Madrid

Luisa, Araceli, Maica y Javier son cuatro de los más de la veintena de jubilados que desde este mes de abril acuden en martes alternos al Madrid Innovation Lab (MIL), el centro de innovación que abrió sus puertas hace unos meses en el madrileño barrio de Chamberí. 

El objetivo de este espacio, impulsado por el Ayuntamiento de Madrid, es “convertirse en un centro de referencia en materia de inteligencia artificial y nuevas tecnologías”, según el consistorio. 

Por eso sus 400 m2 están preparados para acoger a emprendedores y startups del sector IA, así como a inversores, centros de investigación y académicos que busquen un lugar de encuentro y colaboración.

Con esta descripción sobre el papel, resulta llamativo que quienes ocupan este espacio durante unas pocas horas cada semana sean los vecinos de más edad del barrio. Organizados en mesas, es inevitable que la imagen evoque a esas partidas de cartas que tienen lugar casi a diario en los llamados ‘Centros de mayores’, donde, además de realizar una actividad de ocio, mantienen contacto con otros vecinos e incluso aprovechan para hacer nuevas amistades.

Pero sobre esas mesas no hay barajas de cartas. Su lugar lo ocupan teléfonos móviles, alguna tableta e, inevitablemente, algún cuaderno en papel donde toman notas. Aprenden a usar sus dispositivos digitales “para no quedarnos fuera de la sociedad”, afirma Araceli, que, hasta el momento de su jubilación, fue inspectora de educación.

Ilusión por aprender

Esa sensación de estar al margen del cambio que están promoviendo las herramientas digitales se repite en todos y cada uno de los alumnos que asisten a estas jornadas, independientemente de su nivel de conocimientos.

Hay quienes hasta ahora sólo habían usado WhatsApp “y poco más”, mientras que los más avanzados han empezado a sacar provecho a sus smartwatches para hacer un seguimiento de aspectos básicos relacionados con su salud.

Alumnos del Programa Apptitud del MIL durante una clase.

“La tecnología va muy rápido y necesitamos actualizarnos, necesitamos sentir que estamos vivos y que formamos parte lo que está ocurriendo”, defiende Maica, dedicada al a abogacía durante su vida profesional hasta hace 10 años.

Somos mayores, pero no idiotas. Saber usar el teléfono móvil hoy es una necesidad para no convertirnos en analfabetos [digitales]”, añade contundente Araceli, a las preguntas de esta periodista sobre las motivaciones que le animaron a formar parte de este grupo de aprendizaje. 

Luisa, que fue propietaria de una tienda de ropa de alta costura, quiere “aprender a moverse con su teléfono y usarlo en su vida cotidiana”. Cuenta orgullosa que su negocio no vivía al margen de la digitalización: “Tenía página web y redes sociales, pero era otra empresa la que se ocupaba de gestionarlo todo”.

Javier, antiguo empleado de banca, también quiere “aprender a moverse con las apps”, y ya le ha encontrado otra utilidad a estas enseñanzas que imparten en el MIL: “trabajar la memoria”.

Romper la brecha

Como ocurre con la mayoría de las acciones que nacen en los barrios, la iniciativa de formar este grupo surgió de manera espontánea. En este caso uno de sus vecinos, Antonio Ferreiro Chao, sintió curiosidad por conocer el nuevo centro. “Durante la visita nos explicaron que estaba dedicado a las nuevas tecnologías y que uno de sus propósitos era romper la brecha de entrada entre las personas mayores”, relata.

A partir de ahí, sólo tuvo que difundir a través de WhatsApp –de nuevo, la herramienta que de forma natural ha acercado a muchos ciudadanos al mundo digital– la idea de reunir a un grupo de vecinos para promover su formación en el uso de aplicaciones y dispositivos para que el proyecto, bautizado como Programa Apptitud, se materializara.

“Cuando pusimos en marcha el MIL, nuestra idea era que se convirtiera en un lugar de referencia en el ámbito de la inteligencia artificial para startups, empresas, universidades… Pero cuando al centro se le propuso el uso del espacio para reducir la brecha digital entre las personas mayores, nos dimos cuenta de que la tecnología va mucho más allá y apoyamos la iniciativa”, explica el concejal delegado de Innovación y Emprendimiento del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Niño, a D+I

Cómo utilizar el DNI electrónico, moverse en redes sociales, abrir una cuenta en el banco, comprar entradas por internet o usar Google Maps son parte de los contenidos que se imparten en estas clases. “Buscamos que sepan hacer uso los servicios electrónicos, pero también acercar el centro al barrio”, asegura Niño.

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