Las claves
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Ni la industria del hidrógeno verde está acabada ni vive una burbuja. Está en lo que se conoce como el valle de la muerte. O, como dice la curva de Gartner, saliendo del valle de la desilusión para entrar en la fase de la madurez.
"Tras expectativas infladas (promesas exageradas, anuncios de gigavatios sin respaldo y cierto desencanto), llega el momento del despliegue real", aseguran a EL ESPAÑOL-Invertia fuentes de Matteco, empresa española de tecnología de materiales para el hidrógeno.
Y será 2026 el año en el que se espera marcar el inicio de la transición , cuando tecnologías viables, modelos sólidos y cadenas de suministro robustas —y no las narrativas— tomen el control.
"Como ocurrió en solar y baterías, la curva de aprendizaje se consolida pasada la fase de ajuste. Pero, ciertamente, estamos en un momento crítico para diferenciar entre las tecnologías escalables reales de las que no lo son".
Según Matteco, la clave del éxito en 2026 será incentivar la demanda, no sólo la oferta, y para ello habría que contar con herramientas como "los contratos por diferencia, mandatos de uso de hidrógeno renovable o subastas orientadas al consumo industrial".
Y para ello, hay que avanzar más rápidamente en la claridad normativa transfronteriza y la rápida implementación de la legislación europea en la nacional, fundamental para desbloquear el mercado único, las infraestructuras y el consumo.
Por otro lado, también es necesario simplificar el enorme desafío de burocracia por el exceso de regulación y acelerar los procesos de concesión de permisos para evitar cuellos de botella.
“Lego industrial”
Según Matteco, España se consolida como epicentro europeo del hidrógeno con 4.000 millones de euros movilizados.
"La clave del éxito es haber cancelado proyectos de muchos megagigavatios, y haber apostado por más soluciones viables y escalables", señalan.
Curva de Gartner
"De hecho, la era de los megaproyectos de 5–10 GW ha sido más storytelling que realidad. Y, por eso, 2026 trae un enfoque más pragmático y se espera ya que se empiecen a materializar proyectos".
Serán proyectos de tamaño moderado, de decenas o pocos cientos de megavatios (MW), con más modularidad. Se asume menos riesgo, su CAPEX es menor y se consigue una mayor bancabilidad y un despliegue más rápido.
"Es lo que se conoce como Lego industrial, modelos replicables y escalables. El block by block es el que se impone y los clientes industriales priorizan soluciones que puedan desplegarse de forma incremental, por capas, no como megaobra única".
Y el cuello de botella ya no es el proyecto completo, sino sus componentes críticos y los materiales, como la eficiencia, la durabilidad y el coste de catalizadores o electrodos, entre otros.
AEM frente a PEM
Es el momento de empezar a vislumbrar quiénes serán los ganadores de la carrera por liderar la industria del hidrógeno verde.
"El coste, la durabilidad y la cadena de valor serán los factores que decidirán ganadores, y eso dependerá por la eficiencia en materiales, la automatización y las economías de escala".
Europa está perdiendo esa carrera frente a China, que después de años de dominio de la tecnología de electrólisis alcalina (ALK) y la electrólisis PEM (membrana de intercambio protónico) está consiguiendo imponer la suya, la AEM (Anion Exchange Membrane).
"Se está convirtiendo en el número uno para industrias intensivas en CAPEX", dicen desde Matteco. Y, además, "los clientes buscan proveedores de componentes críticos fiables".
Combina eficiencia, menores costes y eliminación de metales críticos. Será un driver central en la reducción del coste del hidrógeno verde hacia 2030, advierten. China está acelerando su adopción y marca el ritmo del mercado.
De esta manera, Europa y Estados Unidos necesitan actores tecnológicos fuertes si quiere evitar dependencias externas y para no repetir el caso paneles solares.
Por eso, compañías como Matteco quieren alzar la voz para que se conozcan productos made in Spain, como su motor silencioso del hidrógeno verde, u otras que se conviertan en el Intel Inside o la NVidia del sector. Y que se posicionen como proveedor clave de materiales avanzados en diferentes tecnologías de electrólisis.
