habla, disartria, lo que las deja en una vulnerabilidad extrema. Sin la ayuda de intérpretes, profesionales formados y una comunicación accesible, su acceso a la justicia es como chocar con un muro de hormigón.

Por su parte, Mabel Lozano, escritora, modelo, cineasta, presentadora y actriz, ha desarrollado su trabajo en pantalla y sobre papel. En 2017, publicó su primer libro El proxeneta (Editorial Alrevés), sobre los amos de la prostitución en España, que se convertiría un año después en un documental con ese título. Luego llegó PornoXplotación (Alreves, 2020).

Lleva dos Goyas bajo el brazo: uno lo recibió en 2021 por Biografía del cadáver de una mujer y con el otro se hizo en 2024 gracias a Ava. El año pasado lanzó el corto del que habla en esta entrevista, y lo cierto es que no le ha ido mal con él, porque a lo largo del último año lo ha llevado a numerosos festivales —incluido el de San Sebastián, donde abrió la sección Made in Spain— e incluso la ha hecho ganar un Fugaz.

Pese a su generoso y versátil currículo, a Mabel la caracteriza su cercanía en las distancias cortas —a saber si tendrá algo que ver el hecho de que es castellanomanchega— y una forma de hablar muy humilde. “No soy tan lista como para imaginar esa historia. A veces la realidad supera a la ficción”, admite la documentalista, que el próximo día 28 se embarcará en otra aventura: comenzará a rodar la película que nace de Abril, no es invierno .

“Nadie nace siendo una víctima: son las circunstancias las que te convierten en vulnerable”

- Mabel Lozano

Traje de chaqueta de Mirto, gafas de Gucci y zapatos de Pedro del Hierro

Ha pasado un año desde que te entrevisté por Abril, hoy no es invierno, justo cuando lo presentabas en el Festival de San Sebastián. En este tiempo, el corto ha seguido su camino y ahora llega a la Academia de Cine. ¿Cómo estás viviendo todo lo que ha ocurrido desde entonces?

No sabía si iba a tener ese recorrido. Muchas veces, los programadores de los festivales son hombres y, cuando ven obras ligadas a temas de mujer, cine de combate, etc., no les convence. Pero ha funcionado como un tiro. Acabamos de ganar el Fugaz, que es como el Goya de los cortos. Ahora hemos estado también en un festival en Bulgaria que nos califica para los Óscar. Así que estoy contentísima.

La obra tiene una forma muy medida de acercarse a un caso real, que se produjo aquí en España, y que inevitablemente remueve conciencias. ¿Cómo encontraste esa manera de llevarlo a la ficción?

Esta es una historia muy bestia. Yo quería contarla de una manera sencilla, precisamente para no hacer pornografía del sufrimiento de Abril. Es mi forma de respetarla y de poner el foco en los derechos fundamentales de los seres humanos.

Yo soy una privilegiada porque conozco el proyecto pero, para los lectores que lleguen ahora a él por primera vez, ¿de qué trata Abril, hoy no es invierno?

Se inspira en el caso real de una joven con multidiscapacidad, con parálisis cerebral, que fue prostituida en su casa por su familia desde que tenía 14 años. Su familia vivía de venderla todos los días y de su pensión de discapacidad. Las personas que debían cuidarla y protegerla eran las que la explotaban. Más de cinco hombres compraban cada día a una mujer que no se movía y a la que no se le entendía. Es terrible.

Hay algo que impacta especialmente en el caso: ella estaba ahí, era plenamente consciente de lo que sucedía, pero no tenía forma de explicar lo que estaba viviendo y, en muchas ocasiones, quienes debían atenderla se dirigían a su familia en lugar de mirarla a ella.

Una persona con parálisis cerebral puede tener discapacidad intelectual o puede que no, pero una de las consecuencias más habituales que sufren es la dificultad para comunicarse. Cuando Abril iba a los médicos, hablaban con su padrastro, quien la acompañaba. “¿Qué le pasa?”, le preguntaban. Ella gritaba para que la miraran, para contar: “Estoy aquí, me están prostituyendo”. Y nadie la veía. Una mujer con discapacidad es mucho más vulnerable. Pues imagínate una con multidiscapacidad.

Ahora que tienes más margen para desarrollar la historia, ¿qué van a encontrarse de nuevo tanto quienes vieron el corto como los que lleguen de cero a la película?

El corto son 17 minutos; el largo son 90. En el primero comprimí muchísimo la historia. En el segundo contaremos también la vida de Ángeles Blanco. Abril llega a esta abogada a través de un teléfono 24 horas contra la violencia de género. Esa profesional tiene empatía, sororidad, escucha y también una vida de compromiso. Es maravillosa.

Creo que aquí hay dos fuerzas: por un lado está la protagonista y, por otro, la jurista. También hemos humanizado más a la primera; si antes sólo aparecía su voz como una víctima terrible, ahora la dotamos de dignidad. Es una figura admirable porque, en realidad, ella consigue salvarse a sí misma.

