Región

El Palacio de Monterrey abre sus puertas al turismo

11 mayo, 2018 08:06

Llegó el día. Desde este jueves, 10 de mayo, el Palacio de Monterrey abre sus puertas al público después de un intenso y complejo proceso de restauración gracias al convenio suscrito entre el Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación Casa Alba. Por primera vez en su historia, los turistas en general podrán acceder a unos de los principales monumentos de la capital charra, que NOTICIASCYL les muestra al detalle tras una visita previa para los medios de comunicación.

Al mediodía tuvo lugar el acto oficial con la presencia del duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, junto al alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, y del presidente del Senado, Pío García-Escudero Márquez, arquitecto que dirigió la primera gran restauración del Palacio de Monterrey de Salamanca y por la que obtuvo en 1985 el Premio Europa Nostra. Les acompañaron el presidente de la Diputación de Salamanca, Javier Iglesias, y la rectora de la Universidad Pontificia de Salamanca, Miriam de las Mercedes Cortés, además de otras autoridades provinciales y locales.

Durante su puesta de largo, el duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, ha mostrado su satisfacción por seguir con este monumento lo que ya llevó a cabo recientemente con el Palacio de las Dueñas en Sevilla, que también estaba cerrado al público y que se ha dispuesto para la recepción de visitas.

En este caso, la apertura del monumento salmantino ha sido posible gracias a un acuerdo del Ayuntamiento de la ciudad y la Fundación Casa de Alba, quienes han restaurado el edificio y lo han preparado para su contemplación pública.

El aristócrata ha puesto como "modelo" el acuerdo alcanzado con el Consistorio de Salamanca para otras posibles intervenciones y colaboraciones público-privadas para el patrimonio español que se encuentre, por ejemplo, en "situaciones comprometidas".

Por su parte, el alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, ha destacado el convenio como "un acto de generosidad y un acto de inteligencia" por ambas partes, ya que permitirá a la ciudad contar con "uno de sus tesoros", que también ha sido "puesto en valor".

La presentación ha contado también con la presencia del presidente del Senado, Pío García-Escudero, quien, en calidad de arquitecto, ya estuvo al frente de una reforma previa de este mismo inmueble hace unas décadas.

García-Escudero ha reconocido participar en un "acto especial", pues él formó parte del equipo que actuó en el monumento en la anterior intervención, además de ser testigo de "un día para celebrar" al abrir al público "uno de los monumentos más importantes de Salamanca y de todo el plateresco español".

Las entradas podrán adquirirse en la Oficina de Información Turística de la Plaza Mayor. La entrada general tendrá un precio de cinco euros, IVA incluido; la reducida, de tres euros, se aplicará a niños entre 6 y 12 años, mayores de 65 años y discapacitados con más del 33% acreditado. El acceso de los menores de seis años será gratuito. Los lunes la entrada será gratuita en general en horario de tarde, pero estas entradas ya están agotadas hasta junio y hay que estar pendiente de cuando se distribuyan las nuevas fechas.

Las obras a las que ha sido sometida esta obra civil representativa del Renacimiento y modelo de arquitectura para numerosos edificios en España e Hispanoamérica comenzaron en mayo del año pasado. Pese a que, en un primer momento, sólo estaban previstas para la fachada sur y la torre central, han acabado por extenderse también a la zona norte con intervenciones en las fachadas de mampostería, la sillería de los muros, las impostas intermedias, cornisa y cubiertas. Además, se reformará la zona de aseos para el visitante, y se adecuará la entrada.

Para ello, la Casa de Alba se ha hecho cargo de los costes asociados a esta ampliación de las obras de rehabilitación. Gracias a esta intervención, el Palacio de Monterrey lucirá en todo su esplendor tanto por fuera como por dentro.

A partir de ahora, salmantinos y visitantes podrán disfrutar de un completo recorrido museográfico por un palacio que fue declarado Monumento Nacional en 1929 y cuyo estilo arquitectónico es referente de la corriente del plateresco español, entre otros detalles, por sus magníficas cresterías. Del interior, cabe resaltar una parte de la colección pictórica de la Fundación Casa de Alba que allí se expone, con dos paisajes de Francisco de Ribera, óleos de Sánchez Coello, Carreño de Miranda, Salvatore Rosa y Tiziano entre otros artistas, así como su rico conjunto de artes decorativas.

Restauración del edificio

El proceso de rehabilitación del Palacio de Monterrey, liderado por el arquitecto José Javier López Martín, se ha desarrollado siguiendo los criterios para la conservación, consolidación y restauración establecidos por la Unesco. Es decir, respeto a la autenticidad, mantenimiento de la integridad y cautela.

Ha sido precisamente esta senda de la mínima intervención la que ha garantizado el mantenimiento de la documentación estética, material e histórica de las fachadas. De hecho, la piedra ha sido limpiada y restaurada pero sin alterar elementos como la pátina, que es una evolución natural de la superficie y se revela como un testimonio vivo de su antigüedad.

También por esta razón los elementos ornamentales de este monumento BIC se han consolidado haciendo uso, en la medida de lo posible, de las técnicas tradicionales que se emplearon para su construcción. Así pues, los tratamientos de la piedra han estado destinados a paralizar y ralentizar los procesos de degradación.

La Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de Salamanca ha tutelado en todo momento la intervención y el Ayuntamiento de la localidad también ha mostrado su compromiso con la recuperación y puesta en valor del Patrimonio salmantino durante todo el proceso de rehabilitación.

Gracias a ello, los visitantes ya pueden admirar uno de los edificios platerescos más significativos de España y del que destacan sobremanera sus cresterías, caladas y caprichosas, auténtica filigrana en piedra, que le dan una sensación de ingravidez y elegancia difícilmente igualable.