Tecnológicas

Así son los emprendedores que batallan en los tribunales contra el gigante American Express

Trappit es la ‘startup’ que ha denunciado al gigante por plagio de su sistema de vigilancia de precios de avión.

Trappit mantiene un litigio con American Express desde hace un año y medio.

Trappit mantiene un litigio con American Express desde hace un año y medio.

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Una decena de trabajadores frente a una plantilla de más de 54.000. Y unos 4 millones de euros de valoración frente a más de 62.000. Es la batalla del pequeño contra el grande. De la tecnológica española Trappit contra la estadounidense American Express. La primera ha iniciado su particular cruzada contra la segunda. La razón: el presunto plagio de su sistema de vigilancia de precios en tiempo real de billetes de avión. Pese a la enorme diferencia de tamaño ha conseguido sentar en el banquillo a sus responsables estadounidenses, tras una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.

A principios de esta década, Daniel dirigía el negocio del representante del fabricante estadounidense de aviones Hawker Beechcraft en España y Portugal. Tanto él como sus compañeros debían viajar mucho en avión y la consigna era clara: había que rebajar la factura de vuelos. La pregunta era: ¿Habría alguna manera de saber cuál es el momento idóneo para comprar el billete al mejor precio? Era el germen de Trappit.

Arpo, su ‘arma’

Un tiempo después Daniel y Luis, su socio que por aquel entonces contaba con una empresa de construcción, se conocen en un vuelo y crean la compañía. Su arma para salir al mercado: Arpo. Se trata de un sistema de medición en tiempo real de precios de billetes de aerolíneas. “Queríamos ver si se podía seguir la evolución del precio y cubrir el proceso temporal que no cubre una agencia de viajes”, explica Daniel de Carvajal, hoy consejero delegado.

Para crear una primera versión acuden a su propio capital y un pequeño ‘pool’ de inversores liderado por dos firmas: Diamonds Partners, dirigida por el inversor Borja Escalada (hoy presidente de la empresa), y el holding tecnológico eGauss, junto con varios ‘business angels’. En total lograron una primera inyección de capital de 890.000 euros, con la que valoraron la compañía, según de Carvajal, en 3,7 millones de euros.

Desarrollaron un primer modelo. Crearon una tecnología que permitía hacer ese seguimiento, detectar un cambio de precio significativo (mayor que el coste de la cancelación) y hacer el cambio. ¿Y dónde está aquí el negocio? Del ahorro logrado, el 70% era entregado al cliente y el 30% se repartían entre la agencia de viajes con la que se había contratado el billete y la propia Trappit (más adelante ese porcentaje se igualó hasta 50%-50%).

Primeros contactos con American Express

Y en febrero de 2014, tras un primer contacto con Banco Santander, cambia el curso de la historia para estos emprendedores. Consiguen sentarse a la mesa con los máximos responsables de American Express, el gigante financiero que cuenta con servicios de viajes de empresa a través de sus más de 1.300 agencias especializadas en todo el mundo. Hubo una primera reunión en territorio británico. Era el pistoletazo de salida de un año intenso para Trappit. El grupo estadounidense se había interesado por la tecnología de los españoles para incorporarla a su negocio de agencia de viajes de empresa –de centenares de millones de dólares al año-, pues era una ventaja competitiva frente a sus rivales al utilizarla para fidelizar clientes.

Había entusiasmo en el equipo de Daniel y Luis. Era una oportunidad de oro. “Hablaban bastante a menudo de cifras de cientos de millones y era inevitable que los ojos te dieran vueltas”, explica de Carvajal. Desde American Express le pedían nuevas integraciones, desarrollos y mejoras al producto. Al fin y al cabo, los emprendedores españoles abrían las puertas de par en par y mostraban su ‘tesoro’. ¿Sin protección? No. “Hay tres acuerdos de confidencialidad, acuerdos de intenciones, cronogramas de integración… Hay mucha historia detrás”, advierte el fundador.

