La movilidad urbana no está evolucionando en la dirección adecuada si la Unión Europea quiere cumplir los objetivos en materia de sostenibilidad que se ha marcado para 2030 y 2050. Esta es la principal conclusión que se desprende de la evaluación que acaba de publicar la Comisión Europea sobre el paquete de medidas puesto en marcha en 2013.

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Según este documento, las tendencias actuales en el transporte urbano "no indican una mejora significativa en términos de intermodalidad, volumen de tráfico y emisiones de gases de efecto invernadero". En particular, el estudio comunitario encontró que los diferentes modos de transporte urbano permanecen estables en el tiempo, siendo los automóviles privados de combustibles tradicionales los grandes dominadores.

Esto ha provocado que las emisiones de CO2 del transporte urbano se hayan mantenido en niveles similares entre 2010 y 2020 lo que, según indica el documento "ilustra cuánto queda por hacer". No hay que olvidar que el denominado como Green Deal establece el objetivo de convertir a Europa en un continente climáticamente neutro para 2050. Para ello se ha marcado el objetivo de reducir un 90% las emisiones de gases de efecto invernadero en el transporte para 2050.

Pero eso no es todo, la hoja de ruta marcada prentende reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2030. Un objetivo que, además, incluye la denominada como estrategia de movilidad sostenible e inteligente que persigue el hito de contar con 100 ciudades europeas climáticamente neutrales e inteligentes para 2030.

En este punto, la calidad del aire en las zonas urbanas sigue siendo el gran desafío para alcanzar los objetivos marcados. El continuo incumplimiento de las normas de calidad del aire de la Unión Europea en la mayoría de los estados miembros se presenta como uno de los objetivos más urgentes. Algo para lo que parece prioritario actuar sobre las emisiones del transporte urbano.

Necesaria intervención europea

La visión de la Comisión Europea respalda la necesidad de una intervención a nivel comunitario para revertir esta situación. El documento señala la importancia de que se refuerce la intervención imponiendo algunas obligaciones legislativas a los estados miembros que estén vinculadas con la financiación de la Unión Europea.

Del mismo modo, el estudio presenta una serie de conclusiones además de la citada necesidad de intervenir a nivel comunitario. Entre ellas destaca la importancia de volver a fijar una serie de objetivos en materia de movilidad urbana de obligado cumplimiento. Del mismo modo, se llama a equilibrar las diferencias que, a día de hoy, existen entre los distintos países.

En este mismo sentido, desde la Comisión se remarca la necesidad de facilitar tanto el acceso a los datos como mejorar su calidad para reforzar la colaboración en materia de movilidad urbana entre los diferentes países y ciudades. Para esto, el documento considera muy necesario implicar de forma más profunda a los estados en el cumplimiento de estos objetivos y reforzar las alianzas público-privadas. 

En definitiva, tras una década prácticamente perdida, la Unión Europea afronta un rally durante los próximos nueve años que deberá tener como consecuencia que las emisiones en el ámbito de la movilidad urbana se reduzcan a la mitad. Un periodo de tiempo en el que las ciudades deberán pisar el acelerador a fondo si no quieren enfrentarse a importantes sanciones.