Durante meses es capaz de mandar mensajes y emoticonos a su defensora para rescatarse. No se resigna; posee un coraje que va más allá de ese rol. Nadie nace siendo una víctima: son las circunstancias las que te convierten en vulnerable.

El 28 de septiembre comienzas a rodar. ¿Cómo afrontas ese salto?

Esta es la primera vez que lo voy a decir en alto y me da mucho miedo, de verdad. Llevo desde 2005 realizando documentales y campañas. Pero dirigir una película a mi edad no es fácil. Con 20 tienes el prurito de querer hacer ficción. Yo ahora no lo necesito, pero creo que con una historia como esta puedo llegar a un espectro más amplio de espectadores. Es horrible, pero los documentales no los ve nadie.

En mi caso sí tienen más recorrido porque imparto cientos de conferencias, pero esto llega a muchas más personas. Por eso he decidido salir de mi círculo de confort, después de 21 años como documentalista y con esos pajaritos en la tripa que surgen de preguntarme si voy a estar a la altura. Pero hacer algo que supone un doble salto mortal con tirabuzón también activa emocionalmente, cerebralmente, personalmente y profesionalmente.

“Afrontamos un problema que irá a más porque no hay educación sexual ni en los hogares ni en las escuelas”

- Mabel Lozano

Total look de Mirto y zapatillas de Victoria

En tu trabajo hay una preocupación constante por no engañar a quien mira y por hacerle parte de lo que estás contando. ¿Qué responsabilidad sientes ante una historia así y ante el público que va a recibirla?

Para mí el público siempre ha sido fundamental. Quiero plasmar historias que no tengan trampas, que sean francas y honestas, que lleguen a los demás. La pena no moviliza. Necesito el compromiso, interpelarte como ciudadano, ponerte un espejo enfrente y decirte: “Mira esto y piensa qué puedes hacer”. Todos sabemos cómo puede actuar el Gobierno, pero ¿y nosotros, como ciudadanos, hasta dónde podemos llegar?

Esta entrevista se publica a pocos días del 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Personas. En el caso de la trata, sigue pendiente la aprobación de una norma específica, aunque en estos meses ha habido avances en los juzgados especializados, que han asumido competencias sobre violencias sexuales fuera de la pareja. ¿Cómo lees el momento actual y qué es lo que falta?

Quedan muchísimas cosas pendientes. Todavía no existe una ley integral en esta materia. He colaborado con el Ministerio, dentro de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, en ese proyecto normativo que abarca no sólo la vertiente sexual, sino también la laboral y cualquier otra forma de explotación.

Estoy en contra de toda clase de esclavitud, pero esta problemática exige un enfoque de género, pues constituye un crimen cometido especialmente contra las mujeres por el mero hecho de serlo. Por tanto, debe abordarse desde esa mirada: atendiendo a la feminización de la pobreza y también a cómo la diversidad funcional vuelve a este colectivo más susceptible de captación.

El proceso avanza lentísimo. El texto está listo, pero permanece paralizado. ¿Hay voluntad política real para que salga adelante? Los dos grandes partidos españoles, tanto PSOE como PP, han gobernado en solitario y no lo han aprobado. Ambos preconizan la abolición de la prostitución, pero son palabras vacías que se lleva el viento. ¿Dónde están las medidas concretas?

Hay que exigir a los legisladores que vistan de derechos a las niñas y adultas más vulnerables, aunque también resulta indispensable apelar a toda la ciudadanía.

Te defines como abolicionista, pero al mismo tiempo sostienes que no se puede plantear ningún cambio dejando a las mujeres sin recursos ni alternativas. ¿Cómo explicas esa posición a quienes entienden este debate de una forma más simplificada?

Mucha gente cree en la libertad de elección porque se acepta la práctica, pero ¿cuál es la alternativa real? ¿Tienen ellas verdaderamente una opción B, C o D cuando no hay ingresos para alimentar a la familia, faltan las oportunidades o escasean las herramientas? Ahí no existe libertad ni voluntariedad, sólo necesidad.

Quizá haya un grupo muy reducido de personas que ejercen de forma independiente, generan ingresos elevados y ven esta actividad como un medio de vida. En ese caso, que coticen en la Seguridad Social y tributen como cualquiera. Aceptemos el matiz si se insiste, pero representan un porcentaje residual.

La realidad predominante del sistema prostitucional tiene rostro de mujer: cada vez más joven, migrante, en situación administrativa irregular y con menores a su cargo. Para ella no hay elección; es simplemente la única forma de subsistir.

