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Los fondos de inversión están buscando instalaciones industriales de autoconsumo que puedan combinar con almacenamiento y contratos de suministro a largo plazo (PPAs), mientras las grandes eléctricas ven en este negocio una vía para fidelizar consumidores.

Hay apetito por comprar activos de autoconsumo industrial, pero no se traduce automáticamente en operaciones de compraventa. Encontrar instalaciones que encajen con las exigencias de los inversores y cerrar acuerdos con sus propietarios sigue siendo uno de los principales obstáculos del mercado.

"No es fácil llegar a un acuerdo de transacción, como lo ocurrido entre Iberdrola y Contigo Energía, pero hay mucho interés en activos de autoconsumo", explica a EL ESPAÑOL-Invertia Luis Villar, Financial and Market Adviser, especializado en autoconsumo e informes periciales económicos del sector.

El movimiento de Iberdrola para hacerse con el negocio de comercialización de Gesternova, pionera en la venta de electricidad 100% renovable, refleja el interés de las grandes compañías por reforzar su posición en el suministro energético.

La operación, notificada a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) en septiembre, incluye el control exclusivo de Contigo Energía, con una cartera de más de 100.000 clientes.

Aunque el expediente todavía debe superar el examen de Competencia y no se han hecho públicas las condiciones económicas ni el perímetro definitivo de la transacción, la operación evidencia el valor estratégico de sumar clientes y servicios energéticos vinculados a las renovables.

"Hay que distinguir entre el negocio de adquirir instalaciones fotovoltaicas para explotarlas y el de incorporar comercializadoras y clientes a una gran compañía eléctrica", puntualiza Villar.

Las baterías cambian el negocio

En el primer caso, los fondos buscan activos que permitan construir una cartera rentable y con riesgos controlados.

En el segundo, el valor puede estar en la relación comercial con el consumidor y en la posibilidad de ofrecerle más productos energéticos.

Por otro lado, una de las claves de un autoconsumo más atractivo es incorporar almacenamiento, tanto con baterías delante o detrás del contador.

"Los inversores buscan plantas de gran tamaño, asociadas a clientes solventes, de construcción reciente y con una ejecución técnica adecuada", dice Luis Villar.

"Si, además, cuentan con baterías su atractivo aumenta".

La razón es económica: las baterías permiten aprovechar la electricidad solar cuando se produce y utilizarla posteriormente, en lugar de depender exclusivamente de las horas de generación fotovoltaica.

El negocio cobra especial interés en las horas centrales del día, cuando la elevada producción renovable puede llevar el precio mayorista de la electricidad a cero.

Una industria con almacenamiento puede aprovechar esos periodos para cargar sus baterías de la red y consumir la energía más tarde, cuando aumentan sus necesidades o el precio de la electricidad es superior.

Para ello, cuando corresponda, es necesario disponer de los permisos de acceso y conexión de demanda que permitan cargar las baterías desde la red.

"Otra posibilidad es almacenar los excedentes de la propia instalación fotovoltaica, para utilizarlos cuando la planta solar deje de producir", puntualiza el experto a este diario.

La combinación resulta especialmente interesante para las industrias que mantienen su actividad fuera de las horas de máxima radiación solar.

La fotovoltaica concentra buena parte de su producción durante el día, mientras que muchas fábricas siguen funcionando a primera hora de la mañana, por la tarde o durante otros periodos sin generación suficiente.

El almacenamiento permite desplazar parte de esa energía y mejorar el aprovechamiento de la instalación.

Contratos a precio fijo

Otra de las claves para hacer rentable el autoconsumo industrial es la firma de contratos de compraventa de energía a largo plazo, conocidos como PPA (Power Purchase Agreement).

Estos acuerdos permiten a las empresas asegurarse un precio estable para parte de su electricidad, mientras el propietario de la instalación obtiene ingresos previsibles.

"Si se firma un PPA con un precio fijo para todas las horas, se le da certidumbre al industrial sobre el coste de su energía. Aquí ganan todos", resume Villar.

El modelo permite al fondo adquirir una instalación que ya está funcionando, asumir su operación y mantenimiento y vender la electricidad a la industria mediante un contrato a largo plazo. Para el consumidor, la operación puede liberar recursos financieros y reducir la incertidumbre sobre sus costes energéticos.

Las eléctricas buscan clientes

El interés de las grandes compañías energéticas responde a una lógica diferente. Para una eléctrica, el autoconsumo no tiene por qué constituir una fuente de ingresos independiente y recurrente comparable a la que persigue un fondo especializado.

Puede funcionar como una herramienta para mantener al cliente dentro de su cartera y ampliar la oferta de servicios que le presta.

"El autoconsumo tiene interés, pero como complemento y una forma de fidelización de clientes, no como el cash flow de los fondos", apunta Villar.

La compra del negocio de Gesternova por parte de Iberdrola encaja en esa estrategia comercial. La compañía suma una cartera de más de 100.000 clientes y refuerza su posición en el suministro de electricidad renovable, aunque la operación no equivale a una adquisición masiva de plantas de autoconsumo.

Algo similar ocurrió con la decisión de TotalEnergies de vender sus activos de generación solar distribuida (autoconsumo) en siete países europeos a un par de fondos.

En julio de 2026, la compañía francesa anunció la desinversión de una cartera de alrededor de 170 MW, compuesta principalmente por instalaciones solares en cubiertas, para concentrar sus recursos en grandes parques renovables, donde considera que puede aprovechar mejor las economías de escala.