La columna

La mayor quiebra solar, el fin de la burbuja de deuda

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“The sun ain´t gonna shine anymore, the moon ain´t gonna rise in the sky” Walker Bros

La quiebra de SunEdison, una de las mayores empresas de energía solar del mundo, no nos debería sorprender a los españoles porque hemos vivido un caso similar en casa. Con una deuda de más de 16.000 millones de dólares, y activos estimados en 20.700, el caso de SunEdison se une a las más de 1.200 quiebras de empresas solares en EEUU y Europa desde 2010. Si hay un sector que se lanzó a la promesa de eternas subvenciones con el mayor endeudamiento posible, ese es el solar. Pero a él hay que añadir ejemplos en el carbonero (vean la quiebra reciente del gigante Peabody), con más de 26 empresas quebradas, y las empresas de fracking ineficientes, unas cincuenta compañías que han tenido que declararse en quiebra, aunque suponen menos del 1% de la producción de EEUU, según Reuters.

No es una casualidad. Porque el problema no es de tecnología, ni de buenos y malos, sino de modelo de negocio. “Es tirar a balón parado”, me decía el ejecutivo de una empresa solar en 2010 cuando planeaban una salida a bolsa que luego resultó fallida. “Nuestro negocio es como un bono, y la deuda no tiene riesgo”. Eso se lo escuché a un empresario petrolero en Dallas también. Ay.

En el sector del carbón, las que se lanzaron a endeudarse para “consolidar” o porque esperaban que la demanda se recuperase “el año que viene”. En el sector del fracking las decenas de microempresas creadas por dos cowboys y un préstamo bancario de 25 millones dólares para un pozo de 30 dólares porque “a largo plazo el petróleo subirá a $200”. Es todo uno y lo mismo. Unos se escondían bajo la bandera verde y otros la de la seguridad de suministro, pero no han caído por falta de apoyo o por la tecnología.

Es el modelo de negocio apalancado, como explicaba aquí. El que nace por burbuja, muere por burbujero. Los eficientes, de todos los sectores, sobrevivirán y se los merendarán. Como ha ocurrido toda la vida en el sector energético. No achaquemos a falta de compromiso medioambiental lo que es un evidente error de endeudamiento y de fraude escondiendo deuda fuera del balance y dando estimaciones optimistas para “inflar” la acción. 

El problema es que en una parte importante del sector solar aún piensan que el problema es que no se les “apoya” lo suficiente o que se tiene que apartar por ley a otro y sostener su negocio por un bien superior mientras acaparan subvenciones.“Las energías fósiles reciben más subvenciones que las renovables” argumentan. Sólo olvidan, oh sorpresa, que el 95% de las subvenciones “a los combustibles fósiles” son reducciones de precios a los consumidores en petroestados, mientras que las subvenciones “verdes” son beneficios para las empresas cargados como mayores precios en la factura de los consumidores. No es lo mismo bajarle el precio al consumidor vía subvenciones que subírselo vía primas a las empresas. En cualquier caso, el que considere que debemos imitar a los petroestados en su política energética debería pensárselo mejor.

¿Por qué quiebran los solares en mayor medida que el carbón y el petróleo si las instalaciones globales crecen a máximos históricos? Por el mayor endeudamiento (hasta 90% por proyecto). Un modelo de “correr para quedarse quieto” por el cual, cuando se reduce ligeramente el crecimiento, la caja no cubre los costes.

Mientras el eólico y parte del solar funciona con modelo industrial, en el subsector solar aún perdura en gran parte el modelo constructor-promotor. Sí, las carboneras y petroleras caen porque, como siempre ha sido, se creen sus propias historias sobre el precio a largo plazo…Pero… ¿Por qué quiebran los solares en mayor medida que el carbón y el petróleo si las instalaciones globales crecen a máximos históricos?Por el mayor endeudamiento (hasta 90% por proyecto). Es un modelo de “correr para quedarse quieto” por el cual, cuando se reduce ligeramente el crecimiento, la caja no cubre los costes. Dependencia de subvenciones cuando la tecnología ha reducido enormemente los costes, haciendo que, a pesar de dicha reducción, la rentabilidad se desplome más rápido. Pensar que el crecimiento de demanda -que ha sido mayor al esperado- no iba a hacer el efecto llamada de crear una sobrecapacidad estructural.

Como la burbuja inmobiliaria. De libro. La cultura del pelotazo, y un modelo que ya era insostenible incluso con subvenciones perennes, una ansiedad vampírica por los subsidios que les pagamos los demás.  La tecnología solar no ha estado madura para ser una alternativa ni para soportar la enorme deuda que tomaban los operadores pensando que era una especie de “regalo político”, y eso ha hecho que se cuestione dicho apoyo.  Es el problema de hacer la energía un negocio que no es industrial, sino financiero. Como el constructor-promotor: pedir prestado y esperar que el gobierno -es decir, el contribuyente-, lo pague.

