Berlín

En Europa hay unos 6.000 bancos. Componen un heterogéneo elenco. Entidades alemanas como el L-Bank de la región de Baden Württemberg (suroeste) o el especializado en agricultura e industria de la alimentación Landwirtschaftliche Rentenbank figuran, por ejemplo, entre los cinco primeros de la lista de 50 bancos más seguros de Europa elaborada recientemente por la revista estadounidense del sector Global Finance. En esa relación, que tiene como número uno al también germano Kreditanstalt für Wiederaufbau, no figura ninguna entidad española.



A estas alturas no puede obviarse la existencia de otras entidades, como la igualmente alemana Deutsche Bank, que han llegado a ganarse el calificativo de amenaza para el sistema financiero. “Entre los bancos con importancia sistémica, Deutsche Bank parece el mayor contribuyente neto a los riesgos sistémicos”, se lee en el informe sobre Alemania del Fondo Monetario Internacional (FMI) publicado el pasado mes de junio. En términos de peligrosidad, de acuerdo con el FMI, figuran por detrás de Deutsche Bank el británico HSBC y el suizo Crédit Suisse.



“No todos los bancos están igual de bien o de mal, hay segmentos en el sistema bancario europeo muy débiles, hay otros que han superado mejor las dificultades”, dice a EL ESPAÑOL Santiago Fernández de Lis, responsable de sistemas financieros y regulación en el servicio de estudios del banco español BBVA. Él conviene en describir al sector bancario europeo como “un paciente que ha salido de la UVI, pero que sigue en el hospital y que aún no está preparado para correr una maratón”. “El sector no está funcionando a pleno rendimiento”, abunda.



Fernández de Lis estuvo en Berlín esta semana para exponer el caso del sistema bancario español como un reconocido ejemplo de salida con éxito de la crisis. Lo hizo en la conferencia sobre estabilidad financiera organizada en la Escuela Europea de Administración y Tecnología de Berlín, cuyo edificio de marcada arquitectura comunista fue otrora sede del Consejo de Estado de la extinta República Democrática de Alemania.

Para los participantes fueron objeto de apreciación unánime los “desafíos múltiples e inmediatos” a los que se enfrenta un sector bancario con problemas de rentabilidad, según Piers Haben, el director de supervisión de la Autoridad Bancaria Europea, una agencia de la UE con funciones regulatorias y afincada en Londres. “Los bajos tipos de intereses, la permanencia de los créditos no rentables y la eventual competición de fintech”, son los mayores retos de la industria que Haben enumera a este diario. Por 'fintech' se entiende la aplicación de las nuevas tecnologías los servicios financieros.

BAJOS TIPOS DE INTERÉS, GOLPES PARA EL SECTOR

La política del Banco Central Europeo de tipos bajos de interés está, de hecho, “golpeando a todos” en el sector, recuerda a este periódico Dirk Schoenmaker, investigador del prestigioso think tank especializado en asuntos económicos Bruegel, con sede en Bruselas. Además, en algunas partes de Europa los préstamos no rentables se están convirtiendo en un preocupante escollo. Representan, de media, un 5% del total de los créditos. Hace diez años el porcentaje era de un 1,5%. Por otra parte, “fintech ahora representa una parte pequeña del mercado, pero crecerá”, augura Haben.

En este contexto, “los bancos están bajo presión por su baja rentabilidad”, afirma a El Español Elena Carletti, profesora de Finanzas en la Universidad Comercial Luigi Bocconi de Milán. Ella ha liderado los trabajos de la Junta Europea de Riesgo Sistémico – organismo con sede en Fráncfort que vela por la estabilidad financiera en Europa – para la realización de un estudio sobre el comportamiento de los bancos en el complicado contexto actual. El informe se publicará a finales de este mes.

“Debido a la contracción de los márgenes de los intereses, los bancos están bajo presión, por esto tratan de ir ahora en busca de esa rentabilidad”, explica. En su estudio, ha detectado dos destacados modos con los que los bancos buscan aumentar la rentabilidad. A saber, “relajando estándares a la hora de conceder créditos, corriendo más riesgos para conseguir mejores márgenes de beneficio, y centrándose en actividades que les permitan cobrar tarifas, por ejemplo, a través de préstamos sindicados o ofertas públicas de venta”, abunda Carletti.

