La cabina de teléfono está cerca de alcanzar los 100 años de vida en España. Un centenario que estará marcado sin duda por la lenta agonía que padece desde hace años este servicio y que a partir de este 1 de enero tiene un nuevo motivo que empuja aún más a las cabinas telefónicas hacia su desaparición

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En España ya no es obligatorio mantener en funcionamiento las más de 14.000 cabinas que todavía existen en todo el territorio nacional. Y es que la omnipresencia prácticamente total de los teléfonos móviles han llevado a que tanto su uso como su utilidad sea prácticamente irrelevante en el contexto actual.

Hasta ahora Telefónica era la compañía encargada, por obligación del Gobierno, del mantenimiento de las cabinas. Un contrato que venció este 31 de diciembre de 2020 y que el Ejecutivo ha decidido no prorrogar ante la inminente eliminación de este servicio de la categoría de servicio universal.  

El fin de este contrato no significa que de la noche a la mañana vayan a desaparecer todas las cabinas de teléfono que hay repartidas por España. Al contrario, todavía seguirán un tiempo formando parte del paisaje urbano de nuestras ciudades y nuestros pueblos.

Sin embargo, la compañía podrá retirar las cabinas que gestiona cuando lo considere, algo que desde Telefónica ya han señalado que se hará de forma gradual y paulatina, y no estará obligada a mantener en funcionamiento todas ellas como sí ocurría hasta ahora. 

Casi un siglo de vida

La perdida de relevancia de las cabinas de teléfono llega a falta de pocos años para que cumplan un siglo de vida. La primera que existió en España se instaló en el año 1928 en el Parque del Retiro de Madrid, en lo que hoy es conocido como Florida Park y por aquellas fechas se llamaba Viena Park.

Su lanzamiento se produjo poco después de la creación de la Compañía Telefónica Nacional de España. De hecho, la operadora de telecomunicaciones inició sus actividades en el año 1924 y apenas dos años después, en 1926, ya se empezó a pensar en poner en marcha una facilidad de telefonía de uso público.

Una vez instalada la primera cabina en 1928, su presencia fue aumentando de forma constante por todo el país, en el que ha llegado a haber más 100.000 cabinas repartidas por todo el territorio nacional a finales de los años 90.

Sin embargo, por esas fechas comenzó a popularizarse el uso del teléfono móvil entre los ciudadanos, lo que provocó un rápido de declive en el uso de las cabinas. Ya en 2006 en España existían más líneas de teléfonos móviles que habitantes.

Esto ha llevado a que, a finales de 2020, apenas quedaran instaladas 14.824 de esas 100.000 cabinas de teléfono que había hace algo más de 20 años.

El considerar a las cabinas telefónicas como parte del servicio universal de telecomunicaciones suponía que las poblaciones con más de 1.000 habitantes debían tener al menos una instalada, y otra adicional por cada 3.000 habitantes.

Un servicio deficitario

Los últimos datos sitúan a las cabinas como un negocio claramente deficitario, ya que se ha producido tanto una disminución en el número de llamadas y del tráfico cursado, así como de los ingresos unitarios por dispositivo.

En concreto, las cabinas registraron el pasado año una media de 0,17 llamadas al día, lo que equivale a una llamada semanal. Esto supone reducir a más de la mitad el promedio que se había registrado hace poco más de dos años, y que ya era significativamente bajo: 0,37 llamadas al día. 

Otro dato que refleja la poca relevancia que tienen las cabinas entre los españoles es que sólo un 1,1% de los españoles afirmó haber utilizado una cabina en los últimos doce meses, según los datos del Panel de Hogares de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) correspondientes al cuarto trimestre de 2020. 

Pese a este escaso uso, mantenerlas dentro del servicio universal tuvo un coste de 4,68 millones de euros en 2018 para Telefónica, tal y como recoge el último informe de la CNMC. Esta cifra es algo inferior a los 5,01 millones de euros de 2017, pero sigue muy por encima de los 400.000 euros que costó en el año 2012.

Un servicio universal

El servicio universal de telecomunicaciones contempla que todos los ciudadanos deben tener un acceso a una serie de servicios básicos con independencia de su localización geográfica, con una calidad determinada y a un precio asequible.

Y las cabinas forman parte de este servicio hasta que se apruebe en las Cortes la nueva Ley General de Telecomunicaciones, algo que está previsto que tenga lugar a lo largo de 2022, previsiblemente en el primer semestre. 

Pese a que hasta entonces las cabinas seguirán siendo legalmente un servicio universal, la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales decidió dejar de obligar a Telefónica a prestarlo dada la inminente aprobación de la Ley y la experiencia de otros países.

Las cabinas siguen desde este sábado los pasos de las guías telefónicas, que también sigue siendo sobre el papel un servicio universal, pero que Telefónica dejó de estar obligada a prestar en el año 2019.

Las cabinas no desaparecerán probablemente con la misma rapidez con las que se esfumaron las guías de teléfono de nuestro día a día. Pero sólo el tiempo dirá cuántas seguirán en funcionamiento cuando en 2028 celebren su primer centenario, si es que alguna lo hace.