Pocos pensaron hace cuatro años -cuando José María Álvarez Pallete asumió la presidencia ejecutiva de Telefónica- que la operadora de telecomunicaciones estuviese en el año 2020 compitiendo con las grandes tecnológicas extranjeras para ser una compañía digital al servicio de la nueva sociedad conectada.

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El sueño de Pallete, un hombre que que tiene una visión muy clara de la compañía que quiere construir, es que Telefónica tenga el mismo impacto en sus clientes que Amazon, Microsoft o Google. Convertir a la operadora desde una compañía de cables y redes a un proveedor de tecnología. Y hoy, en el cuarto aniversario de su llegada a la presidencia ejecutiva, este sueño sigue más vivo que nunca.

Estamos ante una carrera de fondo en la que Telefónica está ahora más cerca la meta. Pallete, como buen runner y participante de maratones, sabe que las carreras se ganan dosificando esfuerzos y que lo importante es llegar bien y no necesariamente el primero. 

Hace cuatro años Telefónica era una operadora que básicamente construía redes, invertía en torres y se enfocaba en vender líneas telefónicas y paquetes de servicios telecomunicaciones. Hoy, servicios como cloud, seguridad, IoT, big data o vídeo, suponen casi 7.000 millones de euros en ingresos,

Una suma que puede parecer reducida frente a los 48.422 millones que ingresa Telefónica en el último año, equivale al total de la facturación de empresas como Spotify y Dropbox. Del mismo modo, En estos cuatro años la voz ha dejado de ser la principal fuente de ingresos y los datos ya suponen el 56% de las ventas de la compañía.

Los próximos 100 años

Es el camino de la transformación digital que según el propio Pallete ya ha pasado su ecuador. Precisamente para emprender la última milla de esta cruzada, el presidente ejecutivo ha puesto en marcha la revolución definitiva, el impulso final. 

Pallete es un convencido de que Telefónica debe ser un actor principal de la revolución digital y social y que no hay que mantener el statu quo  ante el desafío tecnológico. El modelo telco está agotado y hay que "ir mas allá" combinando lo mejor de la vieja Telefónica -infraestructura de redes, capilaridad comercial, marcas fuertes y experiencia de cliente- junto con lo mejor de la nueva: unidades tecnológicas punteras e infraestructuras de última generación. Es la Telefónica de los próximos 100 años.

Esta nueva estructura pone el foco y las inversiones en sus cuatro principales mercados -Alemania, Reino Unido, España y Brasil- los que les reportan el 80% de sus ingresos y reduce fuertemente su exposición en Latinoamérica, negocios que han dejado de crecer por encima de la inflación y que, por tanto, ya no son rentables. 

Del mismo modo, se crean dos nuevas divisiones: Telefonica Tech y Telefónica Infra. La primera destinada a potenciar todos los negocios digitales con ciberseguridad, IoT/Big data y cloud como ejes de desarrollo y la segunda, poniendo el foco en los activos de red y de infraestructura, con vocación de abrirse a nuevos socios estratégicos.

Esta es probablemente la última piedra que faltaba a Telefónica para convertirse en esa empresa tecnológica que Pallete quiere que sea. Es el último tramo del recorrido.

Reducción de la deuda

Un recorrido que no ha sido fácil y que ha obligado a Telefónica y a Pallete a soltar lastre: torres de telecomunicaciones, negocios en Centroamérica, spin off en Latinoamérica. Pallete puso fin a la expansión de su antecesor César Alierta por todo el mundo y ha racionalizado la estructura de la compañía para los nuevos tiempos.

Esta estrategia ha permitido reducir la deuda neta hasta los 37.744 millones con los que cerró el 31 de diciembre de 2019. Esto es 3.330 millones menos que un año antes, un retroceso del 8,1%. Incluyendo eventos posteriores al cierre, la deuda neta se reduciría hasta 37.000 millones.

Una cifra que contundente si se mira en perspectiva y considerando que históricamente los mercados han castigado el endeudamiento de la operadora. Cuando José María Álvarez Pallete sustituyó a César Alierta en abril de 2016 Telefónica tenía una deuda de 52.200 millones. Si se incluyen las operaciones pendientes ya anunciadas, la compañía cerrará este semestre con 15.000 millones menos.

La actual Telefónica de Pallete también ha consolidado el crecimiento orgánico precisamente focalizado en sus cuatro mercados clave, reduciendo a buen ritmo la deuda y ha redimensionado la plantilla para los nuevos desafíos.

Los ingresos asociados a la conectividad de banda ancha junto a los servicios más allá de la conectividad representan el 55% del total (un crecimiento de 2,2 puntos porcentuales en términos interanuales), reflejando la transformación de los ingresos y aumentando la sostenibilidad del negocio, mientras que la voz y el acceso se reducen en tres puntos porcentuales hasta menos de un tercio del total.

Tareas pendientes

Pero no todo ha sido vino y rosas. El gran lastre de la compañía sigue siendo su cotización en bolsa. La inestabilidad del sector telco en todo el mundo, las inversiones pendientes, la inestabilidad en Latinoamérica y la excesiva regulación que les debilita ante los gigantes digitales, han pasado factura a la acción que actualmente cotiza en 4,29 euros, casi cinco euros menos que los 9,31 con los que Pallete se estrenó hace cuatro años 

El mercado creen en el plan de Pallete, pero dudan de su ejecución inmediata. Los analistas le piden que se materialicen las ventas pendientes en Latinoamérica, que se acelere la compra de OI en Brasil y que se aclare la entrada de un inversor estratégico. Si a eso le sumamos el derrumbe mundial de los mercados por el coronavirus, hay pocas posibilidades que las acciones de la teleco repunten en el corto plazo.

Pese a ello, las perspectivas son buenas. En tiempos de coronavirus Telefónica se ha convertido en un servicio esencial, en un valor refugio y en una compañía clave para el funcionamiento de la sociedad. Algo que debería repercutir en el mediano plazo en su cotización. Es el comienzo de los próximos 100 años de la Telefónica digital que quiere Pallete.