La ciencia y la investigación llevan años reclamando recursos contra la precariedad del sector: poca inversión, retrasos en las ayudas y malas condiciones laborales para los investigadores. La pandemia ha desvelado algunos de estos problemas, al ver que el sector no estaba preparado para una emergencia sanitaria como la que atravesamos, revelando así la importancia de la investigación. Sobre ella se apoya el avance tecnológico, científico e incluso cultural de las sociedades.

La crisis del coronavirus ha hecho que los investigadores trabajen a contrarreloj para encontrar una vacuna y proveer de herramientas suficientes para controlar la enfermedad, como las pruebas de diagnóstico y los medicamentos. “La pandemia ha puesto en evidencia que los trabajos científicos requieren de una enorme cantidad de recursos personales y económicos que, cuando se proporcionan, tienen una efectividad inigualable”, afirma Juan Manuel Losada, investigador de ComFuturo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La mayor demostración de esto es que, cuando todos los recursos y esfuerzos se han concentrado en la investigación, en apenas un año se han desarrollado varias vacunas para un virus desconocido.

Los investigadores esperan que la pandemia haya servido para sacar del olvido a un sector estratégico porque, como explica Losada, “la ciencia es un motor económico, de generación de empleo y que, en lugar de depender de las fluctuaciones del mercado, genera conocimiento y riqueza por sí misma”.

La ciencia tiene lugar en todos los aspectos de la vida y, aunque en los últimos años “se han dado pasos en firme para mejorar”, según el investigador, España sigue lejos de otros países en cuanto a la inversión en investigación. En 2019 se superaron por primera vez los 15.000 millones de euros invertidos en investigación y los presupuestos de 2020 otorgaron la mayor partida de la historia para ciencia e innovación. Aun así, nuestro país, con un 1,24% del PIB destinado a ella, no alcanza la media europea de gasto, que se coloca en algo más del 2%.

Con el aumento de la financiación pública, también se espera el crecimiento de la inversión de las empresas privadas, ya que esta “genera más posibilidades de creatividad y de diversificación de las investigaciones”, declara Losada. Según el último informe de la Fundación Cotec para la Innovación, se observa una mayor apuesta del sector privado por el I+D, que registra máximos históricos con una inversión cercana a los 9.000 millones de euros. A pesar de este crecimiento, apunta el estudio, el número de empresas que apuestan por la investigación e innovación es mucho menor que antes de la crisis económica de 2008: “El sector privado hoy invierte un 8,5% más que hace una década, pero lo hace con 2.500 empresas menos (un 18% menos)”.

En el ranking europeo de las empresas que más gasto realizan en investigación y desarrollo, solo 14 de 2.500 son españolas. La primera en aparecer es Banco Santander (1.400 millones de euros para I+D), que desde hace varios años realiza una importante labor para impulsar la investigación colaborando con diferentes programas e instituciones.

Frutas resistentes al cambio climático

Uno de los más destacados es el programa ComFuturo para jóvenes investigadores españoles, desarrollado por la Fundación General CSIC con el apoyo de entidades privadas como Santander, que este año financiará con becas de entre 50.000 y 70.000 euros a varios investigadores para que desarrollen proyectos que puedan responder a retos científicos y tecnológicos relevantes para la sociedad.

Ideas innovadoras como Cherifloema, el proyecto que lidera Juan M. Losada, tendrán un impacto importante en la lucha contra el cambio climático. Losada estudia la red de “venas” microscópicas (floema) en el chirimoyo, pues es esta estructura la que transporta el agua y los nutrientes a lo largo de la planta y de la cual depende el crecimiento de los frutos. Según explica el investigador, el objetivo es “la búsqueda de variedades de frutales que puedan producir fruta utilizando menos agua de riego, y tener recursos vegetales novedosos en favor de una agricultura más sostenible. Estamos observando cómo las plantas desarrollan mecanismos para soportar estrés hídrico, y así testar qué plantas resistirían y cómo a la limitación de recursos hídricos”.

La fruta escogida ha sido el chirimoyo porque “Málaga y Granada son los mayores productores mundiales a nivel comercial de este cultivo”, de manera que su investigación tendrá una aplicación real en el mercado español. Losada anuncia que ya están ampliando el estudio también al mango y que los resultados obtenidos hasta el momento “tienen mucha fuerza y aportarán material vegetal único que podrá ser usado por empresas comercializadoras de plantas, tales como viveros y agricultores. Las variedades que reduzcan el consumo de agua de riego tendrán un gran impacto en la economía de pequeños y grandes productores”. Su investigación también permitirá conocer qué variedades frutales tendrán mayor capacidad para soportar la sequía o resistir a hongos y parásitos.

El investigador cuenta que la ayuda recibida a través del programa ComFuturo “ha sido un empuje fundamental. Gracias a la valentía de este programa, he podido conseguir financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación a mi proyecto, y también financiación del CSIC para consolidar la colaboración con grupos extranjeros”.





Impulso a la empleabilidad de investigadores jóvenes

Banco Santander viene realizando un importante trabajo para impulsar la investigación a través de esta y otras iniciativas, como el reciente Fondo Supera Covid 19, con la colaboración de Crue Universidades Españolas y el CSIC, a través del cual ha destinado 8,5 millones de euros a proyectos de investigación para luchar contra la pandemia, el programa posdoctoral Fundación Banco Santander-CNIO, o los proyectos de investigación financiados a través del Fondo Solidario Juntos para colaborar en investigaciones de alto impacto de instituciones como el Hospital Infantil Sant Joan de Deu, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa o el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).

En el caso del programa ComFuturo, de la FGCSIC, el compromiso con la investigación se centra en impulsar el talento y la empleabilidad entre los investigadores españoles más jóvenes, para quienes, asegura Losada, “la primera barrera es la de tener un puesto estable de trabajo; sin esto, no podemos acceder a muchas convocatorias de financiación y esto se traduce en no poder desarrollar ideas novedosas en el tiempo que surgen”