La industria internacional del petróleo y gas se enfrenta a una enorme incertidumbre y riesgo provocado por la pandemia y la crisis económica que se ha generado. Sin embargo, ya venía meses atrás tocada en su línea de flotación por las exigencias climáticas, por lo que la Covid-19 solo ha puesto la puntilla. 

"Las petroleras de todo el mundo han sufrido pérdidas históricas en lo que va de 2020", explican a Invertia analistas del sector energético, "ahora se les considera actividad de alto riesgo y por eso, tienen una situación muy complicada". 

El problema es que "los mercados financieros ahora ya no quieren la deuda de las compañías por las políticas climáticas, la incertidumbre de la pandemia en la economía mundial y por la volatilidad de los precios del crudo". 

La realidad es que las petroleras se encuentran en la cúspide de una transición importante. Aunque seguirá habiendo una demanda de petróleo y gas y sus productos relacionados en los próximos años, esta industria también debe lidiar ahora con el desafío de lograr cero emisiones netas para 2050.

Plataforma petrolífera en alta mar

Oleada de compras en EEUU

El paso de estas empresas a través de la producción, el cese, el desmantelamiento y la transición energética es ahora la nueva normalidad. "Es la tormenta perfecta para el sector, están inmersos en un cambio estructural y algunas tendrán que sobrevivir vendiéndose a otras más grandes, sobre todo en EEUU, donde el sector del shale-oil está muy fragmentado y no van a poder mantenerse a flote". 

El primer caso ya se pudo ver el mes pasado, cuando Chevron anunciaba la compra de Noble Energy por 4.300 millones de euros. Se convertía así en el acuerdo más grande en la industria petrolera tras el estallido de la pandemia, pero se espera una fiebre de compras en el sector.

Varias compañías energéticas de EEUU se han declarado en bancarrota este año, citando la pandemia de coronavirus y todas sus consecuencias como la causa principal. El gigante americano ha alcanzado los niveles de consumo de energía más bajos de los últimos 30 años la primavera pasada, según medios del país.

Se espera que esta tendencia se revierta a medida que la economía abra lentamente, pero el daño a más de una docena de compañías ya está hecho y no hay solución.

"Los resultados de todas las petroleras en todo el mundo han estado evidentemente muy penalizados por el parón de la economía provocado por la crisis de la Covid. Lógicamente, las compañías más pequeñas van a sufrir más", continúan las fuentes, "y eso está provocando un proceso de consolidación en el sector".

De hecho, "es previsible que también se vean compras de compañías de renovables y eléctricas por parte de las petroleras en su proceso de transición energética".

petróleo

Los objetivos climáticos para las europeas

La situación para las energéticas en Europa es muy diferente a la de las norteamericanas. "En Europa van dos o tres años por delante, ya no se habla de consolidar el sector sino de trabajar en función de los objetivos climáticos 2050 y del Acuerdo de París", señalan las mismas fuentes. 

"De hecho, están calculando su declive en la venta de combustibles fósiles", puntualizan.

Eso es lo que han hecho una a una las diferentes petroleras europeas. En el caso español, Repsol anunció en diciembre pasado que fijaba un objetivo de alcanzar cero emisiones netas en el año 2050, con lo que se convirtió en la primera compañía de su sector en asumir esta ambiciosa meta, y una senda de descarbonización con objetivos intermedios de 2020 a 2040.

Hace solo dos días, la británica BP presentaba unos resultados nefastos. En lo que va de 2020, ha perdido 18.013 millones de euros, frente al beneficio de 4.038 millones del mismo periodo del año anterior.

Entre las causas, alegaba las elevadas pérdidas por el impacto de amortizaciones al ajustar la previsión de los precios de la energía y por el impacto de la pandemia de la Covid-19.

Tanto es así, que presentaba una nueva estrategia para reestructurar su negocio como firma energética integrada. 

Dentro de 10 años, BP apunta a aumentar su inversión anual baja en carbono 10 veces a alrededor de 5.000 millones de dólares al año, además de la construcción de una cartera integrada de tecnologías bajas en carbono, que incluyen energías renovables, bioenergía y posiciones iniciales en hidrógeno. 

Para 2030, BP pretende desarrollar alrededor de 50 GW de capacidad de generación renovable neta, un aumento de 20 veces desde 2019.

También entre los objetivos de la angloholandesa Royal Dutch Shell se incluye la transformación de ser Big Oil a Big Energy. Su presidente, Chad Holliday, dijo hace menos de un mes que se verá pronto "como una compañía eléctrica".

Shell tendrá un papel en la energía eólica, solar, baterías y una red eléctrica más inteligente. Mientras tanto, se mantendrá en la captura de carbono, el combustible de hidrógeno y otras tecnologías que harían que Shell continúe con su negocio principal de fabricación, refinación y transporte de combustibles líquidos.

La francesa Total también se está transformando. Hace poco más de dos meses anunció la compra de la comercializadora de EDP en España y un ciclo combinado, pero tiene compromisos más decididos para eliminar la mayoría de sus emisiones de carbono para 2050, al tiempo que frena el gasto de inversión para proyectos de petróleo y gas debido a la crisis petrolera y los bajos precios internacionales del petróleo.

"Las petroleras europeas están tomando ya posiciones, tienen una situación muy diferente a las norteamericanas, porque éstas tienen su producción en el país, pero todas están con la mirada a 40 años", concluyen las fuentes, "el problema grande se les presenta a aquellos países cuya economía depende casi en exclusiva del petróleo, como Arabia Saudí, otros países de su entorno o Rusia". 

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