Iñigo Azcárate Uriarte Samuel Fernández Diekert
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Al abordar el vínculo entre educación y democracia, nos asaltan más interrogantes que certezas. Iberoamérica no es un bloque monolítico; sus sistemas educativos reflejan una danza entre similitudes históricas y trayectorias singulares.

Sin embargo, todos compartimos hoy una urgencia común: la necesidad de proteger el tejido cívico en un tiempo donde la polarización, alimentada por las crisis económicas y la desinformación, entre otros factores, parece ganar la partida. ¿Es posible que la escuela sea el espacio donde se renegocie ese contrato social que hoy percibimos desgastado?

Para fortalecer la democracia, debemos mirar hacia el papel estratégico de la gobernanza en red dentro de los sistemas educativos. La diplomacia educativa se manifiesta con fuerza en estructuras como la Red Iberoamericana de Innovación Educativa.

Gestionada por la OEI en colaboración con el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes de España, facilita un diálogo técnico de intercambio de prácticas imprescindible entre los docentes y equipos directivos de más de una docena de naciones.

En una escala más capilar, tenemos el ejemplo del Regional Centre of Expertise (RCE) Basque Country-Navarre, liderado por UN Etxea, que actúa como plataforma de articulación entre la educación formal, no formal e informal, lo que contribuye a la territorialización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Desde esta experiencia, la escuela no se concibe como una entidad aislada, sino como un nodo de diplomacia cívica territorial, capaz de conectar las políticas públicas, la comunidad educativa y la ciudadanía organizada bajo el marco de la Educación para el Desarrollo Sostenible según los valores propuestos por la Unesco.

Estas redes no son meras estructuras administrativas; son ecosistemas de aprendizaje y corresponsabilidad democrática, donde se comparten lenguajes, cuidados y responsabilidades educativas.

Desde ambos espacios se promulga una ciudadanía global, entendida como la capacidad de reconocernos interdependientes y responsables ante los desafíos del planeta. Si Iberoamérica logra unir sus voces a través de iniciativas como estas, su peso global dejará de ser una aspiración para convertirse en una realidad transformadora.

Igualmente importante es que esta visión macro aterrice en el aula, entendida como un microestado, donde se ensaya la vida en sociedad. En los contextos educativos marcados por la diversidad cultural y migratoria, donde conviven múltiples nacionalidades iberoamericanas, la democracia no puede limitarse a un contenido curricular.

Debe experimentarse como una práctica diaria. Desde nuestra experiencia, se constata que una ciudadanía global crítica solo se construye cuando el alumnado participa de procesos reales de deliberación, corresponsabilidad y toma de decisiones.

Proponemos, por tanto, un modelo de liderazgo distribuido en los centros educativos: una gobernanza escolar donde los docentes, el alumnado y las familias comparten responsabilidades, y en la que la escuela se abre a su entorno para aprender con él y desde él.

Esta apertura, sin embargo, debe ser bidireccional. La escuela puede ponerse al servicio de la comunidad, pero necesita también que la comunidad la cuide y la sostenga. ¿Estamos dispuestos a que la escuela deje de ser un búnker para convertirse en una plaza pública democrática, protegida colectivamente?

Esta misión democratizadora otorga al docente un papel determinante, pero también lo somete a una presión desproporcionada. A menudo, se le exige a la escuela resolver de forma aislada cada fractura de la sociedad, desde la desigualdad estructural hasta la polarización política, pasando por los discursos de odio o la crisis climática.

Desde la práctica en las redes educativas, observamos que esta sobrecarga puede derivar en un agotamiento sistémico que erosiona la vocación docente y debilita el propio proyecto democrático.

Como señala el proverbio africano, "para educar a un niño/a hace falta la tribu entera"; sin embargo, nos enfrentamos a una realidad donde la sociedad parece haber delegado su función educadora, lo que ha dejado al maestro/a solo frente a desafíos que requieren el compromiso activo de toda la comunidad.