Más de 65.000 millones de dólares de deuda basura bajo la excusa de “a largo plazo todo sube”. Y esperando que lo pague usted en subvenciones o inflación.  Igual que los cowboys endeudados del fracking rezando para que Arabia Saudí recorte la producción para pagar su ineficiente estructura de costes y balance, o el dinosaurio carbonero que pensaba que el gobierno le ayudaría por “mantener mucho empleo”. Los solares se escudaban, para el mismo error, en el buenismo verde y el 'Yes, We Can'. Pensaban que la demanda eterna justificaba los planes más apalancados. Y que sería otro el que ajustaría el exceso. O lo forzaría el gobierno de turno haciendo “hueco” al ineficiente cerrando por decreto al competitivo.

Los bonos solares se vendían, encima, como una alternativa de “cero riesgo” con un 5% de rentabilidad, y hasta un 10%, comparado con el “alto riesgo” de otros sectores energéticos. La cuadratura del círculo. Por supuesto, no existen cero riesgos a esos tipos, y las quiebras ya llegan a un 11% de las emisiones. Convirtieron los paneles en falsos equivalentes a bonos, cuando el subyacente incorpora riesgo (es una tecnología intermitente y cara) y el bono se degrada cuando se constata la sobrecapacidad global, bajan los precios de las materias primas y los reguladores de los países observan que no es la opción más razonable

Para reducir emisiones las únicas tecnologías disponibles son las renovables. Sin embargo, incorporan costes y retos técnicos. Por eso el gas natural es esencial: Son más caras que las tecnologías de producción convencional, y ese coste hay que pagarlo. ¿Quién? Deberían ir cerrando, desde la competencia, las energías que contaminan y los modelos caros y endeudados. Como ha ocurrido en EEUU gracias a la combinación de gas natural y renovables.

Hemos vivido el equivalente a la burbuja inmobiliaria, pero orientado a la energía. Esa enorme sobrecapacidad ahora será absorbida por los eficientes.

Sin embargo, la mayoría de las empresas más contaminantes del mundo son semi-estatales y con seguridades sociales encubiertas, por ello se subvencionan y se traslada el coste siempre al contribuyente, y encima no se reducen las emisiones. Tener una fiscalidad y sistema de incentivos que perpetúa al endeudado y contaminador es parte del desastre de la Unión Europea que paga más del doble de media por electricidad y gas que EEUU. Esta semana se ha firmado en Nueva York el acuerdo de París; sin estos ingredientes de pragmatismo es pura liturgia sin hechos. Porque no se penaliza al que contamina ni al ineficiente.

Las energías renovables son más complejas de gestionar a nivel red, ya que el viento y el sol son un recurso intermitente. El consumo de energía es continuo y desacoplado del viento y del sol. El sistema eléctrico apoyado en renovables necesita de potencia (MW) de respaldo siempre disponible, firme (que no falle cuando se le necesita) y flexible (que suba y baje potencia muy rápido, para acomodarse a la intermitencia de sol/viento). Y eso no lo soluciona una batería que cuesta miles de dólares en cada casa. Estamos hablando de centrales eléctricas de ciclo combinado, con gas natural, un combustible fósil, pero de bajas emisiones. Son necesarios, como ha identificado la Comisión Europea en su informe reciente, unos mecanismos complementarios para garantizar que no haya apagones. Sale más barato que construir cientos de kilómetros de redes y miles de centrales primadas.

Como no vamos a mejorar en eficiencia y en reducción de emisiones es sosteniendo a los ineficientes. En EEUU se ha avanzado más rápido desde la competencia y dejando que quiebren. Es sorprendente que en Europa no cierre y se subvencione el carbón. Sea Peabody, o de fracking, Energy XXI o solares, SunEdison, estos modelos no son los garantes de que la luz permanezca encendida y el depósito lleno. El sector energético necesita de empresas responsables y reguladores ortodoxos que pongan en marcha estas soluciones.

Hemos vivido el equivalente a la burbuja inmobiliaria, pero orientado a la energía. Esa enorme sobrecapacidad ahora será absorbida por los eficientes. La guerra entre tecnologías, que comentábamos en La Madre de Todas las Batallas (Deusto), no se va a librar llorando porque se acabó la deuda barata o las subvenciones, sino por competencia entre operadores prudentes. Pueden quejarse, pero es imparable.