Defiendo la abolición, lo tengo clarísimo. Sin embargo, mi enfoque es profundamente humanista y feminista: no se puede condenar a más de 100.000 personas a la marginación. Es imprescindible una ley robusta que dote de alternativas reales a estas mujeres para que puedan salir de esa situación. De lo contrario, las abocamos directamente a la exclusión.

Me gustaría leerte algunos titulares de este año. “Una joven con discapacidad relata una agresión sexual a manos de un rapero”. “Detenido por violar a su vecina, una menor con discapacidad, en una casa abandonada en Valencia”. “Dos menores acusados (de lo mismo) en Valladolid”. Están ahí, en una búsqueda rápida, en medios con distintas líneas editoriales. ¿Qué piensas cuando los escuchas?

Cuando hablamos de violación no nos referimos a un simple problema, sino a un delito. Hablamos de hombres que sienten deseo al violar a una mujer con discapacidad que no va a poder defenderse, correr o contarlo. Eso es terrible.

Un hombre, para poder violar orgánicamente, requiere una erección, hablando claro. Eso implica que tiene que sentir deseo, cuando la auténtica sexualidad radica en el disfrute compartido. Sin embargo, en estos casos hablamos de poder: es la dominación lo que genera ese estímulo. Es tremendo.

Ahí aparece otro tema crucial: la forma en la que los menores aprenden sobre relaciones, deseo y consentimiento.

Muchos chavales se están educando a través de una pornografía agresiva, adictiva y socialmente aceptada. Desde los ocho años están consumiendo vídeos donde las violaciones grupales figuran entre lo que más ven; por tanto, lo reproducen y terminan normalizando el abuso.

No hablamos con nuestros hijos e hijas de este tema. Les enseñamos música, alimentación, cultura o matemáticas, pero omitimos algo transversal al ser humano. Vas a un instituto, dices la palabra ‘vulva’ y compruebas que no la han escuchado en ese contexto.

Afrontamos un problema que irá a más porque no hay educación sexual ni en los hogares ni en los centros escolares. ¿Y luego a quién violan? A las más vulnerables: a niñas y a mujeres con discapacidad.

En el caso de Abril, la familia que tenía que cuidarla fue precisamente quien participó en la violencia. Pero la casa debe ser el primer lugar desde el que proteger y enseñar respeto. Tú eres madre de mellizos: ¿cómo has intentado educarles?

En la absoluta igualdad. No he hecho distinciones, ni en los juguetes que les he dado ni en ningún otro aspecto. También los he educado según sus necesidades, adaptándome a lo que cada uno requería e intentando dedicarles tiempo de forma individual.

En cuanto a principios como el respeto y la convivencia, todo se fundamenta en esa equidad total. Lo que más me satisface de mis hijos es que son muy buena gente. Me importaba esto mucho más que sus conocimientos en matemáticas o física, algo que no dependía tanto de mí y que ya aprenderían en el colegio. Existen determinadas bases que se deben trabajar en casa: es una tarea ardua y apasionante.

Además de este rodaje, estás viviendo un momento de nuevos proyectos, formatos y retos. ¿Cómo te encuentras ahora mismo, también fuera de la pantalla?

Es el año de mis primeras veces. Por un lado, estoy contentísima y entusiasmada; por otro, es como: “¡Qué miedo!” También está en marcha la primera serie sobre un libro mío, El proxeneta. La adaptación se titula El castillo y la está llevando la productora de Rodrigo Sorogoyen. La han creado Isabel Peña y Eduardo Villanueva, tiene dos directoras maravillosas y un elenco extraordinario. La podréis ver en octubre en Movistar.

Y Ava también continúa su trayectoria. Ha sido finalista del Premio Memorial Silverio Cañada, en la Semana Negra de Gijón, y está teniendo una acogida increíble. Todo esto me mantiene atenta, viva. Es un año apasionante y tengo la suerte de estar muy bien acompañada en este viaje profesional y personal.

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Con una agenda marcada por viajes, rodajes, conferencias y conversaciones como esta, ¿quién es Mabel cuando no está trabajando?

Mucha gente no sabe que soy una buena cocinillas, según mi familia y amigos. Me encanta reunirlos en torno a los fogones. De hecho, acabo de hacer un curso increíble. Me apasiona cocinar; es una de las actividades que más me relajan. También disfruto saliendo al mercado a comprar productos de cercanía.

Además, soy una gran cinéfila; me encanta ir al cine y compartirlo con las personas a las que quiero. Tengo mucho ajetreo en mi vida porque imparto bastantes conferencias y viajo constantemente. Cuando ese ruido se acaba, prefiero estar en círculos más reducidos, compartiendo un buen guiso, un asado, un cocido castellano-manchego, unos garbanzos de mi tierra o un sashimi.

Tras haber viajado y vivido en medio planeta, para mí, como dice mi amiga Rossy de Palma, el mundo no tiene fronteras, sino que las fronteras son gastronómicas.

Agradecimientos especiales

Al UMusic Hotel Madrid.