Sevilla

¿Se imagina que dos terceras partes del Mar Mediterráneo estuvieran cubiertas por plásticos flotando a la deriva? Cuesta imaginarlo porque parece una escena salida de una típica película post apocalíptica hollywoodiense. Sin embargo, es algo que está sucediendo en el Océano Pacífico, donde hay un descomunal vertedero conocido como “La Isla Plástica” o “El sexto continente”. Una mancha ubicada a mitad de camino entre las costas de California y Hawai, con una superficie equivalente a la que suman conjuntamente Francia, Alemania y España y que acumula cerca de 2 billones de piezas de plástico.

Para acabar con catástrofes de este tipo – o, al menos, mitigarlas-, la Unión Europea está desarrollando una nueva directiva para reducir el uso del plástico, principalmente los productos y envases que más se encuentran en los océanos. Una norma que recoge medidas drásticas y que tendrá un fuerte impacto en los hábitos de los europeos, cambiando nuestras vidas cotidianas a causa de la eliminación de artículos que abundan en los hogares y que todos usamos a diario.

Pese a la importancia de este cambio legislativo, todavía existe un gran desconocimiento sobre sus repercusiones y cómo afectará a la sociedad, a las administraciones públicas y a las empresas. Para despejar estas dudas, EL ESPAÑOL ha organizado con la colaboración de Fundación Cajasol y Don Simón el I Foro Nueva directiva de plásticos. Hacia una nueva economía del plástico, el encuentro más ambicioso que se ha celebrado hasta ahora en España en este ámbito y que ha reunido en Sevilla a representantes de los colectivos implicados en este asunto: administraciones públicas, fabricantes, gestores de residuos y organizaciones ecologistas y medioambientales.

 

La jornada la ha abierto Miguel Ángel Uriondo, redactor jefe de Empresas y Medios de EL ESPAÑOL, quien ha recordado que la futura directiva la están debatiendo en la actualidad el Parlamento Europeo, la Comisión Europea y el Consejo Europeo (el llamado trílogo), pero que ya existe una propuesta que, entre otros puntos, recoge la eliminación de productos como bastoncillos de los oídos, pajitas, platos y cubiertos, agitadores de bebidas, palos de globos, plásticos oxo-degradables y vasos y envases de poliestireno expandido de un solo uso (con excepciones hasta 2023).

Igualmente, exige un drástico aumento de la recogida selectiva de productos y su reciclaje, al tiempo que aboga por la reducción de colillas y residuos de tabaco y sustancias químicas peligrosas en la composición de artículos sanitarios, entre ellos, toallitas, compresas y pañales.

2050: más plástico que peces en el mar

“Nos enfrentamos a un cambio histórico”, señala Fernando M. Martínez Vidal, director general de Prevención y Calidad Ambiental de la Junta de Andalucía, quien advierte que, según reflejan informes de Naciones Unidas, “si no se toman medidas, en 2050 habrá más plástico que peces en el mar”.

El dirigente andaluz aboga por la cooperación entre países para que “las iniciativas que se adopten sean realmente efectivas” y, en este sentido, recuerda que su Gobierno está realizando “numerosas iniciativas para sensibilizar a la población sobre este problema”.

Todos los participantes del Foro coinciden en apoyar las futuras políticas que la Unión Europea tiene previsto poner en marcha, aunque con matices.

Hay medidas con las que estamos de acuerdo, pero hay que ver cómo otras se llevan a la práctica, porque el papel lo aguanta todo”, advierte Anabel Rodríguez, directiva ejecutiva de la Fundación para la Economía Circular.

A modo de ejemplo, subraya que el texto que se ha puesto sobre la mesa “deja muchas cosas en el aire, entre ellas, los criterios de reciclado, la calidad de los productos reciclados o los incentivos para la producción. Hay que ser más precisos en los términos y definiciones. También estamos de acuerdo con prohibir los micro plásticos, pero hay que dar un tiempo a la industria, así como impulsar políticas que permitan dar salida a los productos reciclados”. 

Igualmente, se muestra crítica con otros aspectos de la futura legislación, como los artículos de un solo uso que se van a prohibir. “La lista se limita a un total de diez. Pero… ¿por qué sólo diez? Otro tanto sucede con todo lo relativo al entorno. El objetivo es paliar lo que está pasando en los océanos, pero debemos preguntarnos por qué no se extrapola al resto del Planeta. Lo que reivindicamos desde nuestra institución es que se realicen estudios rigurosos e independientes para buscar las mejores soluciones”.

Siguiendo esta línea argumental, Alodia Pérez, responsable de recursos naturales y residuos de Amigos de la Tierra, echa mano de la ironía para criticar ciertos aspectos de la normativa: “¿Por qué se prohíben los palos de los globos y no los propios globos?”, se pregunta.

En todo caso, quiere lanzar un mensaje optimista, porque “llevamos décadas pidiendo hacer algo sobre los productos de usar y tirar y ahora parece que se nos empieza a escuchar desde la UE. La realidad es que estamos en el momento del cambio, en el que debemos acabar con las actuales imágenes y cifras, que son desoladoras”.

Para reforzar sus argumentos, recuerda que “en la última década hemos fabricado más plástico que en los 100 años anteriores”.

Desde la parte empresarial, el primero en tomar la palabra ha sido Luis Palomino, secretario general de Asegre, asociación que agrupa a compañías privadas que gestionan residuos peligrosos y no peligrosos. Su opinión es positiva sobre la nueva directiva que se está negociando y recalca que “el camino estratégico que hemos adoptado los gestores en Europa pasa por mejorar la calidad de los plásticos reciclados para que prácticamente se puedan equiparar al plástico virgen”.

