"Para la privada, nada, nada, nada", "aquí están los antifascistas" o "vergüenza me daría ser policía". Estos y otros cánticos más enardecidos se escucharon durante el primer día de huelga indefinida de profesores no universitarios en Madrid y se mezclaban con las reivindicaciones de una educación pública y de calidad.
Estas jornadas, al margen de la habitual batalla de cifras sobre participación y seguimiento, plantea una cuestión que queda en el aire: ¿todos los manifestantes estaban allí por la misma causa?
Bajo un mismo lema en favor de la enseñanza pública convivieron demandas y proyectos de muy diversa naturaleza que, a priori, son compatibles.
Manifestantes durante la primera jornada de huelga indefinida
Pero la manifestación vespertina visibilizó esa fragmentación incluso en la separación física entre las distintas pancartas, con la estación de Atocha y el entorno de la estatua de Murillo como escenarios principales.
Junto a las demandas de menos alumnos por aula, más recursos y mejores condiciones laborales, algunas organizaciones juveniles plantean una batalla contra el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y, más allá, contra el sistema capitalista: "Defendamos la educación pública, fuera Ayuso" fue una de las consignas recogidas durante la jornada.
La reivindicación educativa convivió con insultos como "Ayuso, Almeida, idos a la mierda".
Mientras los representantes docentes detallaron necesidades de plantilla, salarios, atención a la diversidad o prácticas de Formación Profesional, integrantes de organizaciones juveniles hablaban de huelga general, revolución y trincheras. Pero, ¿quiénes son los grupos que impulsan esta lectura politizada del reclamo?
Contracorriente
Contracorriente es una agrupación juvenil vinculada a la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras, la CRT, de orientación trotskista. Se presentó públicamente en 2018 y se define como una juventud "anticapitalista, antipatriarcal y revolucionaria".
Su programa no se limita a mejorar la enseñanza: defiende una transformación socialista de la sociedad y la organización conjunta de estudiantes y trabajadores.
Esa conexión explica su presencia tanto en los campus como en las movilizaciones por la vivienda y en protestas laborales. En Madrid, sus integrantes también participan en la acampada de la Puerta del Sol.
Para el colectivo, la falta de recursos educativos y las dificultades de acceso a una vivienda forman parte de un mismo conflicto, ligado al funcionamiento del capitalismo.
El pasado miércoles, Yan Zepeda, miembro de Contracorriente, defendió la movilización frente a la privatización e insistió en la convocatoria de una huelga general.
También denunció la actuación policial de aquella mañana en la Complutense: "Vamos a seguir luchando, no van a conseguir amedrentarnos", declaró a elDiario.es.
La organización quedó además en el foco de los incidentes en Ciudad Universitaria. El periódico ABC atribuye a fuentes del caso la presencia de unos 150 jóvenes de Contracorriente en el piquete.
La intervención terminó con cinco detenidos y dos agentes heridos leves, después de que manifestantes intentaran rebasar un cordón y atacaran a la policía.
"Vencer a Ayuso"
En el Sindicato de Estudiantes, el objetivo político aparece desde el título de la convocatoria: "Profes y estudiantes unidos para vencer a Ayuso".
El llamamiento a la huelga indefinida combina las reivindicaciones educativas con una oposición frontal al Ejecutivo autonómico.
La organización, nacida en 1986 e impulsada por militantes de la corriente que hoy se denomina Izquierda Revolucionaria, tiene una trayectoria distinta de la de Contracorriente.
Ambas proceden de tradiciones de izquierda revolucionaria, pero no son la misma estructura.
Para esta huelga, el Sindicato de Estudiantes convocó piquetes, una concentración al mediodía en Sol y la manifestación de la tarde entre Atocha y Sol.
También llamó a organizar asambleas y comités de huelga en los institutos de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Su estrategia busca paralizar los centros y extender la movilización a la juventud y a la clase trabajadora.
Entre sus demandas figuran una ratio de 15 alumnos por aula en Secundaria, nuevas plazas públicas de FP y un plan de inversión en infraestructuras.
Pero el programa incorpora también la retirada de todas las subvenciones a la enseñanza privada concertada y la rescisión de los conciertos.
Añade reivindicaciones contra el racismo y la LGTBIfobia y reclama la derogación de la ley mordaza. La convocatoria conecta, además, la educación con la vivienda, la sanidad y otras críticas a la gestión regional.
No se trata, por tanto, de un mensaje político añadido de manera improvisada durante la marcha. Forma parte del documento con el que la organización llamó a secundar la huelga.
Frente de Estudiantes
El Frente de Estudiantes, cuyas siglas son FdE, se presenta como un sindicato de base y democrático. Fundado en diciembre de 2015, defiende una educación "pública, de calidad, gratuita y al servicio del pueblo trabajador".
Su planteamiento combina las demandas de cada centro con lo que denomina 'problemáticas generales'.
Frente a una actividad limitada a las jornadas de protesta, reivindica el trabajo cotidiano en institutos y facultades. Su propia presentación subraya la independencia sindical y la confianza en "el pueblo trabajador organizado" como instrumento de transformación educativa.
El FdE figura entre las organizaciones que participaron en la preparación de la huelga madrileña. Tras las detenciones de la Complutense, convocó junto a la Organización Estudiantil Socialista una concentración de apoyo a los detenidos.
Abrir brecha, Estudiantes en Movimiento (EeM) y las Asambleas Autónomas de Facultades y Bloques Anticapitalistas completan la radiografía de los movimientos juveniles movilizados.
La Coordinadora Juvenil Socialista, CJS, y la Organización Estudiantil Socialista (OES) son otros dos nombres del entorno de movilización.
La primera participó en la preparación de la huelga educativa y desarrolla actividades más allá de las aulas. Ambas han anunciado conjuntamente comités juveniles para preparar una huelga general contra el rentismo.
Tras los incidentes de Ciudad Universitaria, CJS y OES reclamaron la retirada de los cargos contra los detenidos, mientras la OES se sumó con el Frente de Estudiantes a la convocatoria de una concentración de apoyo.
La revolución, presente
Entre las voces recogidas el miércoles aparece asimismo la Organización Internacional Comunista. Uno de sus integrantes, identificado como Danielle por elDiario.es, situó el problema de la educación en el capitalismo y defendió "organizarse para llevar a cabo la revolución".
No se plantea únicamente conseguir una partida presupuestaria mayor o modificar las condiciones de trabajo del profesorado, sino utilizar la movilización para impulsar un cambio de sistema.
La huelga laboral del profesorado no la convocan estas organizaciones juveniles. El comité está integrado por CCOO, UGT, CGT, CNT, STEM y Solidaridad Obrera, con el impulso de plataformas educativas. Los grupos estudiantiles aportan sus propias convocatorias, formas de organización y discursos.
Hasta hubo espacio para stands de venta de productos variopintos con fondos destinados a "un ateneo republicano".
Dentro de una misma huelga convocada, conviven diferentes proyectos y sensibilidades: el reclamo de mejoras educativas, confrontar con el gobierno regional o derribar al capitalismo. Todo en un mismo tiempo y espacio, bajo el aparente paraguas común de la educación.
