De “la mili nos choca” a la crisis de la vivienda: así ven hoy Europa cuatro jóvenes que crecieron en paz y sin fronteras
Théa Carenzo, Carolina Massara, Jorge Riosalido y Valeria Tuts ponen voz a su generación y reclaman ser más escuchados en una UE que encara un momento decisivo.
En el número 46 del madrileño Paseo de la Castellana, sede del Parlamento Europeo en España, el café se sirve en tazas grabadas con las 12 estrellas. Lejos de ser un detalle nimio, el icono subraya la relevancia del lugar. Se cumplen 40 años de aquel 1986 en el que este país transformó su destino al adherirse a lo que hoy conocemos como Unión Europea. Para celebrar este aniversario y tomarle el pulso al proyecto común, Magas se reúne con cuatro jóvenes que representan su presente y su futuro.
Théa Carenzo, Carolina Massara, Jorge Riosalido y Valeria Tuts encarnan a esa generación que ha crecido sin dificultades para moverse de un país a otro y que no conoce la peseta; nativos digitales para los que el espacio Schengen es tan natural como la conexión Wi-Fi. Su optimismo está medido por los datos: según el informe Dilema de Europa (2025), el 70% de los jóvenes españoles apoya con firmeza la pertenencia a la UE, pero el sentimiento es más complejo al cruzar los Pirineos.
Asimismo, estudios de la Fundación TUI revelan que, aunque el 57% de los chicos europeos respalda la democracia, casi la mitad cree que este sistema está en peligro en su propio país. En esta conversación, ellos ponen voz a una juventud que, si bien considera que la UE es un proyecto en el que vale la pena creer, también es consciente de que los avances logrados en las últimas décadas no estarán garantizados si no van acompañados de esfuerzos por protegerlos.
La primera en arrancarse hablando es Carolina Massara. De 29 años y natural de Catania, es la viva voz de la 'generación Erasmus'. Explica que tuvo "dos experiencias en España gracias al programa y luego pude vivir otras, como el Cuerpo Europeo de Solidaridad". Afirma sentirse orgullosa de ser “ciudadana europea” y reconoce que ha podido disfrutar de “ventajas que a veces damos por sentado: la libre circulación, el acceso a fondos para estudiar o hacer prácticas, etcétera”.
Théa Carenzo, de 19, representa ese modelo de nacionalidad múltiple que se gesta en las grandes capitales. “Me siento española, francesa y europea”, dice la joven, que estudia en la ESCP Business School, una universidad con campus en seis países. Para ella, la UE es su seguro de vida: "A veces nos olvidamos de beneficios como la Tarjeta Sanitaria Europea. El año pasado tuve un problema en Italia y gracias a ella pude ver a tres médicos en Turín. Es un privilegio".
Théa Carenzo, hija de franceses nacida en Barcelona, promueve el diálogo sobre la UE como presidenta de la asociación estudiantil europea de su universidad
“Me siento española, francesa y europea. Y creo que a veces olvidamos los beneficios de vivir aquí”- Théa Carenzo
Por su parte, Jorge Riosalido pone el foco en la cohesión como motor del avance colectivo. Graduado en Filosofía, Política y Economía, la propia experiencia vital marca su visión de las instituciones: “Hemos nacido en una Europa que nos ha venido dada, que nos enseñó que no hay barreras. Como persona con discapacidad, programas como el Fondo Social Europeo tienen un impacto positivo y real en las personas. Para mí, el valor de la UE es que nos une para avanzar juntos; ese aspecto social es lo que nos lleva a progresar”.
Valeria Tuts es el ejemplo de la normalización del intercambio cultural: belga de padre y española de madre, nació y vivió hasta los 11 años en Alicante, pasó su adolescencia en Bruselas y tiempo después regresó a Extremadura para estudiar Biología. “En el colegio europeo no notaba la diferencia entre países. Estábamos muy conectados, todos éramos europeos y nos apoyábamos los unos a los otros”, recuerda en la charla.
