Las monedas son un universo apasionante. Cada pieza se convierte en un pedacito de la historia de un país y de la vida de todas las personas e instituciones por las que ha pasado en algún momento de su largo camino. Una trayectoria que se acrecienta con el paso de los años y es que lo normal es que una moneda tenga una existencia casi eterna que se alargue a través de las décadas y de los siglos.

Es precisamente esta capacidad de ser casi incorruptible al paso del tiempo lo que termina otorgando un valor especial a algunos de estos ejemplares. Sin embargo, en esta cuestión también entran en juego factores como el diseño, el material, la ocasión o el motivo por el que fueron creadas y el número de elementos que se crea que existen.

Un caso muy particular es el que viven muchos españoles con las pesetas, ya que hay algunas personas que tienen guardados en sus casas, y en muchos casos olvidados, auténticos tesoros por los que se pueden llegar a pagar hasta decenas de miles de euros. Es lo que sucede por ejemplo con las pesetas de los años 40 y 50. 

¿Cómo puede valer una moneda de 5 pesetas hasta 36.000 euros?

Muchas veces encontramos en el bolsillo de un pantalón viejo o en el fondo de un cajón una moneda olvidada. Y cuando nos ponemos a mirarla, ni siquiera es un euro, sino que se trata de una extinta peseta. Por eso, y por la pereza que siempre ha dado el hecho de ir a cambiarlas, hacemos oídos sordos a su llamada. Sin embargo, a veces esto supone un error mayúsculo. 

Tal y como cuenta el experto Javier Mercado, el valor de algunas de estas monedas que ya están fuera de circulación puede llegar a dispararse en función de algunos criterios. Uno de ellos puede ser su año de acuñación. Otro puede ser su rareza. Y también pueden afectar si guardan alguna particularidad como un error en su creación o incluso algún rasguño o desperfecto de guerra. 

Pesetas.

Una tirada muy particular son las monedas de 5 pesetas, muy famosas en España durante todo el siglo XX. Sin embargo, en función de los factores citados anteriormente, estas pueden valer una fortuna. Por ejemplo, la mayoría de las monedas de 5 pesetas de Franco creadas entre 1940 y 1960 no tienen valor alguno. Pero hay casos únicos realmente espectaculares. 

Por ello, siempre hay excepciones como sucede con las monedas de 1949 y 1957. Durante esos años se hizo una menor tirada de ejemplares y por lo tanto su valor sube. La clave para estas monedas es que sean catalogadas como ejemplares 'casi sin circular' o 'sin circular'. Ahí pasan de valer unos pocos euros a ser auténticos tesoros. 

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Por ejemplo, en el caso de las monedas cuya acuñación fue en 1949, existe una enorme variedad, ya que se crearon hasta cinco tipos. Aquellos que tuvieron una tirada mínima, ahora se han convertido en auténticas joyas. De hecho, sus pecios pueden ir desde los 12.000 euros incluso hasta los 36.000. 

¿Cómo saber si alguna de nuestras monedas vale una fortuna?

El experto Javier Mercado explica una manera sencilla de intentar saber si tenemos en nuestra casa un ejemplar que puede valer una fortuna o si simplemente es una reliquia histórica sin importancia alguna. Para este erudito en la materia es muy importante fijarse en los números troquelados en las dos estrellas que se sitúan alrededor de la palabras CINCO dentro de la propia moneda. 

  • Moneda de cinco pesetas troquelado *19*49: puede alcanzar un valor máximo de 20 euros. 



  • Moneda de cinco pesetas troquelado *19*50: se ha vendido por un valor máximo de 20 euros.



  • Moneda de cinco pesetas troquelado *19*51: ha alcanzado valores de 6.000 euros. 



  • Moneda de cinco pesetas troquelado *19*52: esta es la moneda más cara y puede alcanzar un valor de hasta 36.000 euros. 



  • Moneda de cinco pesetas troquelado *E*51: tiene un valor máximo de 5 euros. 

Si tenemos en nuestro poder las monedas más preciadas de la citada época, estas podrían terminar siendo subastadas entre coleccionistas y amantes de la numismática por valores de varias decenas de miles de euros. Sin duda, un tesoro escondido que podría cambiarnos la vida a cambio de una moneda que estaba olvidada en un cajón.