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Entre los focos de los platós, las interminables grabaciones de First Dates y la tensión de las galas en directo, la vida de Carlos Sobera (65 años) transcurre a un ritmo vertiginoso.

El carismático presentador vasco lleva décadas siendo uno de los rostros más reconocidos y queridos de la pequeña pantalla española. Sin embargo, cuando las cámaras se apagan y abandona las instalaciones de Mediaset, busca la tranquilidad en los placeres más terrenales y cotidianos.

Aunque el de Baracaldo es un viajero empedernido que disfruta de los veranos frente al mar, en su día a día en Madrid tiene un refugio urbano innegociable.

No se trata de un exclusivo club privado ni de un comedor galardonado con estrellas Michelin, sino de un modesto establecimiento de barrio que ha conquistado por completo su paladar.

El propio comunicador ha desvelado su secreto mejor guardado de la mano de la Guía Repsol, que lo ha elegido como uno de los famosos prescriptores en su conocida lista de Soletes.

En lo que a gastronomía del día se refiere, Sobera no titubea: su debilidad absoluta es la receta más castiza de nuestra gastronomía.

Para degustar este manjar, el actor se desplaza hasta el madrileño barrio de Salamanca. Allí, en el número 5 de la calle de Lombía, a escasos metros del WiZink Center, se encuentra Etiqueta Negra, el bar donde es habitual ver al presentador disfrutando de su tiempo de desconexión.

"Mi pincho favorito es, sin ninguna duda, el de tortilla... Es una de las que más me gustan", ha confesado el presentador a la citada guía gastronómica. No le falta razón.

Este enclave se ha ganado una merecida fama en el boca a boca de la capital, precisamente por el mimo y la jugosidad con los que preparan este plato tradicional.

Lejos del frío diseño de las grandes cadenas hoteleras, el santuario de Carlos Sobera destaca por su atmósfera íntima. Él mismo lo define como un "local pequeño, con muchísimo encanto, especializado en tortillas y con una personalidad muy marcada".

Es, en esencia, ese bar de confianza donde el trato cercano y la materia prima prevalecen sobre cualquier artificio.

Este rincón madrileño es el complemento perfecto a sus escapadas estivales. Cuando el calor aprieta en agosto, el presentador cambia el asfalto por la arena de Chiclana de la Frontera, en Cádiz, o hace paradas estratégicas en Marbella.

Allí sustituye el pincho de tortilla por el pescado fresco a pie de playa o los helados sin azúcar, buscando siempre esa misma esencia de lugares auténticos, sin pretensiones, pero con un producto sobresaliente.

El restaurante ideal para Carlos Sobera

La hoja de ruta culinaria del exitoso comunicador deja claro que, por muchos hitos televisivos que acumule a sus espaldas, la verdadera desconexión a menudo se encuentra acodado en la barra de un local modesto.

Un pequeño gran lujo en pleno centro de Madrid que ahora, tras su recomendación, seguro sumará a muchos curiosos en busca del pincho perfecto.