La inflación de costes llegó. Además de la falta de chips electrónicos para coches, en agricultura y otros sectores pasa lo mismo; suben costes y se repercuten en los precios. En EEUU la ropa, comida y vivienda han subido el 5,4% en un año. En energía igual. Lo estamos viendo con el precio del Kilovatio en España. La OPEP intenta corregirlo aumentando la producción de petróleo (hasta 400.000 barriles diarios). Está por ver que sea eficaz. 

Por otra parte, determinados salarios suben. Cada vez se necesitan más especialistas escasos y caros ¿Qué empresa no precisa un experto en Big Data? Hasta las Pymes. En el mundo desarrollado convive el desempleo con esa inflación de costes salariales. Típico de la economía digital. Hasta ahora la digitalización aumentaba la productividad, pero ya no es tan seguro. Hay que contratar especialistas para no retroceder frente a la competencia. 

Pero no es solo eso, en EEUU la subida de los subsidios de paro hace que los trabajadores pidan más sueldo y coberturas sociales para salir del desempleo; hay escasez de ellos incluso en  industrias de servicio y minoristas.

En EEUU la subida de los subsidios de paro hace que los trabajadores pidan más sueldo y coberturas sociales

Además, la salida de la pandemia desatará inflación de demanda. En el turismo se  nota a pesar de las dificultades de movilidad por el Covid-19. El consumidor tiene ganas de gastar y hay ahorro dispuesto a salir al mercado. Por ejemplo, en el primer trimestre de este año los activos financieros de las familias españolas eran de 2,3 billones de euros, el 42% en efectivo y depósitos disponibles. La demanda presionará los precios al alza.

Así que parece que se acerca -ya está aquí- una inflación de costes + demanda. Inflación, inflación… Se estaba anunciando desde hace meses. Yo mismo lo adelanté en Invertia. 

La bolsa lo olfatea y por eso no acaba de subir. Si el Ibex 35 supera los 9.000 puntos corrige enseguida a la baja. 

El razonamiento es: si hay inflación, los Bancos Centrales (Reserva Federal, BCE…) subirán los tipos de interés para pararla. Entonces los activos de renta fija (bonos…) aumentarían su rentabilidad. El dinero se desplazará a ellos. Saldrá de otros activos como la renta variable y esta bajará. 

Ya está aquí una inflación de costes y demanda

Sin embargo, los bancos centrales se muestran cautos. No tienen la seguridad de que esa inflación sea estructural; puede que sea coyuntural, por poco tiempo. Por eso, para evitar pánico en los mercados bursátiles y no desacelerar la economía, no anuncian subidas de tipo de interés. Cuando lo hagan, será por sorpresa; cuando no les quede otro remedio si la inflación se dispara ¿más del 2/3% o más del 4%?

De manera que la economía financiera mundial está jugando al póker. Los Bancos Centrales, particularmente la Reserva Federal y el BCE, juegan de farol. El uno no ve las cartas del otro y viceversa; los inversores de renta variable las de ninguno de los dos. Pero todos esperan el momento del destape para subir o bajar su puja.

Lagarde, la presidenta del BCE, mira de reojo a Powell, presidente de la Reserva Federal estadounidense y al revés. Si uno de ellos aumentase los tipos de interés, el otro tendría que seguirle para evitar la salida de dinero de su economía hacia el mercado que mejor lo remunere. ¿Quién lo hará primero? ¿Será Lagarde? ¿Será Powell? Sobre el tapete verde de la mesa se encuentran las cartas de cada uno pero sin destapar. 

Es probable que el primero sea de EEUU. Su economía está en fuerte recuperación y su desempleo es menor; un paro del 5,9%. Se da por hecho una subida de 0,25, o incluso 0,50 puntos, pronto. Pero nada es seguro.

Por eso el dinero está en la mesa esperando la decisión ¿y el suyo querido lector? Salvo que esté invertido en su propio negocio, del que tiene información y puede controlar, lo sensato es: esperar y ver, manteniendo la liquidez. Un consejo que se puede tachar de conservador. Pero no se me ocurre otro, porque ni soy Lagarde, ni Powell.

Mientras, Sánchez endeuda nuestras Administraciones más del 125% del PIB en una loca carrera que pagaremos pronto.

*** José Ramón Pin es profesor del IESE. 

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