Lisboa

El skyline de Lisboa está dominado por el imponente Castelo de São Jorge, una gran fortaleza que data de la época romana y que fue reforzada por los moros durante la época de dominación islámica de la Península Ibérica. Los lusos tienen todo tipo de mito heroico asociado con el asedio del castillo y su conquista por parte de Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, pero los cronistas de la época cuentan que la victoria portuguesa se debe más al pragmatismo de los militares cristianos que al talento bélico del rey. Los baluartes del castillo nunca fueron franqueados, pues sus puertas quedaron abiertas a los invasores a través de una rendición pactada con el alcalde musulmán, a quien prometieron una pequeña fortuna a cambio del abandono de su puesto. Lo que los lusos no pudieron conseguir con las armas lo consiguieron con dinero.

Nueve siglos más tarde es la banca española quien procede a la conquista de Portugal a golpe de talonario. No ha sido necesario el cerco de Lisboa, sólo el buen sentido de aprovecharse de un mal momento financiero e una serie de instituciones bancarias con fortunas excesivamente ligadas al bienestar de la economía nacional. “La banca lusa no ha conseguido desarrollar un negocio que le permita existir sin que le afecten los altibajos de la economía lusa”, explica Sandro Mendonça, profesor de Economía en el prestigioso ISCTE - Instituto Universitario de Lisboa. “Las entidades se mantienen estables, pero la economía no crece de manera significante –este año será de apenas el 1%–, por lo que son presa fácil para entidades extranjeras. Estos bancos se han visto debilitados por la crisis y simplemente no consiguen pasar página solos”.

El mal estado de la economía lusa ha facilitado la entrada en masa de entidades españoles en el sector bancario portugués en los últimos años, tanto que 2016 cerrará con una clara dominación del mercado por parte de los grandes grupos de Madrid y Barcelona. Bankinter, Santander y CaixaBank ya han consolidado fuertes posiciones en el país vecino.

Barclays Portugal, Banif, BPI…

El camino hacia el dominio español lo inició el Grupo Santander, que comenzó sus andaduras en tierras lusas en los años 80 con su entrada en el Banco de Comércio e Industria y consolidó su posición en el país vecino al convertirse accionista mayoritario del Banco Totta e Açores en el año 2000, dando paso a la creación de su poderosa filial portuguesa, el Banco Santander Totta.

Sin embargo, el pistoletazo de la actual conquista de la banca lusa lo dio Bankinter, que se hizo con los negocios de Barclays en Portugal el pasado otoño. La operación le salió redonda a Bankinter: el pasado miércoles anunció beneficios de 400 millones de euros hasta septiembre –un aumento del 33,6% que en el mismo periodo en 2015– y señaló que la fuerte subida de sus resultados se debía a la integración de sus negocios en Portugal, proceso que finalizó el pasado abril.

Poco después de la adquisición de Barclays Portugal por Bankinter, el Santander se impuso al Banco Popular y la gestora norteamericana Apollo Management para hacerse con el Banco Internacional do Funchal (Banif), que colapsó en diciembre de 2015. Pagó apenas 150 millones de euros, mientras el banco rescatado recibía una inyección de 2,250 millones de euros del erario público.

En abril CaixaBank lanzaba una OPA por segunda vez sobre el Banco Português de Investimento (BPI), interesado no sólo en consolidar su posición en el país vecino, como así hacerse con una entidad que prometía significantes beneficios pese a la fragilidad evidente de la economía lusa. Los obstáculos puestos por la multimillonaria angoleña Isabel Dos Santos dentro de la asamblea del consejo de administración de la entidad retrasaron el proceso, pero en septiembre se logró un pacto entre todos que permitió la reactivación de la OPA, con 1,134 ofrecido por cada acción. El Grupo dirigido por Gonzalo Gortázar actualmente espera que las autorizaciones pertinentes lleguen al CMVM de Portugal para proceder con la operación, que se espera concluir para finales de año.

Las incógnitas del BCP y Novo Banco

A lo largo del año se rumoreo que varios bancos españoles estaban interesados en el Millenium - Banco Comercial Português (BCP), con el Sabadell sonando como un pretendiente serio. La entidad española controla el 5% de las acciones del banco luso y en abril algunos medios indicaron que el BCP había propuesto una fusión bancaria. Sabadell desmintió los rumores, y por el momento el BCP sólo contempla la entrada del grupo chino Fosun en el banco.

A la vez, la venta de Novo Banco (NB) –entidad surgida en 2014, compuesta por los activos ‘buenos’ del fallido Banco Espíritu Santo (BES)– ha supuesto una auténtica saga dentro de la banca lusa a lo largo de los últimos dos años. Aunque fue considerada como una joya financiera por parte del Ejecutivo del conservador Pedro Passos Coelho (2011-15), el test de estrés del Banco Central Europeo (BCE) el pasado diciembre demostró que la entidad tan apreciada estaba en muy mal estado. Fráncfort señalaba que el banco requería un refuerzo de capital de 1.400 millones de euros, y poco después se revelaba que NB cerraba su primer año completo con pérdidas de 980,6 millones de euros, la mayor parte de ellas debidas al impago de créditos concedidos en su día al Grupo Espíritu Santo.

