José Manuel González-Páramo (Madrid, 1958) es uno de los economistas españoles que mejor conoce la Unión Europea. Es presidente de European DataWarehouse GmbH, profesor de IESE Business School y asesor de BBVA, entidad de la que fue consejero ejecutivo entre 2013 y marzo de 2020. También forma parte de los patronatos de Bruegel, Fundación Euro América y Bretton Woods. Es copresidente del Trans Atlantic Business Council y presidente del consejo asesor de Edufin (Centro de Educación Financiera).

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Doctor por la Universidad de Columbia (Nueva York) y por la Universidad Complutense de Madrid -donde logró la cátedra de Hacienda Pública y Sistema Fiscal-, González Páramo formó parte del consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). Es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Europea de Ciencias y Artes.

El Covid-19 ha parado la actividad en un momento en el que el crecimiento de la economía española se estaba desacelerando. ¿Tenía España pocas defensas en el terreno económico para hacer frente a esta crisis? ¿Cuál era su diagnóstico hace apenas dos meses?

Antes de la irrupción de la pandemia, la economía española estaba en una senda de desaceleración debido a dos factores. Uno coyuntural, esto es, el agotamiento de los vientos de cola que ayudaron bastante a la recuperación española desde el año 2014. La política monetaria ya no podía hacerse más expansiva, los márgenes de neutralidad fiscal se estaban agotando, el tipo de cambio era razonable… Todas estas cosas que habían ayudado a la recuperación -sin ser el único factor, porque las reformas de 2013 fueron importantes- se estaban agotando.

Además, tenemos un segundo grupo de factores más estructural. España no ha aprovechado ese tiempo para combatir las raíces que hay detrás de la baja productividad de su economía. Esto hubiera requerido reformas de fondo que afectan al mercado de trabajo, al sistema educativo, a la competencia y el tamaño de la empresa, y al sistema fiscal. Son elementos de largo plazo que no se han modificado en un sentido favorecedor de la productividad. Cuando desaparecen los vientos de cola, eso se traslada al crecimiento tendencial de la economía, con un mercado de trabajo dominado por el exceso de temporalidad, con un sistema educativo donde el fracaso escolar es llamativo cuando se compara con tasas europeas, donde la formación dual no es lo suficientemente efectiva, o donde la formación continua y el reciclaje no son ejemplares.

España no ha aprovechado el tiempo para combatir los factores que hay detrás de la baja productividad de su economía

En el ámbito empresarial, hay cálculos que dicen que si las empresas españolas alcanzaran el tamaño medio de las Alemania, el 75% de las diferencias de productividad entre España y Alemania desaparecerían. Hay otro 25% que se debe a otros factores, como nuestra especialización, porque tenemos más bares o más hoteles, pero solo el pequeño tamaño empresarial jugaría este papel clave, pues merma la capacidad de innovar, de vender, de exportar y de financiarse en buenas condiciones.

Por último está el tema fiscal. Así como nuestra fiscalidad sobre las rentas del capital está alineada con la media europea, España sigue teniendo una fiscalidad muy onerosa sobre las rentas de trabajo por el peso de las cotizaciones sociales. En cambio, es relativamente menos onerosa en lo que se refiere al consumo. Una devaluación fiscal, que es como se ha llamado a la recomposición de la factura fiscal en favor de la imposición sobre el consumo para rebajar los impuestos sobre el trabajo, tendría un impacto muy importante sobre el empleo.

Si las empresas españolas alcanzaran el tamaño medio de las Alemania, el 75% de las diferencias de productividad entre ambos desaparecerían

Por resumir, la economía española venía con una dinámica en la que el agotamiento de los vientos de cola iban moderando el crecimiento, y comenzaban a asomar los factores de fondo que a largo plazo nos llevan a un crecimiento inferior a la media europea.

Usted conoce muy bien el funcionamiento del Banco Central Europeo, ¿qué valoración hace de su respuesta a la crisis del Covid-19?

Europa, y no es la primera vez que ocurre, ha respondido de manera adecuada pero de la peor forma posible a esta crisis, en medio de un debate mediático en el que aparentemente algunos miembros del Eurogrupo han querido puntuar políticamente frente a su audiencia doméstica. Pero las medidas adoptadas hasta hoy, sin entrar en lo que se pueda decidir este jueves, son de una potencia extraordinaria. Que el BCE saque el “cañón” para anunciar una medida adicional a las que ya había tomado con 750.000 millones de euros en compras de activos, que es el 6% del PIB de la UE, es una cosa extraordinaria.

