Primero, el mundo académico fue el refugio de la recopilación, preservación y transmisión del conocimiento. Hablamos de la era de los escribas o de los siete sabios de Grecia, pero también del modelo universitario que ha regido en medio mundo hasta hace apenas unas décadas. Llegó entonces una revolución a medias, un intento de impulsar la formación práctica por encima de la mera memorización de contenidos. Pero la Academia siguió valorando -quizás por metodología, quizás por los perfiles que seguían dominando los rectorados- la teoría por encima de la práctica. El saber por encima del hacer.

Pero en un mundo como el actual, donde el conocimiento está disponible a un solo par de clics y la especialización de la tecnología requiere cada vez perfiles más técnicos, cabe preguntarse si ese modelo es el correcto, si memorizar esa información proporciona alguna ventaja en el mercado laboral o si, como ya están haciendo en EEUU o Alemania, deberíamos primar el aprendizaje práctico en su máxima expresión. Máxime en un campo tan dinámico y exigente como es la programación informática.

Surgen así propuestas universitarias que van más allá de la regulación vigente y que prometen una formación no sólo 100% práctica, sino en la que los alumnos puedan trabajar directamente en proyectos reales de empresas como base de su entrenamiento. Es el caso del centro parisino 42 o de la Holberton School of Software Engineering en San Francisco. Una lista a la que hemos de unir el Immune Institute, en Madrid.

Como puede adelantar INNOVADORES, el centro de estudios superiores abrirá sus puertas en enero de 2019 en una localización cercana a la Plaza de Castilla, la cual se encuentra actualmente en obras. Contará con 12 profesores ("preferimos llamarlos 'jedis', porque el objetivo es que los alumnos recurran a ellos lo menos posible y traten de resolver los problemas entre ellos, de forma colaborativa", explica Juan Riva, fundador del centro) y un responsable de corporate que será el encargado de traducir las necesidades de las empresas participantes al cuerpo docente.

La enseñanza estará distribuida en torno a una treintena de actividades, consistentes en proyectos reales propuestos por las 15 empresas colaboradoras (entre las que nos podríamos encontrar bancos, consultoras, logísticas y también tecnológicas como SAP, como ha podido averiguar este medio).

Estas empresas serán las encargadas de adaptar el programa curricular a sus propias necesidades pero, además, recompensarán a los estudiantes por ayudarles a resolver sus propias casuísticas. Hasta el punto de que cada uno de los tres cursos del programa universitario (10.000 euros/año) podrá ser abonado totalmente por las compañías una vez se superen los retos propuestos.

Todo ello gamificado, con ritmos de tiempo flexibles y una carga del 20% de conocimientos transversales (negocios, marketing, derecho, finanzas...) para complementar el "perfil ideal de CTO o emprendedor".

El campus de Madrid es el primero de un ambicioso plan internacional, que pasa por consolidar el modelo de negocio (Immune planea facturar diez millones de euros en cuatro años) y llegar a países como Alemania.

Esta semana se ha abierto el plazo online para inscribirse en las pruebas de acceso de Immune Institute.

Formación en pequeñas dosis

Immune Institute apuesta por promociones pequeñas en su curso de tres años (unos 100 alumnos al año, captados en entre dos y cuatro convocatorias cada curso) pero también ofrecerá programas de actualización técnica de tres meses («centrados en lenguajes como Pyhton, R o Elixir», explica Eduardo Cermeño, su director académico) y cursos ejecutivos de tres semanas en áreas como blockchain, ciberseguridad, criptomonedas o inteligencia artificial.

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