Un invierno durísimo, imprevistos de una guerra que no se iba a librar

Un invierno durísimo, imprevistos de una guerra que no se iba a librar

La tribuna

Un invierno durísimo, imprevistos de una guerra que no se iba a librar

El corte del gas ruso a Alemania era uno de los elementos previsibles dentro de este escenario que nadie fue capaz de aventurar.

16 octubre, 2022 02:19

La guerra de Ucrania es la historia de una guerra que no se iba a producir. De hecho, la Rusia de Putin ni se molestó en declarar la guerra a Ucrania, pensando que prácticamente no iba a haber resistencia, como ocurrió en Crimea en 2014. Por otra parte, ni siquiera Zelenski tenía claro que Ucrania pudiese resistir, no digamos contraatacar. Aun así, decidió resistir en Kiev, en lo que seguramente haya sido la decisión política más valiente que se recuerda en muchos años. Pero, en estos momentos, en el campo de batalla, que es donde se ganan o se pierden las guerras, son los rusos los que tienen problemas.

Esto quiere decir que todas las consecuencias económicas son imprevistas. Pensemos que hace años que se libra una guerra en el Donbás. Y también, que Rusia ocupó militar e ilegalmente Crimea en 2014. Esta ocupación no la reconoció internacionalmente casi nadie, pero… no pasó nada.

Esto quiere decir que, si Zelenski hubiese huido y el ejército ucraniano se hubiese desmoronado, como ocurrió en Afganistán tras la retirada de las tropas norteamericanas, entonces, muy probablemente, tampoco hubiese ocurrido nada.

De hecho, la retirada Afganistán influyó en la decisión de Putin de invadir Ucrania. Parecía que Estados Unidos, y en general, Occidente, no estaban en condiciones de garantizar la viabilidad de ningún Estado. La realidad es que Estados Unidos, al menos bajo la Administración Biden, lo que no está dispuesto a poner los muertos, pero sí está dispuesto a sostener, con dinero y con armas, a Ucrania.

[Afganistán, cuando el fracaso sí fue una opción. Por Francisco de la Torre] 

Dicho esto, Occidente está apoyando a Ucrania por principios, pero también por intereses. A nadie le interesa vivir en un continente donde las fronteras no existen, aunque sólo sea porque nadie sabe, en estas circunstancias, quién será el siguiente país invadido. Y ésta es una de las razones por las que Rusia no está teniendo apoyos entre sus aliados, especialmente China. La otra razón es que las consecuencias económicas de la guerra, y de las sanciones, no le convienen a la mayoría de sus aliados.

La principal consecuencia económica de la guerra son los problemas de suministro energético. Las sanciones europeas y norteamericanas han buscado, oficialmente, que "Putin no pueda financiar la guerra".

En realidad, éste es un objetivo imposible. Lo que sí pueden conseguir las sanciones es que la maquinaria industrial rusa se resienta, y, sobre todo, que se dificulte el acceso ruso a la tecnología occidental, especialmente a la militar. Esto ha supuesto que los rusos tengan cada vez peores suministros y peor armamento. Pero, obviamente, en este mundo, como señala el viejo refrán español, "donde las dan, las toman". La consecuencia de las sanciones europeas ha sido el corte, casi total del suministro ruso de gas a Europa.

Europa central y oriental, especialmente Alemania era y es muy dependiente del gas ruso. Pero, además, estos países también importaban petróleo ruso, tanto crudo, como gasolinas y gasóleos. Incluso, hay refinerías en Alemania, que eran propiedad de petroleras rusas, y que, debido a la falta de inversiones, sólo podían refinar petróleo ruso.

Esto quiere decir que, aunque no hay problemas de suministro de crudo, si hay falta de capacidad de refino. Esto se refleja, por ejemplo, en que, aunque el diésel paga menos impuestos que la gasolina, es más caro, porque hay más demanda, precisamente por la falta de capacidad de refino. Además, Europa ha estado importando de las refinerías indias gasolinas y gasóleos: es el mismo crudo ruso, pero a un precio mayor…

"Aunque no hay problemas de suministro de crudo, si hay falta de capacidad de refino"

Ésta es una consecuencia, imprevista pero no imprevisible, de las políticas europeas de fomento de la transición ecológica. No podemos controlar dónde se encuentra el petróleo o el gas, pero tener problemas con el refino era perfectamente evitable.

