Imagen de unos edificios en China.

Imagen de unos edificios en China. EE

Inmobiliario

Crisis inmobiliaria china: el elefante en la habitación de la economía mundial

El gigante asiático se enfrenta a una de las situaciones económicas más complejas de las últimas décadas sin solución aparente en el horizonte. 

21 agosto, 2022 02:34

Desde el final de la II Guerra Mundial, el desarrollo del mercado de la vivienda ha estado asociado al ensanchamiento de la clase media de un país. Del mismo modo, contar con una base de ciudadanos con capacidad para impulsar el parque inmobiliario, ha sido uno de los indicadores más fiables de progreso y crecimiento económico.

De la mano de esta ecuación, el empleo subía, el sistema financiero se fortalecía y los estados contaban con importantes remesas de capital provenientes de los impuestos. Pero no es oro todo lo que reluce. Este círculo virtuoso, aparentemente carente de fisuras, ha sido, también, el origen de las crisis económicas más profundas de la historia moderna.

En el momento en el que alguna de las piezas de este rompecabezas se desequilibra genera un efecto dominó que, independientemente del orden, pone en jaque el sector inmobiliario, el financiero, las economías familiares y la sostenibilidad de las arcas del Estado. Tras años de ingente prosperidad, China comienza a dar señales de estar en medio de este laberinto.  

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Con sus peculiaridades, la crisis del gigante asiático replica el modelo de otros descalabros inmobiliarios: en el circuito entre promotoras, bancos y clientes el dinero comienza a dejar de fluir. En ese momento, las compañías se quedan sin músculo para seguir construyendo, los potenciales compradores ven como el dinero adelantado se pierde y los bancos comienzan a ver como crecen el agujero provocado por los impagos de unos y otros.

El mercado inmobiliario siempre ha contado con esa aureola de dinero fácil. "El precio de la vivienda nunca cae a largo plazo", "el ladrillo es el mejor refugio para los ahorros", "todo el mundo aspira a tener una casa en propiedad". La lista de eslóganes es interminable como también lo es la de veces que la realidad los ha convertido en papel mojado.

Un dinero no tan fácil

La vivienda siempre ha sido un negocio redondo en los momentos de expansión económica. Lo fue en Estados Unidos, en España y lo ha sido en China. En este último caso, los problemas han aparecido al replicarse un esquema clásico en muchas crisis inmobiliarias, muy similar a un esquema Ponzi.

Los promotores disparan la oferta hasta el punto de tener que endeudarse para poner en marcha las promociones. Los clientes compran pisos sobre plano. Las deudas de los promotores crecen de forma más rápida que los adelantos.

Las empresas comienzan a tener problemas para seguir girando la rueda. Si, en ese momento, una desaceleración también afecta a la capacidad de pago de los ciudadanos, la tormenta perfecta está en marcha.

Durante el último año, China ha visto como la situación de su crisis inmobiliaria no dejaba de empeorar. Pese a los intentos gubernamentales de, primero, negar la realidad y, después, intentar frenar la inercia negativa la situación de promotoras, hipotecados y bancos, todo ha ido de mal en peor

De Evergrande a la huelga de pagos de hipotecas

Pese a que el run-run en los mercados lleva años siendo constante, igual que lo fue antes de la crisis subprime de Estados Unidos, fue en septiembre de 2021 cuando todas las alarmas se dispararon: Evergrande, la mayor inmobiliaria del mundo estaba en problemas

La compañía se vio obligada a dejar de abonar los intereses de sus deudas y posponer pagos a proveedores. Sus pasivos, 355.000 millones de dólares, afectaban a 128 bancos y otras 120 instituciones financieras. La compañía, que capitalizó una parte importante de la apertura del mercado inmobiliario chino desde los 80 y tocó techo en 2017, necesitaba ayuda urgente. 

Evergrande Center in Shanghai

Evergrande Center in Shanghai ALY SONG Thomson Reuters

Durante los últimos meses, la situación ha empeorado aún más. La compañía no presentó en tiempo el plan comprometido de reestructuración. Otras promotoras han seguido el camino de Evergrande, convirtiendo el problema inmobiliario chino en algo sistémico para su economía.

Esto ha provocado que se suspenda la construcción de cientos de promociones a lo largo de todo el país y que, incluso, se derriben algunas a medio construir.

Ante el miedo de no ver nunca terminadas sus casas, cientos de miles de ciudadanos han decidido retrasar el pago de sus hipotecas.

Una insurrección desconocida en un país como China y que llega en un momento en el que la ciudadanía del gigante está al límite por los confinamientos provocados por la política de cero contagios. Ahora, a las alarmas del sector inmobiliario se suman las de las entidades bancarias. 

Sin solución a la vista

Algunas estimaciones publicadas en prensa estadounidense señalan que los retrasos en los pagos podrían afectar ya a hipotecas valoradas en 222.000 millones de dólares, casi un 4% del total de las hipotecas del país. En el último mes, las ventas de viviendas han caído un 40% en comparación al mismo periodo de 2021.

Los gobiernos centrales y locales de China están intentando movilizar la demanda con los métodos más variopintos. Desde compras en grupo a rebajas para que ciudadanos que ya cuentan con viviendas compren una una nueva, todo vale para que algo de liquidez llegue al mercado. 

Los datos señalan que, por el momento, lejos de acudir en masa a comprar viviendas los ciudadanos chinos están huyendo del mercado inmobiliario. En este contexto, ya comienzan a surgir términos que sonarán familiares si se recuerdan otras crisis inmobiliarias. El Gobierno ya estaría preparando rescates públicos valorados en decenas de miles de millones. 

En paralelo, la política Covid Cero con el que el país está enfrentando la pandemia ya se nota en la economía. El paro juvenil se ha disparado hasta el 20%. Además, en los mercados comienza a asentarse el consenso de que el gigante asiático no cumplirá con las potenciales previsiones macroeconómicas.

Una situación sin precedentes

China encara una segunda mitad de año que será crítica tanto para su economía interna como para la del conjunto del mundo. Nunca durante las últimas décadas el coloso asiático había tenido que lidiar con una situación tan compleja. Del mismo modo, el mundo no ha tenido que enfrentarse a que su segunda economía entre en problemas de tal calado.

En un contexto geopolítico tan complejo como el actual, con la tensión en máximos tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwan, las consecuencias que los desajustes económicos chinos pueden tener sobre el conjunto de la economía mundial son difíciles de pronosticar.

Si se toman como ejemplo otras crisis inmobiliarias, muchos de los potenciales daños colaterales dependerán de la capacidad que tenga el Gobierno chino de limitar el impacto que sufra el sistema financiero.

Y es que, a todo esto hay que sumar que este otoño el Partido Comunista Chino deberá renovar su confianza en Xi Jinping. Un líder que, además de solucionar los problemas internos del país, deberá ser el encargado en tomar las decisiones claves de la actual reconfiguración de las relaciones internacionales.

Tras décadas de impulso de la globalización, todo parece indicar que nos dirigimos a una política de bloques en las que el mandatario chino tendrá mucho que decir.

Así las cosas, los próximos meses serán claves para dar respuestas a muchas de estas incógnitas. Pese a que analistas y mercados ya descuentan el impacto que la crisis inmobiliaria va a tener en la economía del país, dependerá de la profundidad de la misma las consecuencias que tendrán el resto de la economía mundial. Un elemento más para hacer que los tambores de recesión suenen, cada vez, más fuerte.