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Alejandro Sanz (57 años) se ha construido un refugio a medida en Somosaguas (Pozuelo de Alarcón, Madrid), una mansión de líneas minimalista, metros a raudales y un mensaje claro: aquí manda la tranquilidad creativa.

La casa actual de Alejandro Sanz se levanta en una parcela de unos 6.500 metros cuadrados en Somosaguas, uno de los barrios más exclusivos y blindados de la Comunidad de Madrid, donde compartir vecindario con empresarios y otras grandes fortunas es casi rutina.

El chalet, de estilo moderno en forma de "cubo", supera los 2.000 metros cuadrados construidos y ha sido profundamente reformado para adaptarse al estilo de vida del cantante. De esta manera, esta impresionante mansión está valorada en más de 8,5 millones de euros.

La arquitectura juega con volúmenes rectos, fachadas en blanco y negro y enormes ventanales que miran al jardín, una estética sobria que contrasta con la vida itinerante de un artista acostumbrado a hoteles y giras.

Todo en esta casa está pensado para que, al cruzar la puerta, el ruido del exterior se queda fuera: privacidad, espacio y una distribución diseñada para vivir y trabajar sin salir de casa.

Dentro, la casa es un pequeño universo autosuficiente: múltiples dormitorios, varios cuartos de baño, habitaciones de invitados, gimnasio y un estudio propio en el que Sanz compone y graba sin depender de ningún otro espacio.

La distribución en dos plantas permite separar la zona más familiar y de descanso de los espacios de trabajo, de manera que el artista pueda "fichar" y "desfichar" sin moverse de su refugio.

El hogar de Alejandro Sanz

El interior mezcla mármol, madera y estructuras de metal con una decoración moderna, limpia y muy luminosa, gracias a los grandes ventanales que inundan de claridad salones y pasillos.

La escalera de caracol de cristal, uno de los elementos más llamativos, funciona casi como una pieza de galería en medio de la vivienda, recordando que aquí vive alguien para quien la estética también es una forma de contar historias.

Si algo define la casa actual de Alejandro Sanz es su exterior: un gran jardín rodeado de vegetación, olivos y palmeras, con una piscina que parece pensada tanto para desconectar como para convertirse en escenario improvisado de videoclips o sesiones de fotos.

El porche, muy próximo al salón, actúa como extensión natural de la zona de día, un espacio donde recibir amigos, reunir a la familia o simplemente sentarse a escribir mirándolo todo desde cierta distancia.

Lejos del bullicio del centro de Madrid, la ubicación de Somosaguas le permite moverse rápido cuando tiene compromisos, pero regresar a una burbuja de tranquilidad cuando baja del escenario.

No es solo una casa grande y cara: es el escenario donde Sanz parece haber encontrado un equilibrio entre la exposición pública y la intimidad que exige seguir componiendo a su ritmo.

Esta mansión llega después de su etapa en La Finca y de varias ventas estratégicas de otras propiedades, un movimiento que no solo tuvo que ver con liquidez, sino también con cerrar ciclos.

Tras su separación de Rachel Valdés y el lanzamiento de canciones como Palmeras en el jardín, su hogar en Somosaguas se ha convertido en el gran símbolo de una vida más ordenada, centrada en la música, en los hijos y en un futuro que, una vez más, se escribe desde casa.