Equipo de Trappit.

Equipo de Trappit.

La clave llegó con la petición de una prueba piloto con un cliente final, que iba acompañada de un acuerdo de exclusividad. “Ese cliente final lo pusimos nosotros”, precisa. Ese trabajo concluyó y esa empresa mostró su entusiasmo por el producto. “American Express hizo una reunión con ellos y les dijo que no necesitaban trabajar más con nosotros”, afirma con cierta desazón. No era más que el punto de inflexión. Era febrero de 2015.

Desde el equipo español intentan ponerse en contacto con los americanos en repetidas ocasiones. Correos, llamadas… Nada. Empezaron a detectar que están comercializando “de manera proactiva” por su cuenta un producto que llaman LastFare. “Nos llegaron a felicitar porque nos habíamos integrado con ellos”, recuerda.

Un proceso judicial… y un negocio afectado

Tras un contacto infructuoso, en el que no logran llegar a un acuerdo con ellos, de Carvajal y su socio decide acudir a la vía penal. “Voy a todos los despachos de abogados y todos me dicen que hay que ir por lo civil pero nos negamos porque no es un problema de propiedad intelectual, sino uno de fraude y de estafa”, explica.

Con un abogado ya ‘reclutado’, del despacho Peláez Abogados, deciden iniciar la vía penal en abril de 2015. En ese verano se produce la imputación de toda la cúpula del grupo estadounidense. Hace unos días, la Audiencia Provincial decidió ratificar la sentencia del juzgado madrileño y pide reabrir la causa y, por tanto, obliga a sentarse en el banquillo a toda la directiva.

Desde American Express, consideran que la demanda "carece totalmente de fundamento". Y anuncian que defenderán "enérgicamente" su posición y se muestran convencidos de que será desestimado "en cuanto el tribunal tenga conocimiento de los hechos, puesto que el caso se encuentra aún en una fase muy preliminar".

Un año y algo más perdido. En 2015, según sus propias cuentas, apenas facturaron 4.000 euros, cuando en sus planes estaba multiplicar esa cifra. ¿Cómo ha afectado al negocio? Para Trappit suponía un bloqueo. “No puedo ni acercarme a sus clientes”, apunta el emprendedor español. Según la denuncia, la tecnológica reclama casi 15 millones de euros por daños y perjuicios.

Con el tiempo, la compañía ha tenido que levantar de nuevo puentes. Tras más de un año dedicado a pleno rendimiento a este proyecto, necesita recapitalizarse. Lleva a cabo una nueva ampliación de algo más de 400.000 euros. Y empieza a reconstruir las relaciones comerciales. “Hemos tenido que iniciar relaciones con otros clientes, crear un mercado nuevo”, explican.

Mientras se dirime el caso en los tribunales, la empresa quiere concentrarse en volver a crecer. Hoy por hoy cuenta con un acuerdo comercial importante con la agencia de viajes de El Corte Inglés y con otros 12 operadores más pequeños en España. “Toca seguir adelante”, advierte. Su objetivo ahora es acelerar y rozar los 2 millones de facturación en 2017. Para ello miran más allá de las fronteras españolas y ultiman los últimos flecos de una nueva ronda de financiación de 2,1 millones de euros con “uno de los fondos de más renombre de España”.

¿Arrepentimiento? “En absoluto”

Con estos dos años a las espaldas, la pregunta que surge es clara: ¿Hubo algún momento en el que estos empresarios decidieron abandonar? “Nunca. Hemos pasado, como casi todas las empresas, por meses difíciles, pero no hemos pensado en abandonar”, apunta el fundador.

Con la lección aprendida, tienen claro que, pese a todo, harían lo mismo. “No te puedes guardar la idea para ti porque si no acaba por no progresar… A veces me he preguntado cómo no me di cuenta pero es imposible”, resalta. Está convencido de que si volviese atrás, lo volvería a hacer. “Ya lo estoy haciendo con otros”, concluye.