Durante años, a Lolita Flores (67) le han preguntado por su vida sentimental casi tanto como por su carrera.
Ella, lejos de esquivar el tema, ha ido moldeando una respuesta que hoy suena a manifiesto: su felicidad no pasa por tener pareja, sino por disfrutar de su familia y de la libertad que ha conquistado con los años.
En un momento en el que muchas biografías femeninas parecen medirse por si "están o no acompañadas", la artista ha decidido contar otra historia.
En entrevistas recientes, Lolita se ha descrito viviendo una etapa de calma y plenitud, sustentada en tres pilares. La artista habla de estar "feliz con mi familia, mis nietos, mi trabajo" y remata una pieza de equilibrio que por fin funciona.
Lejos del tópico de la mujer que busca "rehacer su vida" a cualquier precio, ella transmite la sensación de que su vida ya está hecha... y bien hecha.
Desde ahí cobra sentido una de sus ideas más potentes: "No me hace falta un hombre, tengo a mi lado a mi hijo y a mi nieto y ante eso no hay nada".
Aunque la formulación varíe, el mensaje es siempre el mismo: no necesita una pareja masculina para sentirse completa. Ha admitido sin rodeos que ni tiene novio ni ganas de tenerlo, subrayando que no se trata de rencor, sino de prioridades muy claras.
Las parejas de Lolita
Entre rodajes, bolos, familia y momentos de descanso, la energía que le exigiría una relación simplemente no le compensa.
Lolita también ha deslizado otro matiz revelador: el miedo a perder la libertad. "Me da miedo enamorarme porque yo tengo una libertad que no la cambio por nada", confesó en televisión, dejando al descubierto una verdad incómoda para muchos: a cierta edad, empezar de cero con alguien implica renunciar a rutinas, espacios y decisiones que han costado mucho construir.
Ella prefiere seguir confiando en el amor, pero en un sentido amplio: el amor de sus hijos, de su nieto, de su hermana, de sus amigos y de un público que la ha visto crecer.
En el centro de todo está la familia. De su nieto ha hablado con una ternura que desarma, pidiendo "que Dios me lo tenga con mucha salud" y describiendo lo que siente al recibir sus besos como una felicidad difícil de comparar con nada más.
Es ahí donde encaja su frase de que, teniendo a su hijo y a su nieto a su lado, "ante eso no hay nada": para ella, ese núcleo íntimo vale más que cualquier historia romántica.
Mientras muchos titulares siguen girando en torno a nuevas parejas, bodas exprés y rupturas sorpresa, Lolita Flores representa otra narrativa: la de una mujer que ha vivido amores, ha sufrido pérdidas y ha llegado a la conclusión de que su mejor lugar está en casa, rodeada de los suyos.
No reniega del amor, pero se niega a convertirlo en condición para ser feliz. Y quizá por eso sus declaraciones calan tanto, porque hablan de una felicidad menos de cuento y más de verdad.
