lleno de energía

Mareando la perdiz

“Don't feel like picking up my phone so leave a message at the tone 'cause today I swear I'm not doing anything” Bruno Mars

Hace muchos años un amigo mío de una gran empresa me dijo: “Aquí lo que hay que hacer es poner cara de velocidad y hacer como que haces muchas cosas”. La sensación de que corremos para quedarnos quietos se apodera también de uno cuando analiza las principales noticias de la semana en el ámbito económico. El incumplimiento del déficit, la falta de acuerdos políticos para alcanzar gobierno y los papeles de Panamá.

Mientras tanto, en Europa se producía la novena semana consecutiva de salida de capitales de las bolsas, y la fe en los bancos centrales se disipaba de nuevo con los datos macroeconómicos tanto de Alemania como de las principales economías de la Eurozona. Mientras nuestras señorías se peleaban a ver quién propone gastar más y subir más los impuestos, la confianza del consumidor y la producción industrial mostraban una evidente ralentización. Luego dirán que todo es culpa de los ingresos.

Incumplir el déficit. Soplar y sorber 

Al final, Eurostat ajustó el déficit de 2015 a un 5% del PIB. Una desviación de pocas décimas que ha llevado a rasgarse las vestiduras a los mismos que dejaron un déficit oculto de 30.000 millones de euros y 45.000 millones de facturas impagadas, a los que quieren aumentar el gasto corriente en 90.000 millones y a los que hace poco se lanzaban en campaña de viaje a Bruselas a exigir relajar el déficit porque “no existe ninguna razón macroeconómica para ajustar”. Queremos soplar y sorber.

La mayor parte del arco parlamentario sigue exigiendo mayores gastos, desde un aumento de 10.000 hasta 62.000 millones de euros en la legislatura, y mayor déficit. Pero critican al gobierno de turno su incumplimiento. Y es que el problema en España no parece ser la irresponsabilidad presupuestaria, sino que no la lleve a cabo mi equipo. Lo comentamos aquí en “el déficit y los chocolates del loro”. La incertidumbre política ya resta alrededor de 2.000 millones mensuales en crecimiento potencial y hasta 137.000 puestos de trabajo, según distintos análisis de BBVA y Funcas.

El próximo gobierno llevará a cabo mayores recortes de los que critican si los aspirantes a pacto siguen empecinados en entorpecer el crecimiento y empleo desde la rigidez. España, aunque ninguno de los partidos aspirantes a pactos lo quiera reconocer, tendrá que llevar a cabo un ajuste cercano a 20.000 millones de euros que la Comisión Europea no va a permitir que se disfrace con estimaciones de ciencia ficción de ingresos fiscales por nuevos impuestos.

Hay que bajar los gastos porque en 2016 no vamos a contar con el crecimiento y la intensidad de creación de empleo del pasado si la incertidumbre se mantiene o se conforma un gobierno débil en el que el consenso solo venga de aumentar el gasto corriente. No son amenazas, son matemáticas. La media de error en las estimaciones de ingresos en España ha sido de un 1% del PIB en el primer año y, atención, el 1,6% el segundo y el 1,8% el tercero (Revenue Forecast Errors, 2014, Univ. de Lisboa). Subir los gastos y bajar el déficit es como soplar y sorber. Imposible.

Los papeles de Panamá y la indignación hooligan

Ayer explicaba en un vídeo los mitos y errores de los mal llamados paraísos fiscales. La dudosa integridad y coherencia moral de los mismos que se pasan el día criticando el capitalismo o los recortes para luego buscar eludir impuestos –aunque sea legal- es parte del debate, y está bien. Pero lo que a mí me importa son dos cosas. Atacar las actividades ilegales y que no se usen estos casos como subterfugio para esconder la incompetencia presupuestaria.

Recordemos que si analizamos todos los activos que se estiman en paraísos fiscales, unos 13 billones de dólares aproximadamente, se están incluyendo depósitos y también deuda. No son todo bases imponibles, ni empresas en beneficios. Si estimamos cuánto se podría recaudar elevando a base los activos elegibles, y aplicásemos el diferencial entre el impuesto que pagan en Panamá, por ejemplo, y la media de la Unión Europea, supondría un ingreso –ojo- de una sola vez, no recurrente e inferior a un porcentaje ínfimo del déficit anual.

Y eso sin estimar impacto en el comercio internacional o inversión extranjera canalizada desde terceras jurisdicciones en acuerdos bilaterales. Sin quitar la importancia de atacar el fraude real, debemos tener cuidado con las estimaciones optimistas porque no solucionan problemas estructurales. Con los papeles de Panamá, como ocurrió con la 'lista Falciani', nos surge la indignación “hooligan”.

“Escogemos” al famoso o dignatario preferido para indignarnos según el “color” de nuestra ideología. Pero lo que importa es atajar el delito, como se ha hecho en los últimos años, aflorando bases imponibles reales. Es esencial aumentar la cooperación entre países para combatir el fraude –el de verdad, que tener una cuenta en el extranjero no es ilegal- sin amarillismos. Las actividades ilegales, la financiación del terrorismo y el blanqueo.

No la legítima decisión de invertir en otro país o evitar doble imposición en comercio internacional. Pero debemos evitar estimaciones de cuento de la lechera de ingresos fiscales perdidos que nunca se cumplen. La propia Universidad de Harvard y de Basilea alertan contra los cálculos optimistas e inflados además de mostrar que las principales beneficiadas de la existencia de refugios fiscales son las economías desarrolladas. Los titulares escandalosos suelen esconder la intención de aumentar impuestos y justificar gastos innecesarios en los países de la OCDE. 

Atacar el fraude es necesario, desde la ley y la cooperación global. Intentar imponer la fiscalidad que nuestros gobiernos han decidido unilateralmente para sostener sus hipertrofiadas cuentas a otros países soberanos que no tienen reinos de Taifas ni Observatorio del Flamenco que financiar no ha funcionado ni funcionará. Contra los paraísos fiscales, la mejor arma es no ser un infierno fiscal. Atraeremos mayor inversión, crearemos más empleo y generaremos más ingresos.

Al final, el error de todos estos debates es que se pretende la cuadratura del círculo pensando desde el gasto y con mentalidad recaudatoria de Sheriff de Nottingham en vez de desde la competitividad y la atracción de capital que aumentan las bases imponibles y los ingresos fiscales de manera sostenible. El gasto público no es un derecho, es el resultado de una economía productiva donde es atractivo invertir y crear empleo.

Para que exista el sector público hace falta un sector privado que crezca para que pueda pagar impuestos. Y en 2016-17 el mundo se encamina a un crecimiento muy pobre. La semana que viene, los mismos que nunca han creado una empresa ni un puesto de trabajo desde su esfuerzo, seguirán mareando la perdiz para pactar sobre cuánto debe usted ganar y cómo se lo debe gastar. Eso sí, poniendo cara de velocidad.