También lo es que se aumenten los activos empresariales elegibles que se pueden utilizar como colateral en las operaciones de refinanciación, o que se anuncie más de una docena de operaciones de liquidez hasta junio. Son medidas que, al menos, alejan el riesgo de que se repita la crisis de deuda soberana. El mercado tiene claro que sería arriesgado repetir la dinámica que vimos entre junio de 2011 y julio de 2012, cuando el euro estuvo amenazado, y se salvó por la determinación de Mario Draghi y la respuesta, tardía pero firme, del Consejo Europeo.

El mercado tiene claro que sería arriesgado repetir la jugada que vimos entre 2011 y julio de 2012, cuando el euro estuvo amenazado

¿Y de las medidas puestas en marcha por la Comisión Europea?

También las medidas presupuestarias y de tipo fiscal aprobadas por la parte política de la Unión son muy importantes. Esta vez, Europa no ha hecho el don Tancredo. Suspendió muy al principio las reglas fiscales y modificó la regulación de ayudas de estado. También activó el fondo de cohesión 37.000 millones de euros para inversiones dirigidas a las consecuencias de la pandemia.

El BEI [Banco Europeo de Inversiones] ha puesto en marcha garantías por 25.000 millones de euros que activarán nada menos que 200.000 millones de financiación para pymes. El MEDE [Mecanismo Europeo de Estabilidad] ha propuesto -y todo lleva a pensar que se va a aprobar por los jefes de Estado y de Gobierno- una línea de hasta 240.000 millones para atender las consecuencias directas e indirectas del Covid-19 sin condicionalidad macroeconómica. Esto era algo fundamental para que fuera aceptable para los países afectados, al menos para España. Y luego ha propuesto el SURE, un mecanismo para proteger el empleo con hasta 100.000 millones de euros y que podría cofinanciar los ERTE de España.

Si se pone junto todo esto, creo que Europa ha respondido al impacto de la crisis con solvencia. Ahora tenemos que afrontar la recuperación, y Europa tiene que jugar un papel fundamental, a la altura de la enormidad de los retos. Esperemos que este jueves los políticos descubran sus cartas sobre cómo Europa debe protegernos en estas condiciones.

Europa ha respondido al impacto de la crisis. Ahora viene cómo diseñar la recuperación y tiene que jugar un papel fundamental

¿Es momento para la mutualización de deuda?

Este es un debate largo, con connotaciones políticas. Comprendo bien la posición alemana o la centroeuropea de que tiene que haber una correspondencia entre el pasivo y el activo: mutualizar la deuda sin tener mutualizadas las competencias es algo poco coherente. Puede irnos bien decir que tenemos un problema y que otros nos ayuden a pagar las consecuencias. Esto sería lo natural si tuviéramos una institución común, llamémosla Tesoro europeo, con cargo al cual se pudiera emitir deuda. En un tiempo lo tendremos, pero todavía no es el caso.

Políticamente, creo que no es muy coherente, incluso desde un punto de vista de legitimidad democrática, decir a un ciudadano europeo de cualquier país que sus impuestos van a ir destinados a sufragar las necesidades de un ciudadano de algún otro país salvo que se haga muy explícito el por qué.

No es coherente decir a un ciudadano europeo de cualquier país que sus impuestos van a ir destinados a sufragar las necesidades de un ciudadano de otro país

Cosa bien distinta es apelar a la solidaridad, con una financiación común canalizada a los más afectados. Esta es una situación excepcional, en la que los países no han tenido responsabilidad directa. No se puede decir que haya riesgo moral. ¿Es esto una base para pedir una mutualización de la ayuda? Creo que sí, pero no le llamemos ni eurobonos, ni coronabonos. Europa debe protegernos solidariamente en la salida de la crisis.

¿Es acertada la posición de España en este debate?

La posición de España se acerca mucho a la propuesta francesa, que propone utilizar el instrumento que ya hay -el presupuesto europeo- o crear un fondo nuevo, un vehículo que pueda emitir títulos que asuman todos los países para sufragar las necesidades de recuperación de las economías más dañadas. Es una financiación mutualizada para atender de manera más intensa a países como España o Italia, y es más que razonable. Hay cierta lógica a que los eurobonos esperen a que hayamos construido un sistema de desempleo común, o hayamos puesto en marcha la fiscalidad europea de las grandes empresas digitales o la fiscalidad del Co2 y otros impuestos medioambientales. Cuando todo esto sea europeo, tendremos un Tesoro común que podremos financiar emitiendo eurobonos.