Ilustración elaborada por Cristina Lamara para la OEI. Cristina Lamara

Precisamente en este escenario de sobrecarga surge un fenómeno creciente, impulsado a su vez por el descenso de la natalidad en la región y la competitividad por las matrículas, que podríamos denominar como "innovación educativa panacea": soluciones empaquetadas que prometen resultados disruptivos sin transformar la base relacional.

Frente a estas fórmulas mágicas, el nuevo contrato social para la educación nos insta a priorizar una pedagogía de la solidaridad y la cooperación fundamentada en las evidencias y no en el marketing (Unesco, 2022).

Desde una mirada territorial, la innovación con un impacto democrático es aquella que emerge del contexto, se cocrea con los agentes locales y se evalúa por su contribución al bien común. Por eso mismo, apostamos por una innovación creada conjuntamente desde cada contexto, que priorice el lazo emocional con el alumnado, pues el éxito académico es inseparable del bienestar afectivo.

Bajo este enfoque, la escuela iberoamericana se revela como un espacio de encuentro migratorio privilegiado. Esta diversidad no debe verse como un reto logístico, sino como una oportunidad para educar en valores democráticos de libertad y respeto. No obstante, debemos cuidar que la libertad pedagógica no derive en una falta de exigencia y esfuerzo; la democracia requiere ciudadanos críticos, pero también comprometidos y esforzados en la construcción del bien común.

Hoy observamos con preocupación cómo también la polarización cala en nuestros adolescentes. La democracia parece haber pasado de moda porque su esencia —la búsqueda imperfecta de equilibrios, el acuerdo y el camino costoso— choca frontalmente con la inmediatez de la sociedad líquida (Bauman, 2017).

Los datos son reveladores: la democracia ha estado en retroceso global en la última década (V-Dem Institute, 2024), con lo que ha sufrido un desgaste constante que podría ser revertido con una participación activa.

Ante procesos educativos lentos como la lectoescritura y el pensamiento crítico, nos preguntamos: "¿Es compatible la pausa necesaria de la educación con una sociedad en la que reina lo ligero y lo efímero?".

Quizás, en momentos de crisis profunda, necesitemos puntos de inflexión críticos —cracks— que nos permitan dejar de parchear lo obsoleto y comenzar a construir desde bases más sólidas.

Este escenario, aunque complejo, es también un reto alentador. Sostenemos que estas bases se encuentran en la educación entendida como bien común, en la cooperación intersectorial y en la gobernanza educativa territorial. La democracia no es un estado de gracia, es una conquista diaria que requiere que cada escuela sea un refugio de libertad.

Como conclusión, afirmamos que la escuela puede y debe ser un refugio frente a la erosión democrática, pero nunca en soledad. Por eso, es imprescindible seguir invirtiendo en estructuras de gobernanza que redistribuyan las responsabilidades, protejan el tiempo pedagógico y fortalezcan la relación entre la escuela y la comunidad.

El futuro democrático de Iberoamérica se construye a través de las redes educativas y también en cada pequeño acto de justicia y diálogo dentro de nuestras aulas. Es allí, en el respeto al otro y en la construcción colectiva, donde la democracia sigue siendo la mejor respuesta a la incertidumbre.

Referencias bibliográficas

Bauman, Z. (2017). Sobre la educación en un mundo líquido. Paidós.

Unesco (2022). Reimaginar nuestros futuros juntos: Un nuevo contrato social para la educación. Informe de la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379381_spa

V-Dem Institute (2024). Democracy Report 2024: Democracy Winning and Losing at the Ballot Box. University of Gothenburg.

*** Iñigo Azcárate Uriarte: Maestro de E. Primaria y coordinador de la Agenda 2030 del Colegio Santísima Trinidad Ikastetxea. Miembro de la Red Iberoamericana de Innovación Educativa de la OEI.

***Samuel Fernández Diekert: Responsable de Educación para el Desarrollo Sostenible en UN Etxea-Asociación del País Vasco para la Unesco. Secretario del Regional Centre of Expertise (RCE) Basque Country-Navarre.