Lo que tiene claro es que “las empresas necesitan un marco estable, que nos permita adaptarnos e invertir”, algo que, en su opinión, es complicado en España “debido a que hay 17 realidades diferentes”, en alusión a las diversas normas que existen en cada una de las comunidades autónomas.

Don Simón: paradigma de economía circular

Precisamente, una de las cuestiones en la que han coincidido todos los ponentes es en la necesidad de que las empresas -sobre todo las vinculadas a la industria- hagan una apuesta decidida por el reciclaje y, por ende, la defensa del medio ambiente.

Como ejemplo de compañía sostenible, en el Foro de EL ESPAÑOL ha intervenido Antonio Moreno, director de la fábrica de Don Simón en Huelva, una instalación enclavada en una finca de 1.500 hectáreas con un millón de árboles y que procesa la mitad de todo el zumo de naranja que se produce en España, con más de 200 millones de litros al año.

Pero, quizá aun más importante que los fríos números, es la apuesta que la multinacional ha hecho por la I+D. “En Huelva tratamos 400 millones de kilos de naranja, la mitad de los cuales corresponden a la piel. Eso supone un problema medioambiental y en Don Simón decidimos que debíamos convertirlo en una oportunidad”.

 Una oportunidad que ha llegado de la mano de la innovación, gracias a la cual han logrado implantar procesos que permiten transformar esos desechos en productos de alto valor añadido. “En la actualidad, somos capaces de elaborar con la piel de naranja alimentos para animales, aromatizantes, componentes para artículos de limpieza o eco resinas destinadas a retener metales para la gran industria. Incluso, ahora estamos liderando un proyecto -junto con otras cuatro empresas- para hacer nuestras botellas con la propia piel de la naranja. Tenemos vocación de suministrar un producto saludable, pero entendemos que no hay salud si castigamos el medio ambiente. Como dice nuestro lema, Don Simón cuida de ti y del Planeta”.

La apuesta por la I+D es una de las grandes reivindicaciones que también ha puesto sobre la mesa Eva Verdejo, responsable de sostenibilidad y valoración del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas). “El debate debe centrarse en qué hacemos con el plástico para que forme parte de la economía circular. Hay numerosos tipos, desde los más tradicionales a los más avanzados. Hay que analizar caso por caso y ver dónde están los fallos y dónde se debe trabajar”.

 La respuesta, en su opinión, debe llegar a través de la I+D y, en este sentido, recuerda, que en su organismo trabajan 160 personas, la mayoría de las cuales está centrada en proyectos de investigación.

“Posibilidades hay muchísimas -explica-, pero debemos analizar cuánto se puede hacer y a qué coste, si queremos que ciertas medidas realmente se implanten y no queden en papel mojado”.

Uso imparable en la agricultura

 En la jornada también ha participado un representante de los fabricantes de plásticos, sector que suele ser blanco de las mayores críticas, tal y como ha admitido el propio protagonista: Manuel Jiménez, director de I+D+i de Morera&Vallejo Industrial, uno de los líderes europeos en plástico para la agricultura.

El directivo lamenta que, por lo general, no se diferencie entre las diversas clases que se elaboran y recuerda que en esta empresa andaluza están sacando al mercado artículos cada vez más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.

De lo que no tiene ninguna duda es de que es un producto que va a seguir utilizándose en la agricultura y cada vez de manera más intensa a causa del cambio climático. “Es un proceso imparable porque la única manera de controlar las condiciones es cultivar en invernaderos. Pedir acabar con el plástico es una majadería; lo que hay que hacer es gestionarlo bien”, concluye.

Al hilo de este punto, Mercedes Gómez Paniagua destaca la importancia de las certificaciones en el campo del reciclado como elemento diferenciador. La directora general de Fundación Plastic Sense señala que es algo que cada vez más las compañías exigen a sus clientes, sobre todo, en los países más avanzados. “Estamos convencidos de que las certificaciones van a tener un peso creciente en este ámbito, pues son el mejor método para dar seguridad sobre la calidad del producto reciclado”.

Por su lado, Cristina Galán, representante de Asobiocom, defiende los plásticos biodegradables compostables como un complemento e incluso una alternativa a los tradicionales, pudiendo utilizarse para la elaboración de bolsas, cápsulas de café, vaso y vajilla. Puso como ejemplo de biodegradabilidad en suelo el acolchado agrícola. 

Dos de los objetivos prioritarios de la asociación son la valorización de los residuos para minimizar el impacto ambiental y la concienciación de la sociedad.

Precisamente, sobre este último asunto Miguel Ángel Uriondo ha lanzado una pregunta a todos los participantes, que suele ser objeto de controversia: “¿Qué responsabilidad tenemos los ciudadanos en este problema?”.

Aunque todos admiten que a nadie le gusta hacer autocrítica, la respuesta es unánime: el futuro pasa, en gran medida, por la ciudadanía.

Para ello, los ponentes reclaman diferentes medidas que van desde las acciones preventivas a campañas de concienciación, pasando por dar incentivos el reciclaje hasta informar a los consumidores del coste ambiental e incluso pagar por la generación de residuos, tal y como sucede ya en algunos países.

A modo de conclusión, Fernando M. Martínez Vidal lanza un mensaje rotundo: “O asumimos que los recursos son finitos o el Planeta dejará de ser como lo conocemos en la actualidad”.

El acto contó con la difusión de Asegre, Economía Circular Morera & Vallejo Industrial.