Ese paso exigirá más convergencia económica y por tanto, deberes para España...

Sin duda alguna, requiere un esfuerzo grande y visión de futuro. Hay que entender que si queremos ser europeos en todas las dimensiones, especialmente en la del gasto, tenemos que serlo también en la de las competencias y los ingresos. No me escandaliza pensar en que el seguro de desempleo tuviera un tramo europeo y otro nacional, del mismo modo que en España existe un IRPF autonómico y otro central. Si llegásemos a esa situación, empezaríamos a avanzar en el camino. Pero para eso hace falta un compromiso político, y entender que hay que renunciar a competencias y soberanía. Es interesante volver a recordar que esas cesiones merecen la pena cuando son para compartir con otros un objetivo común.

Si queremos ser europeos en todas las dimensiones, especialmente en la del gasto, tenemos que serlo también en la cesión de competencias e ingresos

¿Estamos ante una oportunidad para impulsar la Unión Europea?

Es una oportunidad única para impulsarla, para hacer ver a los ciudadanos que Europa responde como se espera. Creo que es un momento existencial para la Unión, de la misma magnitud, al menos, que la crisis financiera de 2008, cuando se hablaba de romper el euro, y se terminó imponiendo la visión de que es más lo que compartimos que lo que nos separa. La Unión Europea es algo más que una moneda, es una forma de entender el mundo e influir en él. Ahora es el momento en el que se tiene que dar contenido a ese principio. Tenemos esas voces discrepantes que consideran Europa un patio de mercaderes, pero no es, por fortuna, la visión dominante.

Para estar a la altura de lo que se espera de ella, Europa debe responder con una enorme determinación, con liderazgo ante lo que viene, que no es solo superar la pandemia, sino también superar el miedo de la gente, esa sensación de desprotección e incertidumbre. Tiene que actuar con humildad, con medidas que estén articuladas con las nacionales, pero que manifiesten la idea de que Europa es un paraguas de protección y un proyecto futuro.

Debemos entender que hay que renunciar a competencias y soberanía. Volver a recordar que esas cesiones merecen la pena cuando son para compartir un objetivo común

 A nivel nacional, ¿qué puede hacer España para acelerar el impulso de la economía y salir reforzada de esta crisis?

Es muy complicado, porque la respuesta tiene que ver con la situación política. De entrada, España ha reaccionado en la línea de otros países europeos. Lo ha hecho bien en el tema de subsidios, los ERTE, la liquidez, el retraso del pago de impuestos... Es importante intentar mantener las rents y el sistema de pagos, así como reducir los costes de funcionamiento a las compañías. Es discutible si la cuantía es generosa o no, pues no estamos a la cabeza de Europa en esto, pero se entiende porque la situación presupuestaria cuando empezó la crisis no era igual de boyante que en otros países. España debe seguir en esa línea porque nos queda un tramo para pasar este primer choque de la pandemia.

Asimismo, hay que entender que el liderazgo y la determinación son fundamentales. Hay que transmitir a la población que hay incertidumbre, pero que nadie ponga en duda la decisión de nuestras autoridades. Eso implica dar voz a los expertos, no solo del mundo sanitario, sino a expertos de todo origen, que tengan algo que aportar a la salida de la crisis. Miremos a Italia con Vittorio Colao, eso da confianza. Los cambios continuos de criterio o de cifras no la dan.

¿Cuáles son las claves de la reconstrucción a más largo plazo?

Aparte de esas medidas de tipo presupuestario, espero que se sustente un consenso amplio, que parece que se empieza a fraguar. Que se entienda que a medio plazo hay que afrontar los problemas del mercado de trabajo, más allá de la ideología. Es importante que tengamos una regulación laboral que fomente el trabajo fijo, pero sin costes excesivos de ajuste, que prime los convenios de empresa y la flexibilidad. Esa flexibilidad que ha dado lugar, por ejemplo, a los ERTE, que ahora permiten que cientos de miles de trabajadores puedan seguir vinculados a sus empresas. Necesitamos más flexibilidad, sin perjuicio de la protección de los trabajadores.

