La ciudad de Madrid pasó de tener algo más de 800.000 habitantes en 1920 a superar los tres millones en la década de los 70. La explosión demográfica vino acompañada de una revolución urbanística con poca planificación y no siempre las mejores calidades ni condiciones higiénicas.

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Casi 50 años después, la capital de España se ha convertido en el epicentro de la pandemia y la presidenta de la Comunidad ha tomado la decisión de confinar zonas sanitarias de la ciudad y de la región, muchas de ellas asociadas al 'desarrollismo' del siglo pasado.

En el caso de Madrid ciudad, estas medidas afectan a seis distritos concretos: Carabanchel, Usera, Villaverde, Puente de Vallecas, Villa de Vallecas y Ciudad Lineal. Cinco de los seis en la zona que delimitan la A-5 y la A-3 por los lados y la M-30 por el norte. No es casualidad.

Mapa de Madrid donde se ven los distritos al sur de la M-30 afectados con las medidas de la Comunidad, EL ESPAÑOL

Las grandes emigraciones del siglo XX

José María Ezquiaga, profesor de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y antiguo decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, recuerda que hay una serie de barrios de Madrid, entre los cuales están Puente de Vallecas, Tetuán, Valdeacederas, Usera, etc., que se fueron creando a principios del siglo XX, antes de la Guerra Civil, como urbanizaciones espontáneas, sin plan urbanístico, alrededor de las principales carreteras que salían de Madrid. “Puente de Vallecas era la carretera de Alcalá, Usera la de Andalucía y Tetuán la de Francia, pero hay muchas más”, señala.

Estos barrios se crearon originariamente con viviendas para la clase obrera emigrante española de la época. “En muchos casos, el emigrante compraba el suelo, barato porque no tenía plan ni infraestructuras de ningún tipo, y autoconstruía su vivienda; eso explica también por qué las calles son tan estrechas”, apunta José María Ezquiaga.

El segundo gran movimiento migratorio hacia Madrid llegó durante la posguerra. “Ante la avalancha de población que abandonaba el medio rural y venía a trabajar a Madrid y la alta natalidad que había, de repente se hizo necesario dar vivienda a toda esa nueva población de clase obrera que no tenía demasiados recursos, y había que hacerlo de una forma rápida”, describe Antonio Giraldo, urbanista y miembro del grupo socialista en el Congreso de los Diputados.

Ahí surgieron los grandes polígonos de vivienda social que terminaron de unir Madrid con los pueblos cercanos como eran Carabanchel, Vicálvaro, Vallecas o Fuencarral. El pueblo grande se convirtió en una metrópoli. “Los primeros, de los años 40 y 50, eran viviendas diminutas (de 35-60 m2) que en muchos casos siguen intactos”, apunta el profesor de la UPM.

Vista nevada del barrio del Vilano, que ya no existe, en Vallecas Villa. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

Además, en los años 50 y 60 se levantaron barrios de chabolas por todo el cinturón de la capital. “Varias decenas de miles de chabolas puras, estilo favela, pero fueron realojados gracias a un gran operaciónque se hizo al comienzo de la democracia”, describe José María Ezquiaga. En ese momento, se dio la paradoja de que los chabolistas que pasaron a estar en unas viviendas más dignas que sus antecesores que habían ocupado Puente de Vallecas, Carabanchel, Usera, etc.

“La construcción de vivienda durante el desarrollismo, así conocemos esta etapa, tenía en todas las ciudades un punto en común: era vivienda sencilla, barata, con materiales deficientes en muchos casos y con tamaños muy reducidos, buscando en todo momento acoger al mayor número de personas en el menor espacio posible”, señala Antonio Hidalgo.

Problemas heredados

Isabel González, doctora arquitecta y profesora del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), apunta que la pandemia “ha aflorado un problema de nuestro obsoleto parque de viviendas”. “Son carencias heredadas porque en la época del desarrollismo es donde se ubicó la vivienda obrera en unas condiciones que eran las que tenían en ese momento”, indica.

“Con el estándar actual, esas viviendas tienen una carencias clarísimas y es donde normalmente se están enfocando desde hace años todos los programas de regeneración y rehabilitación urbana”, recuerda Isabel González. “Estamos pagando los errores de algo mal hecho hace casi un siglo y que se ha ido perpetuando”, asegura José María Ezquiaga.

Vista interior de uno de los 28 bloques del poblado Mínimo de Vallecas. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

A la ausencia de planes urbanísticos claros y la elevada densidad de viviendas, Antonio Giraldo añade como problema que en estos barrios la densidad en el trazado urbano era igualmente necesaria. “Las calles se hicieron con el ancho justo, apenas se dejaron espacios abiertos o plazas más allá de las mínimas necesarias, las redes de saneamiento eran muy limitadas, y además las dotaciones necesarias como colegios y hospitales para acoger tal cantidad de nuevas personas nunca fueron las que realmente se necesitaban”, describe.

Asociado a este crecimiento, Antonio Giraldo indica que “han sido lugar tradicional también para instalaciones “poco deseables” en cualquier entorno urbano. Hablamos de depuradoras de aguas, vertederos, depósitos, apeaderos ferroviarios, etc. Además, a medida que las infraestructuras en Madrid fueron extendiéndose, fueron “troceando” y aislando estos distritos de forma que concentraron su tráfico en determinados puntos de conexión”.

