Lisboa

La noche del lunes el rey Felipe VI y la reina Letizia serán agasajados por el presidente de la República Portuguesa, Marcelo Rebelo de Sousa, en una gran cena de Estado en el Palacio de los Duques de Braganza. Se trata de un gran complejo palacial en Guimarães, la pequeña ciudad del norte del país considerada como la 'cuna' de la nación lusa. Las grandes murallas del castillo de la ciudad recuerdan la histórica amenaza de las incursiones castellanas en tierras lusas, pero el Palacio de los Duques es distinto, ya que pese a tener su aspecto fortificado, el interior es una fantasía romántica. Y es que el magnífico complejo no fue concebido tanto como baluarte defensivo, sino como una muestra de amor de un poderoso noble hacia su segunda mujer y verdadero amor.

Constanza de Braganza

El fundador del Palacio fue don Alfonso, hijo bastardo de Juan I de Portugal y Inés Pires, una doncella de origen judeo-castellano; mientras que su madre fue posteriormente encaminada a un convento, el hijo ilegítimo creció en la Corte y aparentemente fue aceptado como un hijo por la reina Felipa de Lancaster. Pese al buen acogimiento real, como hijo bastardo entre los ocho descendientes legítimos del rey, Alfonso sabía que tendría que buscar fortuna propia, y por estos motivos casó con Beatriz Pereira de Alvim, hija del hombre más rico de Portugal.



Aunque tres hijos nacieron de este matrimonio, crónicas de la época indican que no era una unión feliz, y Alfonso hizo todo lo posible para ausentarse de casa, apuntándose a las campañas militares de su padre, participando en numerosas escaramuzas con los vecinos castellanos e incluso desempeñando un papel fundamental en la conquista de Ceuta. La muerte de Beatriz en 1415 libera a Alfonso de sus compromisos domésticos, y durante una época deja las tierras lusas para viajar por Francia.

El flechazo que llevó al Palacio



Es a su retorno, cinco años más tarde, que conoce a Constança de Noronha, hija del Conde de Gijón y nieta del rey Enrique II de Castilla. El flechazo es instantáneo, y Alfonso solicita la intervención directa de su padre, Juan I, para lograr el matrimonio, que finalmente se celebra en 1420. Según los cronistas, el amor de Alfonso por Constança era absoluto, y el noble se volcó en cuerpo y alma para hacer que ella fuese feliz.

Patio interior del Palacio de Braganza

La suma manifestación de ese amor es el magnífico Palacio de Braganza, sufragado con la fortuna de su primera mujer para dar mayor comodidad a la segunda. Construido en Guimarães –la aldea natal de Alfonso Henriques, fundador de Portugal–, hoy en día el complejo es de enorme valor simbólico para los lusos, especialmente porque el bastardo Alfonso eventualmente sería nombrado prime Duque de Braganza, fundando así una línea dinástica que reinaría en Portugal entre 1640 y la implantación de la República en 1910.

El fabuloso salón de banquetes del palacio



El complejo fue construido en el popular estilo borgoñés, emulando el Palacio de los Reyes de Mallorca en Perpiñán. La mezcla de elementos renacentistas y góticos en el imponente patio central dan paso a salones que delatan un nivel de lujo sin rival para la época, con todo tipo de decorados de orfebrería, alfombras persas del renacimiento y excepcionales tallados decorando los espacios.

La joya del Palacio, sin duda, es el salón de banquetes. Este gran espacio, donde Alfonso y Constança celebraron innumerables festejos durante los años que compartieron como marido y mujer, destaca por su delicado techo artesonado de madera y majestuosos tapices de Pastrana. Los reyes Felipe VI y Letizia disfrutarán de este magnífico salón durante la cena de Estado, invitados del Presidente de la República, Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa.

Felipe VI y la reina Letizia con el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa con motivo de su primera visita oficial a España el pasado mes de marzo Gtres



Al hacerlo, estarán repitiendo la historia, pues el mismo espacio acogió la cena de Estado en honor al rey Juan Carlos y la reina Sofía durante la visita que hicieron en mayo de 1978, cuando acudieron al Palacio para firmar el Tratado de Amistad y Cooperación luso-español. "Es, sin duda, uno de los edificios de mayor importancia simbólica del país, y por eso ha sido seleccionado para la cena de Estado", explica Antóno Pontes, historiador y director regional de Cultura do Norte, entidad que gestiona el patrimonio nacional del norte de Portugal. "Es un gesto de enorme aprecio tener a los reyes de España aquí de invitados, pues es el sitio que más asociamos con la esencia de Portugal".

Con la cena de Estado el Palacio que nació del afecto entre Alfonso y su mujer ahora sirve como escenario de las excelentes relaciones entre dos vecinos ibéricos, enfrentados en el pasado pero que hoy comparten una fuerte amistad. "Ciertamente hemos tenido problemas en el pasado, pero la clave es que es ahí donde han quedado", reafirma Pontes. "Eventos como éste, y sitios como el Palacio –en cuya restauración han participado numerosas instituciones españolas–, muestran que somos dos países muy unidos en la actualidad".

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