Cuatrocientas palabras. Un folio, aproximadamente. Los estudiantes españoles tienen problemas de comprensión al enfrentarse a textos largos.
Así lo afirmó Tue Halgreen, analista sénior de PISA de la OCDE, durante la presentación de los resultados de 2025: "Si el texto tiene más de 400 palabras, qué es lo que puede caber en una pantalla, ahí es donde empezamos a ver a los estudiantes tener problemas".
En España, el 32% del alumnado de 15 años queda por debajo del nivel básico de competencia lectora. Alcanzarlo supone, entre otras capacidades, identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información y reflexionar sobre su finalidad.
Estas habilidades son fundamentales no solo para el aprendizaje académico, sino también para comprender los problemas del mundo, contrastar puntos de vista y construir argumentos propios, competencias esenciales para el diálogo y la negociación.
Precisamente, estos son algunos de los principios que promueve SEKMUN, la representación del modelo Naciones Unidas, en el que se hace comprender a los participantes que la mejor forma de resolver los problemas es el diálogo y la negociación.
La Institución Educativa SEK apuesta por este evento educativo-cultural en el que los alumnos, además de capacitarse en temas de actualidad y de política internacional, adquieren una visión general del mundo.
Modelo MUN
El Modelo de Naciones Unidas (Model United Nations MUN) es un proyecto liderado por estudiantes, con fines educativos y formativos.
A través de diferentes técnicas de debate y negociación, los alumnos representan a países miembros en los diversos órganos del sistema ONU.
En esta experiencia educativa, deben ponerse en la piel del delegado del país que les ha tocado representar y encontrar soluciones a problemas concretos, que forman parte de la agenda internacional.
Los proyectos MUN buscan fomentar el espíritu crítico y la participación de los estudiantes, que adquieren principios, valores y mecanismos para la resolución pacífica de conflictos. También contribuyen a la adquisición de conocimientos sobre la realidad internacional.
Para defender una idea en público, primero hay que comprenderla. En los debates escolares, ese trabajo empieza semanas antes de tomar la palabra.
Los alumnos buscan información, preparan argumentos a favor y en contra y anticipan posibles preguntas. Después deben escuchar al otro equipo y responder a sus objeciones.
Teófilo Flores Ysaac es coordinador de Oratoria y Debate de SEK-Ciudalcampo International School, en Madrid, profesor asociado de la Universidad de Navarra y fundador del club de debate del colegio.
"Preparar una intervención requiere mucho más que perder la vergüenza o aprender a proyectar la voz. Los alumnos necesitan saber de qué hablan", sostiene a EL ESPAÑOL.
Entender la información
El informe PISA no establece que las dificultades de comprensión lectora sean la causa de los problemas para hablar en público ni tampoco mide el efecto de los clubes de debate sobre los resultados académicos, aunque la conexión está en el trabajo previo que describe el docente: investigar, entender la información y utilizarla para construir un argumento.
"La preparación de una competición puede empezar un mes antes. Durante ese tiempo, los estudiantes investigan la cuestión planteada y buscan argumentos a favor y en contra. No basta con reunir razones para defender su primera opinión. Deben conocer también las objeciones y encontrar herramientas para responderlas", explica Flores Ysaac.
Los temas los llevan a terrenos complejos. El profesor menciona debates sobre la liberalización de las patentes de medicamentos, la modificación genética para prevenir enfermedades genéticas o la incorporación de Ucrania y Moldavia a la Unión Europea.
Los alumnos tienen que seleccionar los datos, ordenar lo aprendido y decidir cómo explicarlo. Tampoco termina el trabajo cuando el estudiante tiene preparado su discurso.
El otro equipo puede plantear una objeción, introducir un argumento distinto o cuestionar su razonamiento. Para responder, primero necesita comprender lo que acaba de escuchar, es decir practicar la escucha activa: "Un debate no consiste en pronunciar varios discursos independientes".
Cada intervención exige atender al contrario y pensar cómo contestar a lo que está planteando. También cambia el tiempo de atención. Según observa el profesor, los alumnos están acostumbrados a mensajes de alrededor de un minuto.
En algunas competiciones deben seguir exposiciones de entre tres y siete minutos. No pueden desconectarse mientras esperan su turno: la siguiente respuesta depende de lo que diga el otro equipo.
La preparación sigue siendo necesaria, pero no permite anticiparlo todo. Durante el encuentro, los participantes deben utilizar lo que saben y adaptarlo a la discusión.
Dos modelos
En el trabajo del docente conviven las competiciones de debate y SEKMUN, el modelo de Naciones Unidas de la Institución Educativa SEK. Ambos formatos requieren documentación e intervenciones públicas.
Sin embargo, persiguen objetivos distintos. En el modelo diplomático, los alumnos practican la negociación. En el debate competitivo, elaboran argumentos para convencer al jurado.
A las exigencias de preparación se suma una barrera conocida: hablar delante de los demás. Flores compara ese temor con el que sienten también muchos adultos.
El profesor encuentra alumnos interesados en participar, pero inseguros sobre su capacidad. Su trabajo parte de explicarles que debatir y negociar son habilidades que se pueden adquirir: "No hace falta nacer con facilidad para intervenir ante una audiencia.
"Las primeras experiencias positivas les ayudan a ganar confianza y a seguir intentándolo". Recuerda el caso de un alumno al que los nervios le provocaban tartamudeo cuando hablaba en público.
Le interesaban la política y Naciones Unidas, y esa motivación lo animó a participar en el modelo de simulación diplomática. Con el tiempo, llegó a asumir un puesto de responsabilidad en la actividad. Según relata Flores, logró superar aquella barrera y vencer la timidez.
Este proceso no termina cuando se acaba el proyecto. Muchos de sus alumnos le envían años más tarde al profesor presentaciones realizadas en la universidad.
Algunos habían participado al principio con pocas ganas, pero más adelante encontraron una ocasión para utilizar aquellas herramientas, incluso en las entrevistas de trabajo. "Son situaciones en las que los nervios pueden dificultar la expresión y obligan a recurrir a lo aprendido", concluye el profesor.
La utilidad, por tanto, no se limita al ámbito escolar, sino que prepara a los alumnos para enfrentarse a situaciones de la vida real.