El hacinamiento

En la gran mayoría de estos barrios, esta emigración del siglo pasado se ha hecho mayor. Algunos volvieron a sus pueblos de origen tras la jubilación, otros conviven con la nueva inmigración que ha llegado a nuestro país.

El precio de la vivienda en la capital, tanto en alquiler como en venta, unido a que en estos barrios del sur viven muchas familias con pocos recursos económicos, ha despertado otro problema serio: el hacinamiento.

A largo plazo tenemos que tomar medidas contra él porque nos pasa como en el siglo XIX, cuando un barrio enfermaba de cólera lo hacía la ciudad entera”, advierte José María Ezquiaga. Por tanto, ahonda, “no es un problema de un grupo social, mayores o inmigrantes, sino de toda la comunidad porque la salud no tiene barreras”.

De hecho, el profesor de la UPM y también Premio Nacional de Urbanismo, recuerda todo este debate estuvo muy de moda en los años 30, con la tuberculosis, cuando los médicos insistían en que la vivienda (luz, ventilación, habitabilidad, etc.), es un tema clave para la salud. “Empezó toda esta revolución que ha dado lugar a las casas contemporáneas luminosas, con ventilación, etc., pero después de los antibióticos, parece que dejó de importar tanto”, lamenta.

Flujos de movilidad

Los nuevos legados también hay que añadirlos a los problemas heredados del desarrollismo. “Te encuentras con nuevos barrios con un estándar de vivienda muy bueno que necesitan desplazarse hasta para comprar el pan”, denuncia Isabel González.

“Debido al modelo urbano que la ciudad de Madrid ha fomentado en las últimas décadas, sectorizando los centros de trabajo y los centros residenciales, se da la circunstancia de que gran parte de los residentes en los distritos del sur no trabajan allí, sino que se tienen que desplazar diariamente hacia el norte de la ciudad, donde tradicionalmente se han localizado las oficinas y otros polos laborales”, expone Antonio Giraldo.

Madrileños en el Metro. Eduardo Parra / Europa Press

Por tanto, reflexiona el diputado del PSOE, “entre la gran densidad de población, un entramado urbano demasiado compactado y sin espacios libres y con una gran movilidad de trabajadores (con empleos precarios en su mayoría), se hace muy difícil que en una pandemia (donde el distanciamiento social es vital) se haga imposible mantenerlo en estas zonas". 

Soluciones

Cambiar el desarrollo urbanístico de Madrid no puede hacerse de un día para otro. Imposible. Sin embargo, los tres expertos consultados por Invertia coinciden en la necesidad de comenzar desde ya con una estrategia clara de obligado cumplimiento a corto, medio y largo plazo para reconvertir la ciudad. Todo ello desde la voluntad política consensuada por todos los partidos, sin prismas ideológicos. El principal problema, reconoce Isabel González, es que “aquí no nos preparamos, utilizamos mucho la improvisación”.

“En la ciudad habrá que tomar intervenciones puntuales piloto en el ámbito de la edificación ya y después estrategias a medio y largo plazo, y que además estén suficientemente consensuadas para que si cambia el signo político del poder no lo barran por ser de los anteriores”, indica Isabel González. “Solo así se pueden conseguir propuestas exitosas”, reafirma.

Es una oportunidad para dar una vuelta a este modelo urbanístico, que está pensado para que a lo mejor Madrid compita con una ciudad global de segundo rango, pero no para que los ciudadanos tengamos todos, con independencia de tu renta o donde vivas, un nivel medio de calidad suficiente”, declara Isabel González.

No se quedan aquí. De la generalidad de los planes de mejora, los tres expertos aportan también medidas concretas para la mejora de la habitabilidad tanto en Madrid como en cualquier otra ciudad con estos problemas.

Los tres coinciden en que una de las claves de la expansión de la pandemia en los barrios al sur de la M-30 es el hacinamiento. Para luchar contra él, José María Ezquiaga propone favorecer vivienda pública en alquiler para esponjar” los barrios. “La clave es esponjar, que donde viven dos familias en una casa, una de ellas tenga la oportunidad de alquilar otra vivienda distinta”, explica.

En este sentido, Antonio Giraldo señala que “podrían estudiarse soluciones habitacionales alternativas y temporales para aquellas familias donde guardar las distancias mínimas en caso de un positivo en casa sea imposible”.

Inauguración de la peatonalización de la Puerta del Sol, a 20 de agosto de 2020. Ricardo Rubio / Europa Press

El miembro del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, que también ha lanzado la radical idea de eliminar parte de la M-30, aporta como alma política más ideas para maximizar la seguridad de los ciudadanos.

En el ámbito de la necesaria movilidad laboral de estos colectivos, “aumentar frecuencias y recorridos en transporte público bien sea metro o bus, y de esta forma disminuir las aglomeraciones”.

Por otro lado, expone Antonio Giraldo, “no podemos hacer más parques o plazas a corto plazo, pero disponer de solares vacíos o espacios abiertos privados en desuso para aliviar los existentes”.

Además, “podrían estudiarse cortes temporales en determinadas calles para aumentar el espacio al peatón, de modo que pudieran ir variando en función de las necesidades o la situación epidemiológica”.

La pandemia tiene muchas aristas y una de ellas es el desarrollo urbanístico de las ciudades. En este ámbito, los errores del pasado son un lastre, pero la tan mencionada unidad política resulta imprescindible.