Mónica y Patxi se criaron entre el sonido de los cencerros y el único aroma del queso artesano. Asumiendo la batuta, los hermanos representan la cuarta generación de una familia dedicada por entero al pastoreo en el Parque Natural de Urbasa y Andía, Navarra.
Su historia forma parte de Vidas Protegidas, la webserie audiovisual de la campaña Nuestros Espacios Protegidos, que muestra el vínculo de las personas con estos entornos naturales.
En este rincón el relieve montañoso dicta las normas del día a día, pero los artesanos no desconocen estas adversidades. "Al final lo hemos vivido desde pequeños con nuestros padres", recuerdan con naturalidad.
Mónica rompió barreras de forma temprana en un sector donde históricamente la figura masculina ha copado el foco de atención pública. Con 24 años se incorporó formalmente a la explotación y no tardó mucho en estar acompañada.
Unos años más tarde, su hermano Patxi se sumó al proyecto, uniéndose a la gestión de una cabaña ganadera fundamentada en la raza latxa —variedad autóctona del País Vasco y Navarra—.
Este animal rústico es conocido por su densa lana idónea para soportar la dureza climática de la sierra. Su volumen no destaca aunque no se puede decir lo mismo de su materia prima. "No da mucha cantidad de leche, pero si muchísima calidad".
Encarar el día a día
Los ritmos estrictos de las estaciones son responsables del cambio de actividades de los hermanos. Dividen su ciclo anual en dos localizaciones diferentes: el valle y la montaña.
Estas pautas —que siguen milimétricamente— empiezan en noviembre, cuando irrumpe el primer frío del invierno. En este caso el ganado desciende desde el parque natural hasta el municipio de Eulate.
Los siguientes cuatro meses son críticos para la majada latxa, dado que debido a la climatología adversa el grupo tiene que estar recluido. Este periodo coincide con la época de partos y las intensas jornadas de ordeño diario.
Sin embargo, la entrada del mes de mayo lo cambia todo. La primavera nunca fue más esperada para los hermanos, ya que significa el retorno a la sierra de Urbasa. "Para nosotros es la fecha más feliz de todo el año", confiesan.
Ese día preparan a las ovejas guías colocándoles las zumbas —grandes cencerros tradicionales— y las marcan para poder diferenciar las ordeñadas una vez en la subida.
"Saber que los animales están libres, a su aire, y nosotros también. Lo que más valoramos es la libertad de no tener horarios, no tener a nadie que te mande y estar en plena naturaleza".
De pastos a queso
Durante los dos meses posteriores al ascenso, el ordeño se realiza de forma estrictamente manual. Este esfuerzo se compensa con la gran calidad del alimento para producir los quesos artesanales.
Los pastos del parque natural, aunque cortos, presentan una alta densidad nutritiva que dota a la leche de unos atributos idóneos para la elaboración de sus productos madurados.
Además el entorno natural actúa como una principal ventaja como canal de marketing y ventas de la firma. La borda —vivienda típica de montaña de pastores vasco-navarros— conecta directamente con el consumidor final.
Los visitantes que se aproximan a la sierra adquieren un artículo de alimentación artesana premium y, al mismo tiempo, "se llevan parte de la historia de la vida de los pastores y una parte de la naturaleza".
Sin embargo, la balanza del futuro del negocio familiar busca equilibrar el orgullo con un realismo económico.
Patxi reconoce que le encantaría que su hijo continuara con la saga ganadera. No obstante, le inquietan los desafíos del sector primario: "Ojalá tenga mejores condiciones que las que tenemos nosotros para que pueda continuar".
Ptaxi alimenta a un cabrito en la explotación familiar. Historia completa en 'Vidas Protegidas' de Nuestros Espacios Protegidos.
Este es el inminente reto de un sector rural que exige un relevo generacional protegido para que historias basadas en la libertad y el respeto a la tierra no queden en el olvido.
La trayectoria de Mónica y Patxi evidencia la necesidad de defender un modelo rural donde el respeto por la tierra y la libertad de oficio se retroalimentan.
Cuidar de nuestros espacios protegidos permite mantener vivos los paisajes de montaña, impulsar productos locales y asegurar un relevo generacional digno, asentando en el valor de nuestras tradiciones y el orgullo por el entorno rural.
