Las estrategias de inversión pensadas para obtener rentabilidad a largo plazo intentan, en cierta medida, evitar comportamientos impulsivos y erróneos cuando se producen caídas en los mercados. Debido a los vaivenes que ha experimentado la bolsa en los últimos meses como consecuencia del estallido de la pandemia del Covid-19 a nivel mundial, estas estrategias de inversión a largo plazo se han tambaleado y han llevado a los inversores a huir de activos en los que querían depositar su confianza, probablemente, durante los próximos 10 o 15 años.

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¿Qué hago con mis acciones? ¿Qué os parece esta idea de inversión? ¿Dónde estar a salvo? ¿Qué hacer si se produce un corralito? ¿Es un buen momento para fondos indexados españoles? Este tipo de preguntas, que muchos usuarios de Finect han ido haciendo en las últimas semanas a los expertos, son el fiel reflejo de lo que pasa por la mente de la mayoría de los inversores.

Es evidente que la marea roja que ha sacudido a los mercados ha provocado que muchos inversores se cuestionen prácticamente toda su estrategia de inversión a largo plazo. Por ello, conviene tener en cuenta ciertos aspectos para evitar errores al comprar o vender en los mercados en plena crisis, unos aspectos que pasan fundamentalmente por controlar las emociones.

¿Cómo evitar ventas masivas?

Las estrategias de inversión a largo plazo se basan, entre otras, en la diversificación. Sin embargo, en plena pandemia, la diversificación no resultó ser un refugio tan seguro como se esperaba. “Los inversores recurren a la diversificación en un intento por gestionar el riesgo global de una cartera: cuando una clase de activo registra un peor comportamiento relativo, otras con correlaciones bajas o negativas deberían actuar como contrapeso”, apuntan desde Fidelity.

Sin embargo, según explica la gestora, “cuando se desató la crisis del coronavirus las correlaciones entre las diferentes clases de activos aumentaron. Aunque es algo que ocurre a menudo durante las fases de pánico en los mercados, en esta ocasión algunas áreas donde se preveían rentabilidades descorrelacionadas no ofrecieron tanta protección como se esperaba”.

Es en estas ocasiones cuando, según cuenta el neurólogo Pedro Bermejo en Finect Talks, “nuestro cerebro nos dice que salgamos corriendo” porque no está preparado para tomar decisiones racionales relacionadas con la economía. En estos casos, predomina la zona cerebral de aversión al riesgo. Además, el experto apunta también al “efecto manada”, es decir, la tendencia que los inversores tienen a hacer lo que hacen los demás.

Por ello, para poder controlar las emociones y evitar perder las mejores oportunidades en las bolsas o arrepentirnos de haber vendido precipitadamente, Bermejo recomienda varias ideas. En primer lugar, será necesario tener información útil y evitar todo el ruido que rodea a los mercados cuando las bolsas caen de manera brusca. “¿Realmente todas las compañías del mundo cayeron un 30% porque valían un 30% menos?”, apunta el experto que explica que, en estos casos, hay que analizar la información con racionalidad para tomar las mejores decisiones.

En esta misma línea, también se centra la gestora británica Schroders, quen apela a mantener la calma en momentos de crisis y recordar por qué se seleccionaron las compañías que se tienen en cartera antes de que se produjera la volatilidad. “Lo que tiende a suceder es que, cuando los tiempos son buenos los inversores se centran en lo positivo. Y cuando los tiempos son malos y los mercados caen, tienden a focalizar la atención solo en las cosas negativas. Antes de tirar la toalla, hay que intentar recordar cuáles fueron los factores que nos atrajeron a esas inversiones”, explica la gestora.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta el tiempo. Es decir, según Bermejo, no tomar decisiones rápidas o bruscas porque “cuanto más impulsivas sean, existirá un mayor riesgo a equivocarnos”.

La tercera clave está en saber rodearse de expertos que no tengan una vinculación especial con el dinero del inversor. Es decir, un asesor financiero que ayude en la toma de decisiones sin estar condicionado por las emociones que sí tiene el propio inversor, puesto que es su dinero y su futuro el que está en juego.

Por último, uno de los aspectos fundamentales a los que alude Bermejo es la experiencia en los mercados. “Los que vivimos la crisis de 2008 y nos equivocamos (o no) estábamos esperando algo parecido, por lo que ahora deberíamos ser capaces de evitar los errores que cometimos en el pasado”.

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