La otra consecuencia imprevista, pero perfectamente previsible, era el corte de suministro del gas ruso. Alemania puso todos los huevos en la misma cesta: cerró sus centrales nucleares, no construyó ninguna planta regasificadora, y dejo de adquirir gas a Holanda. Todo esto lo sustituyó por seis grandes gasoductos que a través del Báltico, Ucrania y Bielorrusia traía gas natural. Pero todos estos gasoductos salían del mismo sitio, de Rusia.

"Que la guerra de Ucrania llegase al invierno no era lo previsto, al menos para Putin"

Que la guerra de Ucrania llegase al invierno no era lo previsto, al menos para Putin. Pero que, si llegaba, habría un corte de gas ruso, era evidente para cualquiera. Lo que sí es sorprendente es lo que está ocurriendo con las instalaciones energéticas en la guerra de Ucrania.

El ejército ruso ha ocupado centrales nucleares en funcionamiento, como la de Zaporiyia, ha bombardeado en las cercanías, ha intentado cortar el suministro eléctrico en Ucrania, e incluso se adentró en Chernobyl… Sin embargo, no ha habido daños en los cuatro gasoductos que unen Rusia con Europa y pasan por Ucrania. Incluso, estos gasoductos estuvieron en funcionamiento hasta hace poco, dado que Rusia estuvo pagando a Ucrania por los derechos de paso del gas.

Curiosamente, los dos únicos gasoductos que han sido objeto de un sabotaje, a la vez, son los NordStream, que discurren por el Mar Báltico, que no es una zona de guerra.

Los gasoductos no estaban en funcionamiento porque Putin había cortado el suministro a través del NordStream I, alegando que no podía reparar una turbina por las sanciones. El gasoducto NordStream II, propiedad de una filial de Gazprom (sociedad estatal rusa) cuyo presidente era el excanciller alemán Gerhard Schroeder, no llegó nunca a entrar en funcionamiento.

Pero, ahora, aunque Putin quisiese, no podría vender el gas a Alemania. Además, como ha entrado agua del mar en las tuberías, el daño es mucho más grave e irreversible de lo que pudiera parecer. Esto supone un perjuicio para Alemania, que tendrá problemas de suministro de su fuente más barata de gas y para la propia Rusia, que no tiene alternativas para transportar el gas a su principal cliente.

Eso sí, salen beneficiados los vendedores de gas caro como Estados Unidos, y los países intermedios entre Rusia y Europa Occidental, cuyos gasoductos se revalorizan como Bielorrusia y Ucrania. Pero, en esta invasión rusa a Ucrania, como en todas las guerras, no todos los actos de guerra siguen una lógica de intereses.

Lo que sí ha seguido una lógica de intereses, al menos a corto plazo, ha sido la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, alineándose con Rusia, de reducir en dos millones de barriles de petróleo al día su producción para mantener por encima de los 90 dólares el precio del barril.

"Los únicos beneficiados de esta guerra son los países exportadores de gas y petróleo"

Con independencia de consideraciones ideológicas, los únicos beneficiados de esta guerra son los países exportadores de gas y petróleo, que ahora venden muchísimo más cara su producción. Por esta misma regla de tres, los grandes importadores como India y, sobre todo China, son los más perjudicados.

Rusia necesitaría armas, material y tecnología para reponer su ejército. Y esto apenas se lo pueden proporcionar estados como Irán o Corea del Norte. Sí podría hacerlo China, pero pese a su animadversión a Estados Unidos y los problemas con Taiwán, a China no le interesa que continúe la guerra en Ucrania por razones tanto de seguridad como económicas.

No es previsible que Rusia pueda mantener a medio plazo el desgaste que le está suponiendo la guerra. Pero, por otra parte, Putin no se está dejando ninguna salida, y amenaza, cada vez más abiertamente con utilizar armas nucleares.

Esto quiere decir que, por lo menos nos enfrentaremos en Europa a un invierno durísimo en temas energéticos. Y también que, inevitablemente, y esto no es previsible, sino seguro, que habrá que replantearse todo el modelo energético europeo porque no volveremos a la situación de antes de esta guerra de Ucrania que no se iba a librar.

*** Francisco de la Torre Díaz es economista e inspector de Hacienda.

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