Sierra Norte de Madrid, una región en la que cualquier ciclista tiene un camino

Desde la alta montaña hasta la zona de las vegas del Jarama, la Sierra Norte ofrece una variedad paisajística y patrimonial incomparable para disfrutarla pedaleando.

Hay algo placentero y casi adictivo en ese esfuerzo con el que, pedalada a pedalada, alcanzamos cotas imposibles, recorremos caminos inexplorados y descubrimos rincones de ensueño incluso en el entorno más próximo, aquel que pensamos que conocemos. Esa es parte de la magia que aguarda próxima a Madrid ya que, muy cerca de la gran ciudad, existen parajes que parecen imposibles al lado de cualquier capital europea.

Lo cierto es que la Comunidad de Madrid lo tiene todo, o casi. Y una de las alternativas de ocio activo más atractivas es todo lo relativo a la red de caminos para senderistas y ciclistas que tiene la Sierra Norte. Se trata de un destino turístico ubicado en el extremo norte de la región que comprende más de 40 municipios en un territorio que delimitan Rascafría y el puerto de Cotos por el oeste, Somosierra al norte y Patones al sureste.

Es, además, una zona con una diversidad extraordinaria “porque va desde la alta montaña a las vegas del Jarama”, como explica David Pajares, técnico de turismo en el Centro de Turismo Villa San Roque, de Sierra Norte de Madrid. “Es un área eminentemente rural y de montaña, la zona más protegida de la Comunidad ya que cuenta con un Parque Nacional, dos Reservas de la Biosfera… es un área de gran valor ecológico que está muy bien conservada y en la que la mayoría de los pueblos que hay son muy pequeños y con una arquitectura y una economía tradicional”, añade.

Extensión y diversidad

Pese a lo extenso de la superficie, se trata de una zona que, a lo largo de la historia, ha atraído a muchos amantes del deporte y de la naturaleza. Y aunque el senderismo sigue siendo la práctica más popular, la Sierra Norte ha ganado muchos adeptos en los últimos años entre los amantes de las dos ruedas porque, al margen de la variedad de paisajes de la que disfruta, se ha intensificado el trabajo de personas como estos técnicos de turismo para acondicionar los caminos, marcarlos de la forma más adecuada e incluso impulsar infraestructuras específicas que proporcionen a los ciclistas todo lo que necesitan antes, durante y después de sus salidas.

“Es una zona surcada por muchísimos caminos y senderos que hemos desarrollado en una red que se llama Carpetania”, explica Pajares. “Al ser un área de montaña que hace de límite entre las dos mesetas, tradicionalmente ha sido una vía de comunicación, por lo que hemos heredado caminos, vías pecuarias, senderos o cañadas que se usan para la práctica de muchos deportes”. Y dada esta variedad también es apta, añade, para todo tipo de niveles dado que “los más experimentados pueden aprovechar las laderas, los cordales o subir a los puertos, mientras que hay caminos más suaves para familias, por ejemplo”.

Una de las referencias más evidentes para planificar un día –o varios- de rutas por la zona es la web de Sierra Norte Madrid. Se trata de un repositorio imprescindible para descubrir nuevos retos gracias a la minuciosidad con la que se presenta la información. En la ficha de cada itinerario se ofrece no solo una descripción y los datos técnicos más relevantes, sino que incluso se da la oportunidad de descargar el track para que cualquiera pueda seguir el camino sin temor a perderse en su propio dispositivo móvil.

José David Pajares, técnico de Turismo en SierraNorte Madrid

Entre estas opciones está la CiclaMadrid MTB Tour. Es la joya de la corona, una ruta integral de 213 kilómetros, totalmente señalizada, que recorre de forma circular toda la Sierra Norte. Su extensión y el desnivel acumulado próximo a los 5 000 metros puede hacer pensar que está hecha para los más expertos. Sin embargo, es un camino muy cómodo para cualquiera porque discurre por pistas forestales y caminos con una anchura suficiente y un piso en muy buenas condiciones. Además, atraviesa pueblos tan pintorescos como Patones, Rascafría, Lozoya o Montejo, que invitan a tomárselo con calma y a emplear varios días para aprovechar todo el valor paisajístico y patrimonial que ofrece, al margen de lo estrictamente deportivo.

Para todo tipo de modalidades

Aunque buena parte de estos caminos están pensados y habilitados para la bicicleta de montaña, lo cierto es que la Sierra Norte es ideal para pedalear igualmente con otro tipo de monturas. También para ellos, este organismo dedica secciones específicas para las bicicletas de carretera, para el cicloturismo y para las gravel, una nueva modalidad que aúna las otras disciplinas para ofrecer una experiencia híbrida entre los caminos asfaltados y las pistas de tierra.

“Es una zona muy buena para la bicicleta de montaña y para la gravel. Y para las de carretera también existen muchas rutas que ofrecen muy buenas condiciones ya que, al estar en un área muy poco poblada hay poca circulación y puedes ir relativamente tranquilo porque no vas a tener problemas de tráfico. Contamos con puertos míticos como Cotos, la Morcuera u otros menos conocidos pero muy bonitos como el de Navafría o La Hiruela, en la Sierra del Rincón”. “Cualquier ciclista tiene un camino para él”, concluye.

