El mercado mundial del diésel afronta una tormenta perfecta. Rusia mantiene restringidas sus exportaciones, los envíos de Oriente Próximo se han desplomado, y China lleva limitando sus ventas al exterior desde el estallido de la crisis de Ormuz.
Y en medio de este enredo, ahora Estados Unidos estudia restringir durante 90 días sus exportaciones, aunque hay confusión en las declaraciones entre los propios integrantes de la Administración Trump.
Europa queda así atrapada en un mercado cada vez más estrecho, precisamente cuando es deficitaria y necesita importar grandes cantidades de este combustible.
La decisión del presidente Donald Trump fue provocada por la escala de los precios internos del país, que han superado por primera vez los 6 dólares por galón, un récord preocupante para una población muy dependiente del uso del coche.
La reacción de los mercados ha sido inmediata: el diésel europeo ha llegado a subir más de un 5%, mientras que las cotizaciones estadounidenses bajaron al descontar una posible prohibición.
España, menos expuesta
Para España, sin embargo, el impacto directo de una eventual prohibición estadounidense sería limitado.
"En primer lugar, pidamos prudencia", señalan a EL ESPAÑOL-Invertia fuentes del sector petrolero español. "España es ligeramente deficitaria en diésel, pero el producto estadounidense representa únicamente alrededor del 3% del diésel que consume el país", añaden.
La situación es diferente en la gasolina. España sí mantiene un importante superávit de este producto y es exportadora neta, por lo que el sistema de refino español dispone de una mayor capacidad de adaptación.
"El impacto en seguridad de suministro no sería grande gracias a la flexibilidad y a la capacidad de nuestras refinerías", explican estas fuentes. Las instalaciones españolas pueden maximizar la producción de determinados productos y procesar un amplio abanico de crudos.
El problema, por tanto, no estaría tanto en que España se quede sin diésel como en el precio al que tendría que comprarlo.
Pero la medida todavía no está aprobada. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, aseguró que la Administración no estaba trabajando en una prohibición total, sino en fórmulas voluntarias con las refinerías para aumentar el suministro doméstico.
La Comisión Europea, entretanto, ya ha iniciado contactos de alto nivel con Washington para tratar de evitar una medida que, según Bruselas, tendría efectos negativos a ambos lados del Atlántico.
Y es precisamente Europa una de las grandes compradoras del diésel estadounidense. EEUU ha aumentado sus exportaciones de diésel más de un 20% este año, hasta unos 1,3 millones de barriles diarios, según Kpler.
Aproximadamente una cuarta parte de esas ventas tiene como destino Europa. El problema es que las reservas estadounidenses están en mínimos para esta época del año de las últimas cuatro décadas y son un 13% inferiores a las de hace un año.
Rusia ya cerró el grifo
El caso ruso es diferente: aquí la restricción ya es una realidad. Moscú prohibió en julio las exportaciones de diésel después de que los ataques con drones ucranianos afectaran a varias de sus refinerías y redujeran la producción.
Rusia, segundo mayor exportador mundial de diésel por detrás de EEUU, mantiene las restricciones hasta finales de septiembre.
Antes de la guerra, Rusia y Oriente Próximo representaban conjuntamente alrededor de una quinta parte de las exportaciones marítimas mundiales de diésel. Ahora, una parte significativa de esos barriles ha desaparecido del mercado.
La presión también llega desde el Golfo Pérsico. Las exportaciones de diésel de Oriente Próximo se redujeron a la mitad entre marzo y agosto respecto al mismo periodo del año anterior, hasta unos 800.000 barriles diarios.
La región llegó a representar en 2025 cerca del 41% de las importaciones europeas de diésel.
Los ataques y la interrupción de las rutas de suministro vinculadas al conflicto en Oriente Próximo están afectando especialmente a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, mientras que las refinerías de todo el mundo trabajan ya cerca de sus límites de capacidad.
China tampoco tiene margen
A esta ecuación se suma ahora China. Sus inventarios comerciales de gasolina han caído a su nivel más bajo desde 2011 y los de diésel se encuentran en mínimos desde 2015, según GL Consulting.
El país había relajado desde julio las restricciones a las exportaciones de productos refinados y sus ventas de diésel alcanzaron en agosto máximos de casi dos años y medio.
Pero el aumento de las exportaciones ha tenido un coste: las existencias domésticas se han reducido considerablemente.
Rystad Energy considera ahora más probable que Pekín vuelva a endurecer los controles a partir de octubre para priorizar la seguridad energética interna. China todavía no ha comunicado su plan de exportaciones de combustibles para ese mes.
Es decir, los cuatro grandes focos de suministro que podrían aliviar la escasez europea están, por diferentes motivos, reduciendo o amenazando con reducir su aportación al mercado.
Escasez en Europa
El mercado europeo llega a esta situación con las existencias muy debilitadas. Las reservas del gran centro energético de Ámsterdam-Róterdam-Amberes se encontraban el 10 de septiembre en su nivel estacional más bajo, mientras que los futuros europeos de diésel han llegado a más que duplicar su nivel de comienzos de año.
Francia es uno de los países donde la tensión ya se está trasladando a las estaciones de servicio.
El 23 de septiembre, alrededor del 11% de las gasolineras francesas registraba problemas de suministro en al menos un tipo de carburante, aunque la cifra había bajado desde el 15% del lunes.
El sector petrolero español advierte de que la combinación de factores es especialmente delicada. Al cierre o las dificultades de las rutas del estrecho de Ormuz se suman los ataques de los hutíes, los problemas de producción y exportación de Arabia Saudí y Emiratos, la guerra en Ucrania y las restricciones rusas.
En este contexto, una retirada adicional de barriles estadounidenses "sería un factor más de tensión en los mercados". Y esa tensión, apuntan desde el sector, terminaría trasladándose previsiblemente a las cotizaciones internacionales y, con ellas, a los precios de las estaciones de servicio.
Porque el problema del diésel ya no es únicamente quién tiene combustible para vender. Es que cada vez quedan menos países con capacidad para venderlo al resto del mundo.
