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Se acabó el juego: Carlos Slim se come el 100% de FCC, Cementos Portland y Realia

La mayor fortuna de México se hace con un imperio de ladrillo, cemento y servicios en España tras la caída de los Koplowitz.

Carlos Slim y Felipe González mantienen una estrecha relación.

Carlos Slim y Felipe González mantienen una estrecha relación. DPA

De OPA en OPA. Carlos Slim, dueño de Inmobiliaria Carso, ha terminado cerrando el círculo que comenzó a trazar a finales de 2014. Se quedará con la constructora Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), Cementos Portland y Realia. Tres en uno. Eran sus planes desde el principio, pero ha tardado 15 meses en completarlos. Este viernes, Slim ha tomado el control definitivo de FCC tras la ampliación de capital de 700 millones de euros que acaba de liderar.

El mexicano, a través de Control de Capitales (filial de Inmobiliaria Carso), ha presentado una oferta formal por la constructora a razón de 7,6 euros por acción, con una prima del 15% sobre la cotización en bolsa del grupo. La operación valora las acciones de FCC en 2.876 millones de euros. Slim se ha visto obligado a lanzar la OPA después de superar el límite legal del 30% en la reciente ampliación de capital que ha llevado a cabo la compañía. El mexicano ya cuenta con el 36,5% de FCC.

De forma simultánea, Slim ha comunicado a la CNMV su solicitud para que FCC lance una OPA de exclusión sobre su filial Cementos Portland Valderrivas a un precio de 6 euros por acción, un 12% por encima de la cotización actual. Esta OPA valora el grupo en unos 300 millones de euros. Esta operación supondría para FCC un desembolso de apenas 68 millones de euro, ya que controla el 77% del capital, según los registros de CNMV. La doble operación se une a la OPA sobre Realia que lanzó a finales de enero y que valoró la inmobiliaria -en la que FCC tiene el 36% y Slim otro paquete similar- en 370 millones.

De esta manera, el mexicano agrupa bajo un mismo mando tres compañías que valen unos 3.400 millones de euros en bolsa y reorganiza un conglomerado de empresas en el que ha tenido que inyectar más de 1.000 millones de euros desde 2014 en las dos ampliaciones de FCC y en la que llevó adelante en Realia. Pero los intereses de Slim no sólo se quedan en estos tres grupos, sino que también alcanzan a otras compañías españolas como Prisa (medios) o La Caixa, como consejero de su Fundación o en los negocios en México a través de Inbursa.

También es el dueño de un club de fútbol, el Real Oviedo, la más mediática de sus inversiones. La última de todas ellas, aparcada en un rincón, es la que le convierte, indirectamente a través de FCC, en dueño de una parte del accionariado del operador móvil Yoigo, el cuarto con infraestructura propia tras Telefónica, Orange y Vodafone. Aunque FCC es el más pequeño de los accionistas de Yoigo, con apenas el 3%, pero el único con un accionista lo suficientemente solvente (Slim) como para optar a comprarla.

Los intereses del mexicano en el sector de las telecomunicaciones son la base de su fortuna, que comenzó en su país con Telmex y America Mòvil. En Yoigo comparte accionariado con el operador nórdico Telia Sonera, que tiene el 77%, la constructora ACS -que cuenta con un 17%- o la ingeniería Abengoa, con un 5%. Los socios españoles suman cerca del 25% de la operadora de móviles y, tanto unos como otros, se han mostrado partidarios de vender o participar en alguna fusión.

El final de la era Koplowitz en FCC

Con la OPA de Slim, el destino de FCC cambia de dueños después de décadas bajo el control de la familia Koplowitz. Su participación ha estado siempre bajo esa presión de la deuda, desde que en junio de 1998 comprase el 25% de las acciones de su hermana Alicia en la empresa por unos 820 millones de euros.

Sólo tres meses más tarde encontró su primer caballero blanco, un inversor amistoso que le apoyase a llevar esa carga. Fue la francesa Vivendi, que permaneció hasta 2004 en la constructora a través de su división de medio ambiente. En 2000 también entró en el capital el millonario belga Albert Frëre. Ambos socios permanecieron hasta 2004, año en el que se produjo otra gran crisis accionarial para FCC.

Su rival Acciona (Entrecanales) compró el 15% de la empresa y planteó una fusión que no salió adelante. Aquel movimiento hostil se produjo en paralelo a la recompra de la participación de Vivendi por Koplowitz, que a su vez volvió a buscar nuevos socios para defenderse. Apareció Ibersuizas, un fondo de capital riesgo que invirtió de la mano de varias familias vinculadas al sector de la alimentación (Gulas Aguinaga, García Baquero, Bodegas Faustino…). Al final, los Entrecanales desistieron en 2006 y traspasaron su 15% a Inmocaral, uno de los símbolos de la burbuja inmobiliaria.

Aquellas acciones acabarían en 2008 manos de los prestamistas de Inmocaral, con bancos como Goldman Sachs o RBS a la cabeza. La crisis financiera había estallado y lo peor estaba por llegar para FCC y su dueña. Conforme avanzaba el deterioro de su negocio (construcción e impagos de la administración), la capacidad de la empresa para pagar dividendo a Koplowitz -que los usaba para pagar su deuda- se puso en cuestión. Sólo cinco años más tarde, en diciembre de 2013, Koplowitz estuvo a punto de perderlo todo y se barajó incluso el concurso de acreedores de la sociedad familiar. Sólo unos meses antes Esther madre había cedido la presidencia de FCC a su hija Esther Alcocer Koplowitz.

Finalmente, madre e hija refinanciaron (ampliar los plazos y condiciones de la deuda) los 900 millones que necesitaban. Fue clave que en octubre de 2013, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, entrase en su accionariado con un 6% del capital. También FCC logró ampliar su financiación con la banca (unos 5.000 millones) con la condición de realizar desinversiones (como la filial de autopistas Globalvía).

Si hay que buscar un inversor con dinero, la lista de multimillonarios de la lista Forbes parece el mejor sitio para encontrar alguno. El capital de Slim, que entró en 2014 en una ampliación de 1.000 millones de euros, ahora ha reforzado esa apuesta con otra inyección de 700 millones. Además, el mexicano es quien ha prestado el dinero a las Koplowitz para que hicieran frente a su parte en la ampliación.