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Su participación en este aniversario de los 40 años de España en la UE coincide con un momento en el que la defensa de los valores democráticos parece fundamental ante el auge de tendencias negacionistas, a menudo ligadas a cuestiones como la emergencia ambiental, la crisis migratoria o la violencia de género. Los jóvenes advierten de las distancias que aún separan a los propios Estados miembros en materia de libertades civiles.
Libertades a dos velocidades
Tuts reconoce que "no me di cuenta de lo avanzados que estábamos en España hasta que hablé con gente de fuera. Compartí piso con una chica de Hungría y le fascinaba la libertad que tenemos aquí y cómo es posible ver parejas homosexuales por la calle". Ese país ha experimentado retrocesos en materia de derechos humanos, se sitúa a la cola de los rankings de paridad de la UE y ha sido criticado en múltiples ocasiones por la restricción de derechos LGTBI.
Sin embargo, este mes la conversación ha cambiado. Tras la victoria electoral de Péter Magyar el pasado domingo 12 de abril, el escenario parece dar un vuelco histórico. En cualquier caso, no hace falta viajar al Este para hablar de igualdad. Carolina Massara también observa el escenario actual con "muchas diferencias" entre su país natal y el que la acoge. "Muchos italianos vienen aquí porque se sienten más libres y aceptados", afirma.
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Sobre el liderazgo femenino, prosigue la siciliana, "se han logrado avances, pero hay que cuidarlos porque siempre se puede volver atrás. El porcentaje de mujeres en puestos de mando aún no es igual al de los varones". Jorge Riosalido, no obstante, destaca el cambio en la cúpula de Bruselas: “Hoy las instituciones tienen rostro femenino: Ursula von der Leyen y Roberta Metsola, presidentas de la Comisión y del Parlamento, son algunos ejemplos. Me siento representado por ellas. La igualdad está en el corazón de los tratados”.
El debate de la mili
La paz, el pilar sobre el que se fundó la Unión, se analiza hoy bajo la presión de los conflictos en las fronteras.
Ante la propuesta de países como Dinamarca de instaurar un servicio militar obligatorio que, además, incluya a las mujeres, reaccionan encogiéndose de hombros. Carolina Massara lo ve como algo ajeno a su tiempo: “La idea nos choca porque es algo que nunca hemos vivido; sólo nuestros abuelos nos hablaban de ello. La inclusión femenina es positiva en términos de igualdad, pero ver que se vuelva a introducir la mili me impacta mucho, aunque sea consciente de la realidad actual”.
Valeria Tuts se muestra escéptica con el modelo forzoso: “Me parece correcto que lo sea tanto para ellos como para nosotras, pero yo no lo haría obligatorio. Creo que ese dinero se podría emplear en sanidad o en profesionalizar más el ejército. Además, me parece que este tipo de medidas van en contra de la voluntad de las personas y cortan las trayectorias educativas de los jóvenes. La gente que quiere ser militar va a actuar mucho mejor que quien vaya a la fuerza".
“La mili obligatoria va en contra de la voluntad de los jóvenes y corta sus trayectorias educativas”- Valeria Tuts
Jorge Riosalido valora la medida según la geografía del miedo: “Tengo la sensación de que se trata de un debate que en España todavía nos queda lejano. Es normal que en los países nórdicos o bálticos, con Rusia en la puerta, se aborde esta cuestión. Es legítimo plantear un aumento del gasto en defensa, pero esto no debe ser incompatible con los valores de libertad, solidaridad e igualdad. Si esto supone una ruptura con temas como la vivienda o la sanidad, ahí hay un problema”.
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En este sentido, lanza una reflexión que redefine el calado de este aniversario: “Me parece curioso que el programa de trabajo de la Comisión de este año se llame El momento de la independencia de Europa. Creo que pone de relieve que ninguno éramos conscientes de que tanto tiempo de paz y estabilidad ha sido una excepcionalidad histórica”. Para él, el despertar de su generación ante el nuevo panorama ha sido abrupto: “Ninguno estábamos preparados; ahora nos toca actuar de manera unida”.
