Praga

"No puede ser que la política energética de la UE la dicte Alemania", se queja el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki. La indignación de los socios europeos contra Berlín por su actuación unilateral en la crisis energética no cesa de aumentar. Berlín acaba de desplegar un 'escudo protector' con una dotación masiva de 200.000 millones de euros (el 5% del PIB alemán) para rescatar a sus ciudadanos y empresas del impacto de la inflación desbocada.

Lo puede hacer gracias a una potencia de fuego presupuestaria ilimitada con la que no cuentan el resto de Estados miembros. Al mismo tiempo, el Gobierno de Olaf Scholz veta sistemáticamente todas las soluciones que se plantean a nivel de la Unión Europea para amortiguar el impacto de la crisis, ya sea el tope al gas o un nuevo fondo de ayudas como Next Generation.

El plan energético nacionalista de Berlín volverá a protagonizar todos los debates de la cumbre informal que los Veintisiete celebran este viernes en Praga. Los dirigentes comunitarios sostienen que el 'escudo protector' podría dinamitar el mercado único al dar ventaja a las empresas alemanas. Y redoblan la presión sobre Scholz para que desbloquee una solución europea para la crisis, similar a la que se adoptó durante la pandemia.

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Las críticas generalizadas han obligado al canciller a ponerse a la defensiva. "Mientras los precios aun no bajen hasta donde deben hacerlo, es importante que todos los países apoyen a sus ciudadanos", ha dicho Scholz en Praga. El dirigente socialdemócrata alega que su plan es "muy equilibrado" y sigue la estela de medidas similares que han ido adoptando el resto de Estados miembros. 

Sin embargo, los ataques del canciller (eso sí, en lenguaje exquisitamente diplomático) han ido subiendo de tono en los últimos días, tanto en la cumbre hispano-alemana como en la reunión inaugural de la Comunidad Política Europea. En su rueda de prensa conjunta con Scholz en Coruña, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió "dar una resupuesta a nivel europeo" a la crisis energética. De lo contrario, el riesgo es que los Estados miembros salgan "con diferencias económicas mayores" que socaven el mercado único, sostiene Sánchez.

Pedro Sánchez conversa con el griego Kyriakos Mitsotakis durante la reunión de la Comunidad Política Europea en Praga Reuters

"El problema es que cada país está haciendo su propio plan por separado, lo que significa que una enorme cantidad de dinero sale de nuestros presupuestos y nos debilita a todos, porque no podemos usar ese dinero para nada más. Así que debemos afrontar este problema de forma estructural, porque de lo contrario los países que tienen más dinero pueden gastar más, lo que es perjudicial para el mercado único", ha dicho este jueves en Praga la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas.

"Todos estamos aprobando todo tipo de paquetes económicos con el fin de ayudar a nuestros ciudadanos. Pero la economía alemana es tan grande, que su plan podría ser distorsionador. Cuanto más grande eres, cuanto mayor es tu economía, más responsabilidad tienes. Tenemos que trabajar juntos para mantener la igualdad de condiciones de competencia entre los Estados miembros", sostiene el letón Krisjanis Karins. 

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La disputa ha disparado la tensión entre Scholz y el presidente francés, Emmanuel Macron, que celebraron una gélida reunión de trabajo en Berlín el pasado lunes. El motor franco-alemán parece averiado, al menos en la respuesta a esta crisis. A juicio del Eliseo, el plan de Scholz podría crear "efectos de distorsión", especialmente con aquellos Estados miembros "que tienen un margen presupuestario más débil o menos importante". Por eso, Francia defiende "establecer un mecanismo de coordinación o incluso de solidaridad entre los Estados miembros con el fin de regular los efectos secundarios de los planes más masivos".

También la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, aboga por buscar "fuentes de financiación complementarias" a escala europea para acelerar la transición energética. "Debemos preservar la igualdad de condiciones, sin distorsiones del mercado único, y actuar conjuntamente en un espíritu de solidaridad reforzada entre los Estados miembros y con nuestros vecinos", escribe Von der Leyen en la carta que servirá de base a las discusiones de los líderes europeos este viernes.

Ursula von der Leyen saluda al luxemburgués Xavier Bettel durante la cumbre de Praga Reuters

El comisario de Asuntos Económicos, el italiano Paolo Gentiloni, y el de Mercado Interior, el francés Thierry Breton, van un paso más allá que la presidenta y proponen crear un nuevo fondo europeo anticrisis para navegar las turbulencias energéticas. Un fondo que se financiaría con la emisión de deuda conjunta europea y que concedería créditos blandos a los Estados miembros más golpeados por la escalada de precios. Su modelo es el instrumento SURE de 100.000 millones de euros que se creó durante la pandemia para financiar los ERTE.

Sin embargo, Scholz se opone a crear cualquier nuevo instrumento de solidaridad europeo. Y cuenta con el apoyo de Holanda y los 'frugales nórdicos'. Su principal argumento es que la mayoría de los fondos Next Generation todavía no se han gastado. "Tenemos un enorme programa por un total de 750.000 millones de euros, la mayor parte del cual aún no se ha utilizado, pero que puede ser especialmente eficaz en este momento", dijo el canciller el martes en rueda de prensa conjunta con Mark Rutte.

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El primer ministro holandés coincide plenamente con el diagnóstico de Scholz. "Una gran parte del dinero del Fondo de Recuperación aún no se ha gastado. Y por cierto, una gran parte del presupuesto del Fondo de Cohesión tampoco se ha gastado", ha insistido. De hecho, Rutte es el único defensor en la UE del 'escudo protector' alemán. "Alemania tiene plena legitimidad y soberanía para adoptar esa decisión, como otros muchos hemos hecho. He escuchado algunas críticas, pero no formo parte de ese grupo", ha explicado. 

En la reunión de este viernes, los líderes europeos discutirán de nuevo la posibilidad de imponer un tope general al precio del gas. Una idea a la que se ha sumado Von der Leyen, pero que siguen rechazando tanto Alemania como Holanda, que sostienen que un precio máximo aplicado sólo por la UE provocaría que los países productores desvíen sus cargamentos de gas natural licuado hacia Asia.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, a su llegada a Praga Reuters

"Para Holanda no se trata de una cuestión de ideología, sino de tomar medidas que funcionen. Y eso significa que hay que analizar las muchas propuestas que hay sobre la mesa. Por ejemplo, las compras conjuntas para rellenar los depósitos de gas; el modelo ibérico, cuáles son las ventajas e inconvenientes; las discusiones sobre el GNL, para garantizar que nuestras decisiones no hagan que los barcos se redirijan hacia Asia", ha insistido Rutte.

Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sostiene que las últimas propuestas de Von der Leyen (entre las que se encuentra extender a toda la UE la 'excepción ibérica') avalan las peticiones y decisiones que ha ido tomando España en el último año.

"Reconocemos muchas de las propuestas que España ha venido defendiendo desde hace muchos meses, antes incluso del inicio de la guerra, en la línea de trabajo que está abriendo la Comisión Europea y la presidenta Von der Leyen. En primer lugar, la fijación de un precio tope a todo el gas que importe la UE; en segundo lugar, las compras conjuntas y centralizadas de gas a terceros países; en tercer lugar, la reforma estructural del mercado de la electricidad; y finalmente la extensión al conjunto de la UE de la excepción ibérica", ha presumido Sánchez.