El Banco Santander ha admitido ante los accionistas que pensaba que el fichaje del italiano Andrea Orcel como consejero delegado del grupo le saldría más barato, especialmente porque la entidad ha sido durante muchos años un cliente importante de UBS, el banco helvético en el que trabajaba.

Según ha explicado el consejero coordinador y presidente de la comisión de nombramientos y de la comisión de retribuciones, Bruce Carnegie-Brown, cuando el banco anunció a finales de septiembre el nombramiento de Orcel como consejero delegado lo hizo sin poder determinar con seguridad lo que le costaría.

El Banco Santander había acordado la retribución anual que cobraría el hasta entonces banquero de inversión cuando se incorporara al grupo presidido por Ana Botín. Sin embargo, en ese momento era imposible determinar el coste que tendría para la entidad pagar el bonus acumulado por sus responsabilidades en UBS.

Por eso, ha justificado este viernes Carnegie-Brown, se procedió al nombramiento de Orcel en base a una estimación razonada del coste, de acuerdo con el asesoramiento que recibió, los precedentes y las expectativas de que podría revisarse a la baja esas retribuciones diferidas, que rondaban los 55 millones de euros.

Además, ha admitido, Santander esperaba que esa cantidad se redujera teniendo en cuenta muy especialmente que durante muchos años había sido un cliente importante para UBS.

Anteriormente, durante su discurso la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, ya había explicado que en enero el consejo de Banco Santander decidió no fichar a Orcel como consejero delegado del grupo al considerar "inaceptable" el coste que habría supuesto contratarle. También se felicitó de poder seguir contando con José Antonio Álvarez como su "número dos", además de vicepresidente del consejo de administración.

"Seguiremos trabajando juntos y con resultados tan positivos como los que hemos obtenido durante los últimos años", un comentario de Botín elogiado posteriormente por uno de los primeros accionistas en tomar la palabra. Sin embargo, el propio Álvarez ha avanzado que los resultados del primer trimestre de 2019 se han visto afectados por menores ingresos del negocio mayorista en un entorno de mercados "difícil para el sector" y el ajuste por la elevada inflación en Argentina, si bien los clientes, los volúmenes y la calidad de balance "siguen aumentando".

Excluyendo estos impactos, el grupo afirma que los ingresos de los clientes crecen en línea con lo esperado, los costes "empiezan a reflejar las sinergias" de las integraciones en Europa y la mejora en el apalancamiento operativo en EEUU, a la vez que "se mantienen controlados" en las unidades en las que el grupo está invirtiendo en aumentar la capacidad de distribución, como México.

Asimismo, el coste del crédito se mantiene por debajo del 1% y se han contabilizado cargos por 100 millones de euros que incluyen los "procesos de optimización" que la entidad está realizando en Reino Unido y Polonia.

PREVÉ MÁS FUSIONES EN EL SECTOR A NIVEL LOCAL

Por otro lado, Álvarez prevé que sigan teniendo lugar fusiones y adquisiciones en el ámbito local, pero cree que para la consolidación del sector a nivel paeuropeo es "imprescindible" avanzar en la unión bancaria para la creación de entidades "fuertes, rentables, con estructuras más sencillas y procesos más ágiles".

En este sentido, y en lo que respecta a Santander, el consejero delegado ha reiterado que la integración de Popular avanza "por delante de lo previsto", pues ya ha sido completada la integración jurídica y unificados los equipos de los servicios centrales y las territoriales, contando con una plataforma única. Este fin de semana se acometerá la integración tecnológica de Cataluña y Canarias, con lo que ya se habrán integrado unas 600 oficinas, que representan el 40% de la red de Popular.