“No éramos conscientes de que tanto tiempo de paz y estabilidad en Europa ha sido una excepción”- Jorge Riosalido
Testigos de nuevas tensiones
Lo que comenzó como un encuentro para analizar la historia se convirtió en una conversación de urgencia tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel en Irán el pasado 28 de febrero. Semanas después de ese café inicial, Magas volvió a contactar con los cuatro jóvenes para actualizar sus impresiones. De esa relación ha quedado un grupo de WhatsApp que sirve como dato entrañable de su sintonía personal y como termómetro de la crisis.
La voz de Théa es especialmente crítica: “Llevamos más de un mes viendo cómo se libra una guerra sobre la que Europa no fue consultada. ¿Qué queda del derecho internacional? ¿Ahora lo respeta quien quiera, como quiera? A Trump esto le da exactamente igual y a los jóvenes cada vez nos preocupa más. Nos sentimos apartados y nos cuesta creer que nuestra voz realmente puede valer algo en el contexto actual”.
La joven analiza la pérdida de influencia diplomática de Bruselas frente a figuras como Netanyahu y Trump: “Existe una sensación de inactividad e incapacidad por parte de la UE para ponerles freno. No tiene ejército propio, depende de la OTAN, y a eso se suma que Europa perdió su principal palanca diplomática sobre Irán cuando el acuerdo nuclear de 2015 se desmoronó”.
Carolina Massara vincula esta inestabilidad con la realidad económica: “Creo que gran parte de la población es consciente de cómo le afecta lo que ocurre fuera de sus fronteras. La inflación, la cancelación o la reducción de la disponibilidad de vuelos, la violencia contra la población civil y la posibilidad de que el conflicto se alargue nos preocupan. Me gustaría que los Veintisiete adoptaran una postura más firme y clara, como ha hecho el Gobierno español".
Para Jorge Riosalido, esta crisis es la prueba definitiva de que Europa debe acelerar su autonomía: “El conflicto refleja nuestra vulnerabilidad ante problemas externos. Dada nuestra dependencia energética, nos exponemos a crisis de suministro y a subidas de los precios que afectan a la competitividad. Esta guerra refleja la necesidad de que reforcemos nuestra autonomía en áreas clave. La actuación coordinada ya no es una opción, sino una obligación para asegurar el futuro de Europa”.
“Me gustaría que Europa tomara una postura más firme y clara sobre la crisis en Oriente Medio”- Carolina Massara
La cuestión migratoria
El escenario de inestabilidad geopolítica también se traslada al debate de la gestión de fronteras.
Los datos de 2025 revelan una paradoja: mientras que las solicitudes de asilo en la UE cayeron un 27%, esa menor presión no se ha sentido en España. Al contrario, el país se ha consolidado como el principal destino del bloque comunitario, superando a potencias como Alemania o Francia. Este cambio de ciclo ha transformado también el rostro de quien busca refugio. Siria ha dejado de liderar la lista y es Venezuela el país que encabeza el éxodo hacia Europa, con un 13% del total de solicitudes.
Para Valeria Tuts, el control es necesario, pero no debe estar reñido con la humanidad: "Muchas personas abandonan su país buscando un lugar mejor, muchas veces forzados". Carolina Massara alude a la complejidad de la distribución: "Los estados del sur, como Italia o España, asumen una presión geográfica desigual y aún queda mucho por equilibrar. Además, la burocracia sigue siendo un lastre; incluso para una ciudadana europea, la homologación de títulos en España es un proceso agotador".
Para Jorge Riosalido, el debate migratorio es un tablero donde confluyen desde intereses económicos hasta la experiencia personal de cada ciudadano, pero advierte de una contradicción en la estrategia de Bruselas: "Es lógico que se quiera convertir a Europa en un foco de atracción de talento cualificado, especialmente ante el envejecimiento demográfico y la búsqueda de ese capital que nos falta, pero no podemos perder de vista que ya tenemos una reserva interna infrautilizada".