CAMBIOS EN EL MODELO DE NEGOCIO

En suma, para ella, “los bancos están cambiando un poco su modelo de negocio”. En este sentido Dirk Schoenmaker, el investigador de Bruegel, afirma que el tradicional “modelo de negocio de los bancos está bajó presión”. Es más, en la actualidad, “en Europa se está produciendo una reducción del sector bancarios”, según él.

Fernández de Lis, el investigador del servicio de estudios del banco español BBVA, subraya que el “sector bancario está en un proceso de transformación muy intenso”. Mucho de esta transformación se debe a que se esté avanzando hacia una regulación más estricta para la industria.



Fernández de Lis compara la regulación financiera con un “péndulo que tiene ciclos muy largos”. “La crisis de los años treinta implicó una ola de regulación que duró hasta los años setenta; después hubo una liberalización que llevó hasta 2007 y 2008; y ahora el péndulo se mueve de nuevo hacia una regulación más estricta”, aclara este experto. Después de la crisis financiera de 2007 y 2008, el sector se comprometió, entre otras cosas, a fortalecer sus requerimientos de capital propio de cara a 2019. El 31 de marzo de ese año se implementaran los Acuerdos de Basilea III de regulación bancaria.

En este contexto, Schoenmaker plantea, tomando Irlanda y España como ejemplos de países donde se ha reducido de un tiempo a esta parte el número de prestamos no rentables, “que otros países tal vez deban reformar sus sistemas bancarios”. Por aludidos han de darse, especialmente Portugal, Grecia e Italia. Para estos países, el problema de los créditos no rentables “pone en desventaja a su sistema bancario”, según este experto.

FINTECH PRESIONA A LA BANCA TRADICIONAL

Fintech se ha constituido en otro elemento de presión para las entidades bancarias tradicionales. Éstas, más o menos afectadas por el lastre de la crisis, tienen ahora que competir con ágiles actores especializados en el desarrollo de nuevas tecnologías y desprovistos de traumáticas experiencias pasadas.

“Una entidad tradicional cuando sufre una crisis tiene un legado del que tiene que desprenderse gradualmente, hace falta tiempo para limpiar los balances, y también ha de mejorar la gobernanza y los accesos a los mercados, todo esto lleva tiempo”, plantea Fernández de Lis. En ese “legado” - o que otros llaman “lastre“ - se encuentran las millonarias sanciones que han debido pagar bancos europeos por su comportamiento. Así, Deutsche Bank se enfrenta a una multa de 14.000 millones de dólares (unos 12.400 euros) por fraude en la venta entre 2005 y 2007 de valores vinculados a las hipotecas basura, responsables de la crisis financiera de 2008.

“Los nuevos actores vienen sin lastre, no tienen mochila a las espaldas, son más ágiles y, en negocios que requieran agilidad, tienen ventaja frente a los bancos”, reconoce el investigador de BBVA, aludiendo a los actores de Fintech. Éstos, según Carletti, también “están poniendo bajo presión a los bancos en su principal modelo de negocio”, porque “son entidades que no son bancos y que están ofreciendo bancos sin estar sujetos a la misma regulación de los bancos”.

Con todo, la banca, aunque más lenta que otros sectores en adaptarse a las nuevas tecnologías, apostará por ellas. “Las nuevas tecnologías están ofreciendo herramientas muy útiles para el cliente bancario”, reconoce Fernandez de Lis. De ahí, por ejemplo, la reciente presentación del servicio de BBVA que permite abrir una cuenta bancaria con un selfie o a través de una videoconferencia, algo que, de momento, sólo ofrece esta entidad en España.

Fernandez de Lis asume que aunque lleva tiempo resolver las crisis bancarias, “en esta ocasión no tenemos mucho más tiempo”. Por eso, todavía en la Autoridad Bancaria Europea aún esperan “que los bancos se adapten al nuevo contexto”, según Haben. De hacerlo, según concluye Carlotti, el banco del futuro en Europa tendrá que ser “más flexible”, aunque eso pase por “encoger un poco”, con “unas actividades totales que tal vez vayan a menos” y “ser muy cuidadoso” a la hora de evaluar de dónde extraer beneficios. Todo esto, claro está, siempre y cuando se mantengan las previsiones de escaso crecimiento económico.

Noticias relacionadas