A sus 68 años, Carlos Herrera no solo mantiene intacta su voz, una de las más reconocibles de la radio española, sino también una vitalidad que sorprende incluso a quienes le escuchan cada mañana.
El comunicador, al frente de Herrera en COPE, ha convertido la disciplina en su mejor aliada para desafiar el paso del tiempo.
Lejos de fórmulas milagro o tratamientos antiedad, su secreto es mucho más terrenal: rutina, constancia y movimiento. Así lo resume él mismo con una frase que ha llamado poderosamente la atención: "Me levanto a las 3 de la mañana, me acuesto a las 8 y camino 15 kilómetros al día".
No es una exageración ni una pose. Su jornada arranca cuando la mayoría aún duerme. A las tres en punto ya está en pie para preparar el programa que lidera desde hace años.
Esa exigencia laboral ha moldeado un horario casi militar que también condiciona su descanso. Se acuesta temprano, entre las 19.30 y las 20.30 horas, consciente de que el sueño es una pieza clave en su equilibrio físico y mental.
"Si me echo la siesta, luego no duermo", reconoce, evidenciando que cada detalle cuenta en su organización diaria. Pero si hay un pilar que sostiene su energía es el ejercicio. Caminar no es para él una actividad ocasional, sino una auténtica filosofía de vida.
Recorre entre 10 y 15 kilómetros al día, una cifra que para muchos resultaría inasumible, pero que en su caso forma parte de la normalidad.
Los hábitos de Carlos Herrera
Incluso cuando se embarca en retos mayores, como etapas del Camino de Santiago, puede llegar a completar 40 kilómetros en una sola jornada.
La actividad física, sin embargo, no funciona sola. Herrera es tajante al respecto: "El ejercicio sin la dieta no sirve de nada y la dieta sin el ejercicio tampoco".
Su planteamiento huye de extremos, pero no de la firmeza. Controla la alimentación, reduce excesos y, cuando siente que ha cruzado ciertos límites, actúa. "Según la báscula esta mañana estoy en 92 kilos y vengo de los 98", admitió con naturalidad en una ocasión.
Esa sinceridad le ha permitido conectar con una audiencia que también lidia con altibajos en el peso. Cuando detecta que ha ganado más de lo deseado, activa lo que él mismo denomina su "ramadán personal". Elimina el alcohol, el pan y los dulces hasta recuperar sensaciones.
No se trata de castigo, sino de reajuste. De volver al punto en el que se siente cómodo consigo mismo.
Más allá de cifras y kilómetros, lo que subyace en su discurso es una idea clara. La edad no es una barrera definitiva, sino una circunstancia que exige adaptación.
Herrera no busca aparentar menos años, sino mantener autonomía, claridad mental y energía para afrontar su intensa rutina profesional.
En un contexto donde abundan las promesas rápidas para alargar la juventud, su receta resulta casi clásica. Dormir bien, moverse cada día y vigilar lo que se come. Sin dramatismos, sin atajos. Una combinación sencilla en teoría, pero que exige la disciplina que él ha decidido convertir en hábito.
