Natalia Kidd

Buenos Aires, 31 ene (EFECOM).- Cada argentino debería pagar casi 7.000 dólares para deshacerse de uno de los principales lastres de su país, la pesada deuda externa, una piedra en la que de forma recurrente tropieza la segunda economía suramericana, que bien se ha ganado su fama de "deudor serial" en casi dos siglos de frecuentes impagos.

La historia de la deuda externa de Argentina, que hasta un museo propio tiene en Buenos Aires, comienza a escribirse en 1824, apenas unos años después de la declaración de la independencia, cuando el país solicitó a la banca inglesa Baring Brothers un empréstito por 700.000 libras esterlinas.

Tan sólo tres años después entró en suspensión de pagos y tardó treinta años en regularizar su situación, en el que supuso el primero de cuatro episodios severos de "default" (el último fue en 2001) a los que se suman otros cuatro más leves.

El segundo episodio, conocido como el "pánico de 1890", se generó principalmente por la bancarrota a la que casi llega la Baring Brothers por el exceso de crédito otorgado a Argentina.

La especulación financiera que creció al calor de las políticas liberales del Gobierno del presidente argentino Miguel Juárez Celman (1886-1890) creó una burbuja que estalló con la quiebra del Banco Constructor de La Plata y desencadenó otro impago que duró cuatro años.

Pero la verdadera "bola de nieve" de la deuda comenzó a engordar y rodar durante la última dictadura militar (1976-1983).

EL "CRACK" DEL 2001

La década de 1990 fue otra etapa de fuerte endeudamiento para sostener la paridad entre el peso y el dólar estadounidense, que culminó con la crisis de finales de 2001 y la declaración del hasta entonces mayor cese de pagos de la historia moderna.

Argentina llegó a ese punto con una deuda de 127.000 millones de dólares -equivalente al 160 % del PIB-, tras un "blindaje" de 40.000 millones de dólares prestados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y un "megacanje" de bonos.

El "default" afectó a un volumen de deuda de 102.000 millones de dólares.

"Vamos a tomar el toro por las astas. En primer lugar anuncio que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa", comunicó el 23 de diciembre de 2001 el entonces presidente interino Adolfo Rodríguez Saá ante un Parlamento que en su mayoría aplaudió de pie una medida por la que Argentina tardaría quince años en normalizar su relación con el mundo financiero global.

En 2005, logró una adhesión del 76,15 % para su oferta de reestructuración de los bonos en mora, que implicaba una quita nominal del 65,4 %. El canje fue reabierto en 2010 y Argentina elevó el nivel de adhesión al 92,4 %.

BUITRES AL ACECHO

Los acreedores que rechazaron la reestructuración en buena parte acudieron a tribunales internacionales para exigir el pago de las deudas.

Las batallas más aguerridas las dieron fondos de inversión especulativos, los "fondos buitre" como los llamaron en Argentina, en tribunales de Nueva York, donde el país sufrió varios reveses judiciales.

Para cobrar lo reclamado, los litigantes emprendieron acciones en todo el mundo en busca de activos argentinos que pudieran ser embargados.

El punto culminante de la batalla legal por la deuda fue en 2012, cuando la fragata Libertad, el buque escuela de la Armada argentina, estuvo retenido durante 77 días en un puerto de Ghana después de que un juez de ese país admitiera un petición de embargo del fondo de NML.

El capítulo no resuelto de la deuda de 2001 -por el que en 2014 Argentina recibió una calificación de las agencias de "default selectivo"- mantuvo al país fuera de los mercados internacionales de deuda durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015).

REGRESO AL ENDEUDAMIENTO

Fue el Gobierno del conservador Mauricio Macri (2015-2019) quien en 2016, apenas asumido el Ejecutivo, llegó a un acuerdo con los acreedores litigantes para regularizar la deuda y retornar a los mercados que fue el punto de partida para el período de mayor endeudamiento externo de Argentina en las últimas décadas.

Según un reciente informe del Centro de Investigación y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos, medido en precios actuales, el endeudamiento creció a un ritmo de 10.306 millones de dólares anuales durante la dictadura, de 3.738 millones entre 1990 y 2001, de 921 millones en los gobiernos kirchneristas y de 32.500 millones en los tres años de Macri.

La información de la Secretaría de Finanzas indica que la deuda bruta era de 240.665 millones de dólares (52,6 % del PIB) a finales de 2015, cuando Macri asumió el Ejecutivo, y de 311.251 millones de dólares (91,6 % del PIB) en septiembre pasado, último dato disponible.

La carrera de endeudamiento incluyó una inédita colocación en 2017 de un bono a cien años, en dólares y un rendimiento del 7,9 % anual, y la firma en 2018 de un rescate con el FMI de 56.300 millones de dólares, de los cuales se han desembolsado unos 45.000 millones.

Con una acelerada fuga de capitales, la economía en recesión desde 2018 y costes de financiación cada vez más elevados, Macri terminó por diferir el pago de la deuda de corto plazo en moneda local y admitiendo la urgencia de negociar una extensión de los plazos de pago.