La Unión Europea en su conjunto representa aproximadamente una quinta parte de la economía mundial y es responsable del 9% de las emisiones mundial CO2. Esto la convierte en el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, solo por detrás de China (27,52%) y Estados Unidos (14,81%)

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Sin embargo, la amenaza climática es un tema clave para los europeos, la gran mayoría de los ciudadanos la han situado como la mayor preocupación hasta la llegada de la pandemia, según las encuestas realizadas por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) durante los últimos años.

Los líderes políticos europeos también consideran que abordar el clima es importante para mostrar la relevancia global de la Unión, y por eso no es de extrañar que el viernes, 11 de diciembre, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 aumentaran el objetivo de reducción de emisiones para 2030 desde el 40% hasta el 55%.

Una cifra que impacta directamente en la economía del Viejo Continente y en todas las actividades productivas, desde la generación de energía hasta el sector agroalimentario. 

Más inversiones verdes

Por lo pronto, reducir las emisiones un 55% de aquí a 2030 requerirá importantes inversiones adicionales para descarbonizar la producción de electricidad, la industria y el transporte, y mejorar la eficiencia energética de los edificios. Bruselas calcula que con el nuevo objetivo la inversión anual en el sistema energético tendrá que ser unos 350.000 millones de euros más alta en el próximo decenio (2021-2030) que en el anterior (2011-2020).

Pero por otro lado, el Ejecutivo comunitario sostiene que este nivel de inversión puede proporcionar un estímulo muy necesario para promover la recuperación tras la crisis de la Covid-19.

El objetivo del 55% no es casual. Está estrechamente vinculado a la recuperación económica de la crisis del coronavirus y definirá la evolución de la economía de la Unión Europea durante los próximos 10 años.

Mercado de CO2

"La primera medida y la más eficaz para conseguir el nuevo objetivo de emisiones es reducir el volumen de derechos en el mercado de CO2 (ETS EU), las asignaciones gratuitas y las subastas, para que suba el precio", explica a Invertia José María García Berrendero, Country Manager Spain & Portugal en Vertis Environmental Finance.

El mercado de carbono de la UE es la política insignia del bloque para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que obliga a las centrales eléctricas, fábricas y aerolíneas a comprar permisos para cubrir algunas de las emisiones que producen.

Si el precio del CO2 sigue subiendo, desplazará a las tecnologías más contaminantes, como el carbón o el gas.

"Y si además entran en este mercado otros sectores, como el transporte marítimo, el terrestre (aunque es más complicado por su atomización), e incluso se activa el 'impuesto frontera', es decir, un impuesto de CO2 a los productos que se hayan fabricado en terceros países, se aceleraría el proceso de descarbonización", añade Berrendero.

"Ahora bien, nadie discute el fondo de la cuestión, pero hay que plantearse si Europa puede ir al ritmo con el que se pretende descarbonizar la economía", continúa. "No solo es una cuestión económica, de rentabilidad, también es tecnológica. Si producir hidrógeno verde todavía es demasiado caro, o a una industria electrointensiva no le vale con poner paneles solares en sus tejados, peligra la economía". 

La UE, la más sostenible

Internamente, el objetivo del 55% encamina a la UE a lograr la neutralidad climática para 2050. En el mundo, el resultado de la reunión moldea la credibilidad de Europa en el mundo.

Europa quiere ser reconocida como líder en la acción climática, y ha sido el perfecto golpe de efecto. Sin embargo, grupos ambientalistas, como Climate Action Tracker, aseguran que "si la UE implementara todos los objetivos que tiene para las energías renovables y la eficiencia energética, ya reduciría las emisiones en un 45%, por lo que el objetivo anterior no tiene sentido y es normal que se haya revisado".

Por otro lado, aumentar la ambición climática supone un fuerte impulso internacional. Varios países (por ejemplo, China, Japón y Corea del Sur) que prometen ser neutrales en carbono para 2050/60 y ahora, con el regreso de EE. UU. a la escena de la acción climática, es un aliciente más. 

Aún así, las principales organizaciones ambientalistas consideran que los jefes de Estado europeos han aprobado una política de mínimos. "Un objetivo 'neto' del 55% significa una reducción real de las emisiones de solo entre el 50,5 y el 52,8%, dependiendo del tamaño del sumidero de carbono de la UE", señala WWF en un comunicado.

"Los gobiernos sin duda lo llamarán histórico, pero la evidencia muestra que este acuerdo es solo una pequeña mejora en los recortes de emisiones que ya se espera que la UE logre", dice Greenpeace. La organización insta a un recorte mínimo del 65% en las emisiones de carbono de la UE.

Para Climate Action Tracker, el convenio esconde una cierta trampa, ya que se propone que el 55% sea una cifra colectiva, para que haya países que les saquen el tapete y haya más espacio para aquellos países que necesitan un poco más de tiempo para ajustar sus economías.