Antonio Resines (71 años) recuerda aquellos veranos rumbo a Cantabria como una auténtica "locura sobre cuatro ruedas", una escena tan exagerada que hoy parece casi de ficción, pero que él cuenta entre risas.
La combinación de un Seat 600 minúsculo, cinco hermanos y una madre empeñada en llegar sí o sí a Torrelavega se ha convertido en una de las postales más potentes de su infancia.
Resines lo resume con una frase que cualquiera que haya viajado en un 600 reconoce al instante: "Lo que no entiendo es cómo íbamos todos ahí, porque somos 5 hermanos y además venía con nosotros una señora".
Él calcula que sus padres tuvieron coche "a finales de los años 50", cuando ya estaba él en este mundo y el primer vehículo familiar fue ese mítico Seat 600 que marcó a toda una generación.
Cada verano repetían el mismo ritual. "Todos los veranos íbamos a Torrelavega, en Cantabria", recuerda en una entrevista en La Vanguardia, como si aquella peregrinación al norte formara parte del ADN familiar tanto como los apellidos.
En esa película de su infancia, la protagonista indiscutible es su madre. "Conducía mi madre, que era muy bajita, así que tenía que ir con unos cojines debajo para poder ver algo", cuenta el actor, dibujando una escena tan tierna como surrealista.
Los viajes, admite Resines, "eran demenciales". "Mi madre, la pobre, empujaba el coche cuando se calentaba y había que parar constantemente", recuerda, como si cada subida fuera una prueba de resistencia para el motor y para la paciencia.
Los recuerdos de Resines
Además de estos viajes familiares, la memoria del veterano actor está llena de butacas y pantallas. "Mi padre y mis tíos nos llevaban al cine porque era la forma de entretenimiento", explica, recordando la cantidad de salas que había en los años 60 y 70.
"Estábamos todo el día viendo películas, dos al día mínimo. Yo llevaba la cuenta", afirmó en una entrevista en El País, como si desde niño supiera que aquello iba más allá de un simple pasatiempo.
Hubo un momento en el que todo encajó: "Lo que yo estaba viendo lo estaba haciendo alguien; el día que me di cuenta de eso, quería ser una de las personas que hacían cine detrás de la cámara".
Su primera intención no era ser actor, sino estudiar Cine para dedicarse a la dirección, a "trabajar detrás de la cámara". A su padre, abogado, la idea no le hizo ninguna gracia: "A mi padre no le gustaba que yo quisiera ser actor", recuerda.
Resines también ha contado que su vínculo con la lectura nació de forma muy orgánica. "Nos gustaba leer, ver películas. Leíamos de todo, del tebeo pasamos a Tintín, luego a Enid Blyton, Salgari...", enumera.
En una entrevista literaria se reía de sí mismo: "Yo es que he tenido la suerte de leer a Guillermo Brown. Lo lees ahora y dices: bueno, no es una genialidad, pero... en mi casa tenían la colección completa de Agatha Christie".
En el fondo, cuando Resines repasa todo aquello no está solo tirando de nostalgia, explica de dónde sale el tipo que es hoy. Esa infancia de familia numerosa, de humor para sobrevivir a la incomodidad y de refugio constante en las historias acabó siendo su mejor escuela.