También hay que entrar a fondo en las disfunciones del sistema educativo, hay que favorecer el aumento del tamaño empresarial y una fiscalidad más favorable a la creación de empleo. Esto es básico. Pero si miramos a futuro, hay medidas que van a implicar a Europa con posibilidades de cofinanciación para ofrecer a la población soluciones a la altura de sus expectativas.

Hay que transmitir que hay incertidumbre, pero que nadie ponga en duda la decisión de las autoridades. Eso implica dar voz a los expertos. Miremos a Italia con Colao

¿Qué tipo de inversiones?

La gente más joven pide que seamos decisivos en combatir el cambio climático y el monto de inversiones para la próxima década para mitigar sus riesgos es muy importante. También hay que abordar el reto de la economía digital. Ahora estamos viendo lo necesario que es tener una buena banda ancha, pero hay desigualdad en el acceso a lo digital. Por último, la pandemia no es una anécdota. En un mundo interconectado, la posibilidad de que en un futuro vuelvan a surgir problemas de tipo sanitario es muy alta. En este siglo, hemos tenido ya varios episodios con la gripe aviar, el SARS... Esto requiere reforzar el sistema sanitario y su capacidad de respuesta a emergencias. Algunos creíamos que teníamos el mejor sistema sanitario del mundo. Creo que tenemos los mejores sanitarios del mundo, pero dudosamente el mejor sistema de gestión. Esto es evidente, hay que mejorarlo y eso requiere mucha inversión.

Tenemos los mejores sanitarios del mundo, pero no el mejor sistema. Esto es evidente, hay que mejorarlo y eso requiere mucha inversión

Esas inversiones en el futuro complementarán a las medidas en los frentes estructurales que hacen que nuestra productividad sea baja. Serán decisiones coordinadas con la UE, que cada vez va a volcarse más en esta agenda de transición ecológica y economía digital.

Al comienzo de esta entrevista aludía al tamaño de la empresa y los problemas estructurales que lastran la competitividad de nuestra economía. ¿Cómo se puede abordar este reto?

En esta primera fase de la crisis, se ha visto que hay pymes que ni siquiera están en el radar del ICO. Se ha demostrado que la banca relacional en España hoy es una gran ventaja, porque quienes conocen a las micropymes son los bancos. Hacer sobrevivir tanta microempresa en España es una tarea hercúlea, y habrá que esmerarse en hacerlo porque no se puede renunciar a intentar salvar el tejido productivo para lo que venga después.

De momento, la tarea debe centrarse en que todo el sistema de pagos siga funcionando, que las familias sigan teniendo recursos para gastar aunque sea en forma de moratorias en alquileres o de aplazamientos fiscales. Y lo mismo con las pequeñas compañías, es decir, tratar de que aunque sea con un respirador asistido, con ayuda del Gobierno y avales bancarios, se mantenga el sistema funcionando.

Hacer sobrevivir tanta microempresa en España es una tarea hercúlea, pero no se puede renunciar a intentar salvar el tejido productivo

Luego se demostrará que algunas empresas sobrevivían con una rentabilidad muy baja gracias a que el coste de la deuda era muy bajo, y eran insolventes. Otras podrán recuperar la actividad. Pero la prioridad debe ser mantener el sistema financiero, el sistema de compañías y el sistema de familias en actividad durante este tiempo tan anormal en el que ha tenido que cesar la actividad por razones de tipo sanitario.

La comisión parlamentaria ¿es un buen marco para alcanzar acuerdos concretos que sirvan para abordar todas esas reformas que se deben emprender a medio plazo?

Creo que es mejor que un acuerdo esté muy enfocado y no sea una mera declaración de intenciones. Eso defraudaría a la población. La gente requiere respuestas a las cosas que le preocupan, y para eso hay que demostrar liderazgo, capacidad de acordar. No es momento de buscar culpables, es el momento de mostrar empatía. La gente tiene miedo físico, teme perder el empleo, está preocupada por sus hijos… Ante esto, hay que demostrar capacidad de respuesta. Es importante estar seguro de que hay alguien al mando y que está orientado de la mejor manera posible. Este es el imperativo, salir del pequeño debate, del regateo político, y responder a la necesidad. Demostrar que sigue funcionando el sistema y que hay un futuro por delante.