Publicada
Actualizada
Las claves

Los fabricantes de componentes para la construcción de nueva red eléctrica están desbordados. Los plazos de entrega para equipos críticos como transformadores de potencia, conductores e incluso torres de alta tensión ya se alargan hasta los cuatro años, en algunas líneas de negocio y se necesita ampliar capacidad de producción.

"Tenemos cubiertos pedidos para, al menos, los próximos cuatro años", señalan a EL ESPAÑOL-Invertia fuentes de Hitachi Energy, filial del conglomerado japonés Hitachi, líder en el mercado español de sistemas y redes eléctricas.

No son los únicos. Arteche, Ormazabal, Schneider Electric o Siemens Energy son otros de los grandes fabricantes que forman parte de la cadena de valor en esta industria y que coinciden con esta afirmación.

El boom de los centros de datos, la Inteligencia Artificial (IA), la necesidad de electrificar la industria y los nuevos puntos de conexión para cargadores de vehículo eléctrico presionan a una red que a su vez sufre la congestión de determinados nudos donde hay tantas renovables que no pueden vender su generación eléctrica.

Y también necesita espacio el almacenamiento o los proyectos de hidrógeno verde. La transición energética ha chocado contra un muro inesperado: la capacidad física de las fábricas.

Elementos tan cruciales como transformadores de alta tensión, subestaciones encapsuladas e interruptores de potencia acumulan retrasos en sus entregas que ya se miden en años.

"No es un problema de España, nos estamos encontrando esta situación prácticamente en todo el mundo", añaden las mismas fuentes a este diario.

Retrasar la modernización de la red

Informes sectoriales de consultoras estratégicas como McKinsey y Sightline Climate confirman que las restricciones energéticas y la escasez de componentes amenazan con retrasar entre el 30% y el 50% de los grandes proyectos de infraestructura digital del planeta.

El problema no es la falta de financiación o de proyectos viables, sino una cola de espera colosal en las líneas de producción de los principales proveedores industriales del mundo.

El corazón de la crisis se encuentra en los transformadores de potencia, las imponentes máquinas necesarias para elevar o reducir el voltaje de la electricidad y permitir su transporte a largas distancias.

Lo que antes de la pandemia se compraba y entregaba en un plazo habitual de entre 10 y 12 meses, hoy requiere una antelación mínima de 3 a 4 años.

La demanda global de estos equipos es tan masiva que el mercado global de transformadores de potencia se encamina a rozar los 30.000 millones de euros, impulsado por una necesidad sin precedentes.

A la masiva penetración de plantas solares y eólicas, que requieren una infraestructura de red completamente nueva en determinadas zonas rurales, se ha sumado el apetito eléctrico insaciable de las grandes tecnológicas (hyperscalers), cuyos megaproyectos de centros de datos de IA están tensionando las redes de distribución local.

Planificación en España

En España, la situación se vive con especial intensidad. Red Eléctrica (el operador del sistema) ha elevado sustancialmente sus inversiones en la red de transporte con actuaciones integradas en la Planificación Eléctrica, alcanzando cifras récord para desatascar las solicitudes de conexión.

La industria instalada en el país trabaja a tres turnos. Grandes centros industriales nacionales, como las plantas de Hitachi Energy en Córdoba y Zaragoza, o las instalaciones de otros gigantes en el País Vasco, han anunciado inversiones de decenas de millones de euros para ampliar a contrarreloj su capacidad productiva y sustituir tecnologías antiguas.

Pese a estos esfuerzos, levantar una nueva planta de componentes eléctricos de alta complejidad requiere tiempo, y la demanda sigue creciendo a un ritmo muy superior al de la capacidad de fabricación.

Y según datos de The World Economic Forum, a nivel mundial, el panorama es similar. Más de 2.500 gigavatios (GW) de proyectos de energía limpia permanecen atascados en las colas de conexión a la red en todo el mundo, a menudo a la espera de subestaciones o de simples cables técnicos de alta tensión.

Gigafactoría de Sagunto

Precisamente este lunes, 22 de junio, el Boletín Oficial de Estado (BOE) publicaba la resolución del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que otorgaba a Red Eléctrica la Autorización Administrativa para la línea de 400 kV La Plana-Morella.

Una resolución "muy relevante" para la industria de Castellón en general y, concretamente, "fundamental" para la gigafactoría de VW y PowerCo en Sagunto.

Según ha informado el Ministerio, este nuevo eje estructural del sistema eléctrico es "imprescindible" para reforzar la fiabilidad y seguridad del suministro de la provincia de Castellón, y está previsto que entre en operación en diciembre de 2028.

El proyecto consiste en la ejecución de una línea aérea nueva de transporte de energía eléctrica a 400 kV, en doble circuito, que conectará las subestaciones de La Plana (Almassora) y Morella, en la provincia de Castellón.

La línea tiene una longitud total de 86,94 kilómetros, está compuesta por 189 apoyos metálicos de celosía y una capacidad de transporte máxima de 2329 MVA. El trazado discurre íntegramente por la región.