Una infraestructura a la altura

Con la ambición de posicionar la Sierra Norte como un destino ciclista y senderista, explica David Pajares, “no solo tenemos que tener caminos señalizados y en buenas condiciones. También nos tiene que acompañar una infraestructura turística acorde” y que responda a las necesidades específicas de estos deportistas. Por eso, muchos establecimientos de la zona se han ido especializando para ofrecer servicios como guarda bicis más seguros, pequeños talleres, lavaderos e incluso, cada vez más, los que ostentan este tipo de negocios son capaces de aportar información sobre las rutas y los puntos de interés más próximos.

El siguiente nivel en este tipo de filosofía lo ejemplifica CicloLodge El Nevero, en Lozoya. Su ubicación no es casual, dado que esta localidad es uno de los lugares donde confluyen algunas de las rutas más pedaleadas, como el Camino del Valle, la subida a la Horizontal o el ascenso al puerto de Navafría, por citar algunas. Además, con el embalse de la Pinilla a pocos metros, donde es posible practicar deportes acuáticos, CicloLodge es una referencia para todos los amantes del turismo activo en la región.

Antonio de la Rosa, aventurero y empresario

El nombre ya delata el espíritu que habita en este alojamiento. Es un hotel pero, en verdad, es mucho más que eso: se trata del primer establecimiento que sitúa a la bicicleta como un cliente más al uso y le confiere un protagonismo absoluto a todos los niveles. Y es que, además de los servicios para las personas, las bicicletas encuentran aquí espacios para ser reparadas, boxes con vigilancia continua, zona de lavadero… todo, a tiro de cualquier ruta que se quiera hacer por la zona.

Todo en la decoración remite al ciclismo como leitmotiv y lo convierte en una especie de museo temático. Se pueden ver fotografías, pinturas y todo tipo de objetos relacionados con este deporte, como la bici con la que Miguel Induráin ganó su quinto Tour de Francia, en 1995, o un cuadro de otra bicicleta ganadora, en este caso la del estadounidense Chris Horner, el más veterano en conquistar la Vuelta a España en 2003, con 41 años de edad.

Tras la pasión por el deporte que subyace tras este homenaje tan explícito al ciclismo está Antonio de la Rosa, un personaje que se define como “aventurero y empresario”. Es una presentación modesta, dado que un breve vistazo a su currículo le señala como una figura acostumbrada a viajar por el mundo afrontando retos extremos, como cruzar el Pacífico en solitario en una embarcación de paddle surf (2019), o ser la primera persona en completar la exigente Lapland Extreme Challenge en Laponia, de 1 000 km., con esquís de fondo tirando de su propio trineo, entre otras muchas. En estos momentos ya piensa en su siguiente aventura: alcanzar la Antártida en una embarcación a remo diseñada por él mismo.

“No me veo viviendo en otro sitio”

Con semejante hoja de servicios y acostumbrado a ver mundo, puede sorprender que De la Rosa haya elegido Lozoya como la sede para su negocio, pero nada más lejos de la realidad: “Llevo viviendo en la Sierra Norte 18 años; siempre me ha gustado muchísimo el contacto con la naturaleza y he buscado un entorno cercano a Madrid que sea así. No me veo viviendo en otro sitio”, reconoce. Al margen de ostentar una empresa de multiaventura que también opera en la zona, “junto con mi socio José María nos planteamos hacer algún tipo de albergue de montaña relacionado con la necesidad que nosotros notamos cuando viajamos, sobre todo en bicicleta”, explica.

Y es con ese objetivo con el que nació CicloLodge: “No es solo un alojamiento, sino un lugar integral para el ciclista, para las familias, para los amigos… CicloLodge es nuestra casa y queremos que sea la casa de toda la gente a la le gusten las mismas actividades que a nosotros, como montar en bicicleta, remar o ir caminando por la montaña. Es un entorno espectacular, con el embalse de Pinilla a 200 metros y muchos caminos. Es un territorio para que el ciclista se sienta como un auténtico profesional”.

Tan cuidado escenario, por supuesto, se complementa con un catálogo de servicios a la altura que combinan la calma del entorno con todo tipo de comodidades como un spa, un salón de actos con una activa agenda, o un restaurante en el que se apuesta por la comida sana: “Ni siquiera tenemos una freidora”, comenta De la Rosa. Además, el hotel está abierto durante todo el año, lo que facilita las rutas ciclistas en otras fechas e incluso la práctica de otro tipo de deportes de invierno como el esquí de fondo, por ejemplo. De hecho, el establecimiento también alquila mountain bikes (tradicionales y eléctricas) e incluso otro tipo de material como las raquetas de nieve.

CicloLodge es una buena excusa para visitar Lozoya y su entorno que, sin duda, refleja la vitalidad de la Sierra Norte. La extensión también invita a conocer algunas de las rutas más populares que se pueden encontrar en otros puntos del territorio. David Pajares cita algunos, como “la zona de El Berrueco, con la senda del Genaro y su variante de 70 km.; o Prádena, Montejo y La Hiruela, que tienen muchas posibilidades para la bici de carretera”, lugares para ir empezando y enamorarse de una región que, aunque parezca imposible, es real y más cercana de lo que parece.

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