El Gobierno del socialista António Costa tiene varios compromisos firmes con Bruselas en este respecto, entre ellos la fecha de agosto de 2017 como límite para la venta de la entidad reestructurada. El tema corre prisa, sin embargo, pues una de las condiciones puestas por la Comisión establece que de no conseguir la venta de este mismo año, entraría en efecto una segunda fase de su plan de reestructuración que implica el despido de 500 empleados y el cierre de al menos 75 sucursales.

En este contexto de venta urgente se rumoreó sobre el supuesto interés del Banco Santander y CaixaBank en la entidad la pasada primavera hizo que un grupo de empresarios y políticos lusos emitieran un manifestó en contra de la ‘españolización’ de la banca lusa. Sin embargo, el pasado junio ninguno de los dos bancos presentaron propuestas de adquisición al Banco de Portugal, poniendo fin a las sospechas. Los medios lusos han especulado sobre la posibilidad de que CaixaBank adquiera NB indirectamente a través del Banco Portugués de Inversiones (BPI), objeto de una opa lanzada por la entidad con sede en Barcelona el mes pasado.

Aunque el BPI ha afirmado su interés en la adquisición de la entidad lusa, CaixaBank confirma a EL ESPAÑOL que “no se harán comentarios sobre Novo Banco; nuestro único interés en Portugal en estos momentos es el BPI”. Las mismas fuentes clarifican que una vez logrado el control sobre el BPI se analizará la situación y se tomarán las decisiones correspondientes, pero que en la actualidad cualquier oferta realizada por parte del BPI para NB emanaría exclusivamente del consejo de la entidad lusa, en la que CaixaBank sólo ocupa cuatro de los 22 asientos. “El BPI funciona de manera independiente; hasta que no concluya la OPA, no controlamos las decisiones que toma”.

Recelo ante la ‘españolización’ de la banca lusa

Sandro Mendonça, profesor de Economía de ISCTE, señala que la proliferación de adquisiciones de bancos portugueses por entidades españolas ha sido gracias a la intervención activa de Mario Draghi, que favorece la creación de una especie de unión bancaria ibérica dominada por España. “Hay un mega-regulador en Fráncfort que opina que existe un exceso de oferta bancaria en Europa, por lo que ha favorecido la consolidación bancaria en mini-regiones. Es evidente que Fráncfort favoreció la adquisición de Banif por parte del Santander, por ejemplo. Se está favoreciendo una unión de la banca portuguesa con grandes bancos españoles, estrategia que aumentará los lucros del sector bancario, pero para nada garantiza que los bancos sean más efectivos o que los consumidores gocen de mayores beneficios”.

Tanto Mendonça como analistas de periódicos tan reputados como el Financial Times han alertado que la tendencia hacía la consolidación favorecida por Fráncfort implica que Europa vuelve a tener los llamados bancos “too big to fail” de la época anterior a la crisis. El profesor de la ISCTE denuncia que la expansión española en el mercado luso se basa más en un deseo de impedir la presencia de competidores, versus un argumento de beneficios serios. “Es verdad que Bankinter aumentó su beneficio neto gracias a su adquisición portuguesa, pero a largo plazo ningún banco español se hará rico con entidades lusas porque la banca de este país es prácticamente parroquial. Es fácil generar beneficios iniciales si mantienes el mercado pero eliminas los costes funcionales… ¿Pero después? Ya no hay grandes negocios entre Portugal y Brasil, o con las antiguas colonias africanas.”

Competencia y sector ibérico

Este experto señala que el avance de las entidades españolas hacia la creación de un sector ibérico se produce, principalmente, como medida defensiva ante la posible entrada de entidades de otros países. “Portugal es un país perdedor porque en este contexto porque ya no tiene control sobre sus bancos. Pero en realidad todos somos perdedores, pues este sistema no favorece a la economía real, sino al sector financiero. Portugal era un punto de expansión evidente para España, pero no a nível de beneficios, sino para impedir la entrada de otros competidores a una zona geográfica cercana”, apunta. 

“En un mercado dominado por unos pocos megabancos españoles hay cada vez menos competición. A nivel de calle, esto implica que los bancos españoles cierran sucursales y aumentan las comisiones de los clientes de los bancos lusos que adquieren, bien sabiendo que los consumidores no tienen dónde ir para escapar de esos comportamientos predatorios”.

Mendonça señala que la falta de competición podría ser mediada si otras naciones tuviesen presencia en la banca portuguesa. “No hay razón para que los españoles tengan todo, y no es una cuestión de nacionalismo, sino algo práctico. Tendría sentido abrir la puerta a los chinos, que no tienen ningún tipo de pie en Europa, y tendrían interés en tenerlo en Portugal tras el cierre efectivo de Reino Unido con el ‘Brexit’. La competición es una cosa sana que sólo podría beneficiarnos a todos”.

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