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Cine

'Una íntima convicción': sólido drama judicial

El sólido y notable filme de Antoine Raimbault aborda un clásico del género judicial, siempre tan agradecido, como el “falso culpable”

23 agosto, 2019 12:23

Basada en una historia real que conmocionó a la opinión púbica francesa a principios de siglo, Una íntima convicción, dirigida por Antoine Raimbault, trata sobre el proceso a un profesor universitario de Derecho de Toulouse, Jacques Viguier, que fue acusado de haber matado a su mujer, una tal Suzy, que desapareció misteriosamente una mañana de febrero y de la que nunca se volvió a saber nada. Sin pruebas y basándose en las rarezas del carácter del acusado y su extraña relación con su esposa, Viguier fue juzgado y absuelto pero la fiscalía solicitó la repetición del juicio. Es ese segundo juicio el que vemos en esta notable película en la que se aborda un clásico del género judicial como el “falso culpable”. De hecho, en un momento del filme, el juez cita a la película de Hitchcock del mismo nombre de 1956 en la que veíamos al desdichado Henry Fonda pasar un calvario porque tiene la mala suerte de parecerse a un peligroso delincuente.

La protagonista del filme es Nora (Marina Foïs), madre soltera y cocinera en un restaurante que se obsesiona con el caso después de participar como jurado en el primer juicio. Cuando se repite, convence a un prestigioso abogado (Olivier Gourmet), un hombre brillante con un carácter incendiario, para que lo defienda. La clave del nuevo juicio son cientos de horas con grabaciones de conversaciones telefónicas que mantuvo el amante de la desaparecida con personas relacionadas con el asunto. En ellas, trata de manipularlos para que declaren en contra del marido.

El género judicial es muy agradecido cuando se hace bien y Una íntima convicción es una película sólida y bien contada que logra que nos sintamos concernidos por la suerte del desdichado Viguier. De la mano de esa cocinera a medio camino entre el altruismo más absoluto y una cierta obsesión enfermiza, la película trata más sobre el misterio que sobre las certezas de la vida. Antoine Raimbault pone de relieve que muchas veces es tan sencillo y doloroso porque nada es peor que la incertidumbre, que nunca sabremos la verdad, o toda la verdad, sobre determinados asuntos. El título del filme se refiere a la fórmula legal a la que se deben someter quienes participan como jurado para condenar, eso de “más allá de toda duda razonable” pero expresado de otra manera, en lo que viene a rubricar el sentido final de la película, esto es, que la sed de justicia jamás puede amparar una injusticia.

@juansarda