Joe Biden ya ha conseguido los 270 votos electorales que le permiten proclamarse presidente de Estados Unidos, una posibilidad que comenzó a ganar fuerza a medidas de esta semana en los mercados. La noche del miércoles el Dow Jones se acercó a su mejor día poselectoral en los últimos 120 años con subidas que llegaron al 2,7% y este jueves Europa ha seguido la estela de crecimiento.

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Unos datos que demuestran que el mundo financiero recibe con optimismo un triunfo del demócrata Joe Biden. Un candidato que precisamente ha apostado por un programa económico moderado con una mezcla equilibrada entre proteccionismo comercial sin la beligerancia internacional de Donald Trump, ayudas a la clase trabajadora, guiños a las grandes empresas tecnológicas y apuesta por el Green New Deal.

En este último caso el posicionamiento de Biden ha sido claro y está en sintonía con el movimiento de la Unión Europea de apostar por una reconstrucción 'verde' de la economía. Quizás presionado por sectores más progresistas de su alianza liderados por Bernie Sanders, dibuja un futuro económico con menos emisiones y más sostenibilidad. 

Biden cree que el Green New Deal es un marco crucial para atacar los desafíos climáticos que enfrentamos. "Como presidente, Biden dirigirá al mundo para enfrentar la emergencia climática y liderar a través del poder del ejemplo, asegurando que Estados Unidos logre una economía de energía limpia al 100% y emisiones netas cero a más tardar en 2050", indica en su programa electoral.

En campaña prometió una inversión de 300.000 millones de dólares en investigación y gran parte de este montante está destino a nuevas tecnologías más limpias como coches eléctricos o energías verdes. 

Comercio bilateral

Desde el punto de vista multilateral, al igual que Trump, Biden ha defendido en las últimas semanas fortalecer el comercio interno, la producción de bienes dentro de Estados Unidos y reducir al mínimo la dependencia de mercados internacionales como China o Europa.

No obstante, el demócrata históricamente se ha posicionado en contra de las guerras comerciales iniciadas en la era Trump y cree que las reglas de la economía internacional se deben establecer en torno a Estados Unidos. Esto se traduce en que probablemente siga defendiendo la industria estadounidense, pero que aparque la beligerancia y el conflicto generado por el actual presidente.

Los analistas concuerdan en que Biden volverá al camino del multilateralismo de la era Obama, aunque será mucho menos proactivo en el ámbito de la colaboración comercial. Está claro que se acabarán las guerras directas y las declaraciones incendiarias, pero queda en el aire el futuro de dos de los litigios comerciales que han marcado el mandato de Trump.

El primero es la guerra con China. El republicano sostiene que el gobierno asiático espía a través de las redes de telecomunicaciones y los móviles de sus grandes compañías como Huawei y ZTE y para ello ha incluido a la primera en su lista negra comercial. En el fondo está la lucha por el control de la digitalización del mundo, donde las empresas de Estados Unidos están perdiendo el tren frente a las chinas en el resto de América y en Europa.

De hecho, Estados Unidos ha aplicado sucesivamente aranceles a productos chinos para poner barreras de entrada a su mercado local, incluido un 15% para productos tecnológicos. Es probable que Biden no sea tan beligerante en pedir expresamente a los gobiernos del todo el mundo que veten la tecnología 5G de Huawei, pero no es menos cierto que su apoyo a las empresas de Estados Unidos fuera de sus fronteras seguirá siendo importante.

Aranceles a Europa

Esta situación también se podría aplicar a Europa. Hace tres semanas la OMC autorizó a la UE a imponer aranceles sobre productos procedentes de Estados Unidos por un valor tope anual de 3.400 millones de euros, como compensación por las subvenciones recibidas por Boeing.

El año pasado la propia OMC autorizó a Estados Unidos a imponer aranceles por un valor total de 6.400 millones de euros a productos importados de Europa como represalia por las ayudas a Airbus. Una guerra comercial impulsada por Trump que además se ha extendido a las empresas tecnológicas.

El republicano ha amenazado a diferentes países europeos, entre los que se encuentra España, con más aranceles si es que se aplica la tasa a los gigantes digitales de EEUU como Apple, Amazon, Google o Facebook

En estos tres temas, Biden solo se ha limitado a señalar que Estados Unidos necesita "nuevas reglas" y "nuevos procesos" para dictar relaciones comerciales con países extranjeros. Aunque si nos atenemos a sus declaraciones previas a la campaña electoral es claro que no está de acuerdo con las guerras comerciales de Trump.

Una postura a la que se agarran las grandes tecnológicas para apoyarle. Hace pocos días Trump llevó a los Tribunales la mayor demanda antimonopolio en 30 años contra Google, unas investigaciones ante las que Biden no se ha mostrado convencido. Al mismo tiempo, los ejecutivos de las grandes tecnológicas con sede en Silicon Valley han criticado la línea cada vez más dura de Trump con China, un gran socio comercial, y con la inmigración, una fuente de muchos empleos para el sector.

Relación con las tecnológicas

Históricamente Silicon Valley ha votado al Partido Demócrata y de hecho, sus dueños y sus empleados han sido una de las principales fuentes de financiación de la campaña de BidenSegún revela un análisis de Wired, los empleados de Alphabet (Google), Amazon, Apple, Facebook, Microsoft y Oracle han aportado casi 20 veces más dinero a Biden que a Trump desde principios de 2019.

En el ámbito de la economía doméstica el programa de Biden promete "un contrato social actualizado" que trata a los trabajadores estadounidenses y a las familias trabajadoras como algo esencial en todo momento, "no solo en tiempos de crisis, con salarios más altos, beneficios más sólidos y lugares de trabajo justos y seguros". Biden asegura que podría crear cinco millones de empleos en manufacturas e innovación.

Una posición que complementa con el freno a las rebajas fiscales a grandes empresas. Una de las grandes políticas de Trump durante sus años de mandato ha sido la rebaja de impuestos. En la propuesta de Presupuestos de febrero de este año, avanzó que se extenderá la reforma fiscal sobre rentas de las personas, incluida en la Ley de Empleos y Reducción de Impuestos, que espirará en 2025.

Esta legislación implica, entre otros aspectos, la rebaja del impuesto que pagan las empresas del 35% al 21% y en menor medida para los trabajadores. Unas reformas que para Biden se traducen en "enormes recortes de impuestos a las multinacionales más grandes sin ningún requisito de que inviertan en Estados Unidos o favorezcan los empleos estadounidenses sobre la deslocalización".