Se refiere a la Ley de Empleo de Calidad y a los paquetes de movilidad laboral justa que se negocian en las instituciones, políticas que, a su juicio, a veces miran hacia afuera mientras olvidan el potencial en casa. "Hay mucho talento femenino que está siendo excluido y personas con discapacidad con una tasa de paro que más que duplica la general. Me parece bien buscar fuera, pero también hay que reflexionar y dar uso a todo ese talento propio que hoy está en los márgenes", subraya.
Jorge Riosalido combina su bagaje en relaciones internacionales con un firme compromiso con la inclusión, dando voz a las personas con discapacidad y defendiendo la ‘Europa de las personas’
Una Europa 3.0
Más allá de la geopolítica, la mesa analiza retos actuales para la Unión, como la regulación del espacio digital. En este sentido, Théa Carenzo apuesta por la formación: “Estoy de acuerdo con que se plantee limitar la edad de acceso a las redes; cuanto más tarde, mejor. Pero lo más importante es la educación: enseñarnos desde pequeños a usar estas herramientas. Eso sí, también me da miedo cómo funcionan los algoritmos, porque hoy vemos un auge de contenidos radicalizados".
Valeria Tuts se suma a su compañera y advierte sobre el impacto que esta exposición tiene en la infancia y en la polarización: “Los menores tienen a su disposición información de todo tipo, pero el problema es que se creen todo lo que leen. Un chaval puede ver un vídeo y creer a un influencer ciegamente. Hay que educar en el uso de las redes porque puede ser muy peligroso. Veo a niños de siete u ocho años usando TikTok, donde salen cosas que tal vez no deberían ver a esa edad”.
Jorge Riosalido reclama una respuesta comunitaria al respecto: “Es un tema lo suficientemente importante como para que los líderes actúen como un bloque y cooperen, más allá de las competencias nacionales. La Unión Europea es una potencia regulatoria, como vimos con el Reglamento General de Protección de Datos, y creo que debería actuarse de manera conjunta ante la acción de las grandes tecnológicas".
A estas alturas, no sorprenderá a nadie que una de las palabras que más se escapen de la boca de todos ellos sea 'vivienda'. Valeria Tuts no oculta su resignación: “Hoy es complicadísimo independizarse o vivir solos. Necesitamos ayuda en España y en toda Europa porque se nos está yendo de las manos”. Jorge Riosalido recuerda, parafraseando a Stefan Zweig, que “el mundo de ayer ya no existe y el futuro está marcado por la incertidumbre. Pero no debemos perder de vista la 'Europa de las personas', que siempre fue nuestra seña de identidad”.
Al terminar la reunión, las propuestas para las instituciones reflejan ambición.
Théa Carenzo pide reducir las distancias con Bruselas: “Involucrar más a los ciudadanos en la toma de decisiones es una forma de eliminar la burocracia y sentirnos parte del proyecto". A su lado, asintiendo, Carolina Massara pone el foco en la emergencia climática: “El cambio ya ha ocurrido y los desastres naturales son cada vez más frecuentes. Hace poco en Sicilia hubo un ciclón que destruyó pueblos costeros. Necesitamos que el impacto de las políticas ambientales se vea con más urgencia y rapidez”.
En este 19 de abril de 2026, tras 40 años de integración, el testimonio de estos cuatro jóvenes dibuja una España que exige una Unión capaz de dar una respuesta autónoma a los retos del momento. Los herederos de 1986 no piden permiso para participar en el futuro; reclaman una Europa que garantice la paz, que vele por el bienestar de sus pueblos y que mantenga el compromiso con los derechos sociales en un mundo que obliga a repensar quiénes somos cada día.
A la Oficina del Parlamento Europeo en España.