No llegó ni a romance de verano. Tan sólo diez días han necesitado el BBVA y el Sabadell para decirse con cariño un ‘no eres tú, soy yo’ y emprender camino en solitario dejando a un lado la fusión de sus negocios. ¿Por qué no se han entendido? Básicamente porque ninguno de los dos estaba dispuesto a permitir que sus accionistas se vieran perjudicados en la operación. 

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Según las fuentes consultadas, eran los accionistas precisamente quienes más estaban presionando a sus respectivos consejos de administración. En el caso del BBVA se buscaba maximizar el beneficio a través del dividendo que podrá entregar la entidad en el futuro si se guardan buena parte de los 10.000 millones de euros que ingresará por la venta de su negocio en EEUU. 

Para el Sabadell la presión venía por el lado contrario: queremos más. El BBVA valoraba la operación en unos 2.000 o 2.500 millones de euros, una cifra muy alejada del valor en libros, que supera los 12.000 millones de euros. Y eso que la entidad que preside Carlos Torres estaba interesada en pagar en efectivo la operación para hacerse con el control del banco. 

Opa o iguales

Fuentes conocedoras insisten en que se dedicó bastante esfuerzo en intentar acercar posturas. Sin embargo, parece que al presidente del Sabadell, Josep Oliu, no solo no le convencía el precio, tampoco la forma de plantear la operación en donde más que una unión entre iguales era una opa en la que el pez grande se come al chico.

Así que el pasado jueves por la noche llegó el momento de mirarse a los ojos y decirse adiós. Quedaba claro en la Información Privilegiada del Sabadell, que la cuestión era absolutamente económica, la famosa ecuación de canje que suele hacer descarrilar este tipo de operaciones. 

En el entorno del Sabadell existe cierta sensación de que la entidad no era valorada por BBVA, y no se reconocía todo el potencial que tiene. Sobre todo en banca de empresas, área en el que tiene un gran expertise y en la que se centrará a partir de ahora una vez que comience la recuperación económica. 

Fuentes de mercado aseguran a Invertia que en ningún momento el gobierno corporativo ha sido detonante para romper esta operación. Todo lo contrario, insisten una y otra vez en que la cuestión ha sido netamente económica. 

El futuro

¿Qué pasará a partir de ahora? Ambos emprenden caminos en solitario. Al menos, por ahora. Algunos analistas, como los de Renta 4, dan por hecho que BBVA optará por hacerse con la totalidad de su filial turca, Garanti. Sin embargo, desde la matriz insisten en que están “cómodos” con su posición en la entidad de la que poseen un 49%. 

El Sabadell, por su parte, ya ha dicho que prepara un nuevo plan estratégico para seguir en solitario centrándose en el mercado doméstico. No sólo eso, es que ha abierto la puerta a deshacerse de su filial británica TSB y del negocio en México. 

Ahora bien, la mayor parte de las casas de análisis insisten en que el Sabadell no podrá aguantar en solitario y no le quedará más remedio que buscar una nueva pareja de baile. Una opción podría ser Kutxabank, pero también está la opción de que el Santander decida dar un paso adelante para ofrecer una prima lo suficientemente atractiva como para cortejar a Oliu y sus accionistas. 

La entidad cántabra insiste una y otra vez en que su objetivo es ser cada vez más digitales. Sin embargo, la oportunidad de volver a ser el banco más grande de España y reforzar la banca de empresas es un caramelo difícil de despreciar. En un entorno de tipos bajos, donde la rentabilidad está bajo mínimos y donde el regulador está animando a la concentración todo puede pasar. Tiempo al tiempo.